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Alternativas de éxito

Luis tiene en la recámara la pegada de Xabi Alonso, al Cesc del Arsenal y el olfato de Güiza

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La España del sabio de Hortaleza se maneja entre el 1-4-4-2 y el 1-4-3-3 en lo ofensivo, con un repliegue 1-4-4-1-1 en lo defensivo. Con un punta, España mostró ante Grecia que es menos incisiva, no genera superioridad con facilidad y, además, los movimientos de Güiza no son aprovechados por la segunda línea. El último partido de la primera fase sirvió también como nueva prueba de que la gran virtud de España es un 9, acompañado de un segundo delantero por detrás que aproveche los espacios libres. A estas alturas de la película, España empieza a jugar de memoria.

Llegan los italianos. Poderío a balón parado contra la debilidad hispana en el juego aéreo. Los griegos, como dijimos en la previa, no tienen fútbol de ataque. Como estaba previsto, amontonaron jugadores por detrás de la línea del balón, dejaron un oasis arriba - Charisteas –y lo basaron todo en la estrategia–. Cada vez que había un balón parado, llegaba la invasión griega al área de la portería que defendía Reina. No hace falta extenderse. No podemos tener éxito en esta Eurocopa si al rival le sirve con colgar un balón para generar una ocasión de peligro. Vienen los italianos, y están Panucci y Luca Toni, que son desequilibrantes en esa faceta. Hemos sido los mejores en nuestro grupo, pero los peores con diferencia en el juego aéreo, algo que define un partido a estas alturas de torneo. 

 

Vivimos de marcar nuestro ritmo. Sólo debemos cederlo a los rivales si tenemos muy claro que para ellos tener el balón les supone un problema. Los griegos no supieron manejar la pelota, pero se dedicaron a jugarnos directo como nos hicieron los suecos. Ahí es cuando España sufre. Nuestro mediocampo no recupera con fluidez y no dominamos la segunda jugada ni los rechaces. Por el contrario, hemos sido superiores en lo físico a Grecia y Suecia con claridad, lo que delata que nuestro fútbol debe ser el de los primeros y últimos veinte minutos contra los griegos. 

 

El fútbol de España debe ser triangulación. Primer toque acompañado de movimientos que generen espacios y provoquen desajustes en el equipo rival. Contra los griegos, la movilidad duró menos de lo que canta un gallo pero, al igual que en el amistoso contra Perú, nos ilusionamos con un juego eléctrico en el arranque se fue difuminando como si fuera un espejismo. En el principio, comenzamos con Xabi Alonso y Cesc Fàbregas de doble pivote en fase ofensiva, junto a De la Red por delante. Después, el partido se fue por unos derroteros en los que Fàbregas se tiró de cara a la portería contraria y llegó al espacio ofensivo siendo él. De esta manera, fue Cesc, y no otro, el que llevaba la manija del partido.

 

Muchos desmarques de lujo para pasar desapercibido. A Güiza le falta encontrar el tempo con sus compañeros. Tira el desmarque, pero no le miran; le meten el balón, pero no completa el desmarque. Lógico y normal. Un 9 vive del gol y no hay nada mejor que una asistencia y un gol para culminar la remontada, lo que son grandes noticias para España. Tener un 9 en el banquillo con sensibilidad hacia el gol puede ser un excelente plan B, que no tiene Italia, sin ir más lejos.

Otro que se suma al carro es Xabi Alonso, excelente en el cambio de orientación e intimidando desde fuera del área. Nunca podrá llegar a tener el nivel que muestra Senna tapando agujeros y deficiencias, pero Xabi demostró que puede ser válido para salir y acosar al rival moviendo el balón en largo y aprovechando todo el ancho del terreno de juego. Los tres cambios presentados ante Grecia han hecho ganar recursos al equipo. Xabi Alonso ha sumado amplitud y pegada desde fuera del área; Cesc debe jugar por dentro aprovechando los espacios generados por la amplitud Xabi y Güiza sabe marcar diferencias en el mano a mano.

 

Marcamos al hombre con dos jugadores zonales. No funciona. Los despistes son una constante. Urge un cambio de planteamiento. Con la marca al hombre, dejamos la posibilidad de que un bloqueo permita a un jugador rematar sin oposición o que un jugador pueda hacer gol, después de ganar una batalla individual. Mejor una defensa común en zona y dos hombres marcando al hombre a los rematadores históricos del rival (Toni y Panucci).

Un espejo en el que mirarse es el Tottenham de Juande. Antes de su llegada, era un coladero. En sus primeras dos sesiones, cambió de hombre a zona y el Tottenham se convirtió en un equipo inexpugnable a balón parado.