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Un 'tuit' para cambiar el mundo

J. M. M.

Quizás toda esta delirante historia se podría resumir en un simple frase: Álex de la Iglesia es de Bilbao. Aun así, si el cineasta vasco hubiera sabido la que se iba a liar, probablemente nunca habría abierto esa dichosa cuenta de twitter y en estos momentos seguiría buscando localizaciones para su próxima película, La chispa de la vida, y preparando su discurso para la gala de los Goya.

De la Iglesia abrió su twitter y oyó el bramido del mundo en forma de 4.000 mensajes que, suponemos, le llamaban de todo por su apoyo a la ley Sinde. Entre el ruido de la masa, siempre confuso, estableció un diálogo con un puñado de conocidos personajes de la red que le resultaron sensatos, aunque decían cosas totalmente contrarias a las que él pensaba.

El director decidió escuchar y escuchar. Las cosas fueron tan bien que en un momento determinado imaginó un acuerdo entre todas las partes, en pocos días, limpio, sin sangre. Un abogado de Logroño le puso un papel en la mano y juntos soñaron que esa veintena de folios podían cambiar el mundo. Y se lo creyeron. Y fracasaron. Ayer, De la Iglesia anunciaba su dimisión, pero las reuniones con los tuiteros continuarán. Cuidado, porque se han hecho amigos.