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Žižek clama por una nueva izquierda para que no haya más Berlusconis

El filósofo esloveno censura la perversión de las ideas por parte del capitalismo en el Festival de las Letras de Bilbao

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Llegó este jueves a Bilbao como un torbellino, con un discurso alejado de las interpretaciones oficiales de lo que es el mundo en este siglo XXI, y, lo que es más relevante, con una alternativa en estado puro sobre hacia dónde se puede dirigir la humanidad. Sin ambages, el filósofo y venerado pensador Slavoj Žižek (Liubliana, 1949) reivindicó la necesidad del nacimiento ya de "una nueva izquierda". ¿Por qué? "Porque si no, el futuro que nos espera es Berlusconi, es decir, líderes que, aunque se pongan en ridículo, ejercen el poder de forma autoritaria".

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Slavoj Žižek hizo esta reflexión a su paso por el Festival Internacional de las Letras de Bilbao Gutun Zuria, que se celebra en la Alhóndiga hasta este domingo. Fiel a su estilo y a su pensamiento, su intervención fue algo así como una eclosión de ideas a borbotones sobre la oportunidad de crecer de lenguas minoritarias como el euskara, el catalán o el gallego, la globalización, el capitalismo como fuente del fundamentalismo islámico, los nuevos tipos de censura, el Proceso Bolonia en las universidades europeas

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"El gran capital usa el lenguaje de la izquierda de hace 30 o 40 años"

El brillante pensador saltó de un tema a otro con una elocuencia y velocidad desbordantes, pero siempre siguiendo un hilo argumental que conducía en el fondo a una gran denuncia: la perversión de las ideas. "Vamos a tener que inventar una nueva cultura", llegó a decir en un momento del acto, antes de lanzar una pregunta a la prensa: "¿Se han dado cuenta de que el gran capital usa el lenguaje de la izquierda de hace 30 o 40 años, cuando habla de salvar a los desfavorecidos?".

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Žižek expuso como un caso paradigmático de tal mezcolanza el discurso efectista de Bill Gates. "Cuando lo lees un poco más, viene a decir: Vamos a olvidar la lucha idiota contra el capitalismo y dediquémonos a paliar el hambre en África". El filósofo cree que tampoco se queda atrás del magnate estadounidense la política de la cadena de cafés Starbucks: "Nuestro café es el más caro", dicen. "Pero un céntimo va para los niños de Nicaragua. Hablan de una filosofía preciosa, pero dentro del capitalismo. El mensaje es que olvidemos la lucha idiota contra el capitalismo y, encima, nos cobran más por lo que consumimos con el argumento de que es para ayudar al Tercer Mundo".

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Según Žižek, otro asunto que debe hacer pensar a la sociedad sobre qué tipo de mundo desea es el Proceso Bolonia en las universidades europeas. Porque, a su juicio, es un "claro ataque a los centros de pensamiento independientes" para convertir las universidades en fábricas de "expertos": "Ante casos como las revueltas de París de 2006 y 2007, llamarán para su solución a expertos, como psicólogos, pero el pensamiento no es eso".

Sobre esta base del pensamiento advirtió, por ejemplo, que las políticas actuales contra el racismo o el sexismo están convirtiendo ambas tendencias en un "problema de tolerancia": "Si ustedes cogen el discurso de Martin Luther King, no cita ni una vez la tolerancia. No se trata de que nos toleremos, sino de justicia".

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Žižek también ofreció otro punto de vista sobre el mensaje extendido la última década acerca de la lucha entre Occidente y el fundamentalismo musulmán: "Lo que aquí hace falta es la izquierda. El capitalismo global es lo que genera el fundamentalismo". Recordó como ejemplo lo ocurrido en el Afganistán "prooccidental y prodemocrático" de hace 40 años y en Kansas. "Históricamente, este ha sido el estado de EEUU más progresista, pero algo se rompió hace 30 años y ahora se concentra allí la extrema derecha", dijo, a la vez que aconsejaba para comprender esa metamorfosis el libro What's the Matter with Kansas?, de Thomas Frank.

Finalmente, Žižek llegó a la conclusión de que es necesario crear "una nueva izquierda" en el mundo, dado que se han invertido los papeles y, al contrario que en el siglo XX, "la derecha radical es la que cuestiona el orden establecido". Pero él tampoco dio recetas.

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Žižek sólo dudó al ser preguntado por Salman Rushdie, que también participa en el Festival. Su intención era preguntarle si aún era de la "izquierda radical". Por la tarde, Rushdie contestó que él defiende lo mismo que hace 20 años y que hay que ser "optimista" ante los cambios que están por llegar en el mundo.

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