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El cansancio como factor de desequilibrio

Los dos días menos de descanso frente a Portugal pueden ser determinantes teniendo en cuenta la larguísima temporada, los minutos disputados en la Eurocopa y los viajes

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48 horas. Esa es la diferencia de descanso y preparación con la que han contado las selecciones de España y Portugal para el partido de esta noche en Donetsk. A priori, y teniendo en cuenta lo que suponen en el global de una larga temporada, no deberían suponer un desequilibrio fundamental que pudiera cambiar el devenir del partido.

Sin embargo, precisamente en el último o penúltimo partido de una campaña en la que algunos jugadores acumulan casi 60 partidos en sus piernas dos días más o menos de descanso pueden resultar cruciales. En una semifinal de tanta tensión pueden decantar una carrera, un regate, una lesión o, si hiciera falta, una prórroga. El calendario impuesto por la UEFA propició que Portugal, que jugó el pasado jueves, disfrute de seis días de preparación mientras que los españoles han tenido cuatro.

Del Bosque ya se quejó en la rueda de prensa posterior al partido contra Francia y un día después también reconoció la influencia de la fatiga el preparador físico de la selección, Javier Miñano, que aseguró que 'es indudable que dos días más de descanso influyen. Es cierta ventaja'.

Obviamente, el rival no opina lo mismo. Cristiano cree que 'tres días de descanso es más que suficiente. Los españoles han comentado que tener dos días menos de descanso es una desventaja, pero como profesional creo que no es un dato importante'.  Y de la misma opinión es el selección alemán, Joaquim Löw, que parte con la misma ventaja en su semifinal ante Italia.

Pero es que esas 48 horas de desventaja, se unen en la selección española a otros condicionantes que hacen de la fatiga una preocupación a la hora de afrontar el encuentro de esta noche. Para empezar, España es la selección que más cansada ha llegado a esta Eurocopa, ya que en total sus jugadores han acumulado casi 90.000 minutos durante la temporada. En total, hasta 13 españoles superan los 4.000 minutos de juego, lo que equivale a 44 partidos enteros. Pero algunos llegan a superar los 5.000 minutos. En Portugal, jugadores como Cristiano Ronaldo, Pepe y Meireles son los que más encuentros han disputado.

Esa carga brutal de juego era impensable hace unos años y pone a prueba el límite de los jugadores. Javier Miñano, por eso, reconce que 'el límite físico no lo conocemos. Es verdad que hace cinco años hablar de que un jugador podía disputar y competir unos 72 partidos era impensable. Tampoco que podían tener más de 5.000 minutos, como alguno lleva en este momento. Es indudable que supone algún esfuerzo para ellos, pero su respuesta está siendo buena y atendiendo a esa respuesta el seleccionador elige el equipo'.

Pero en esta Eurocopa las decisiones de Del Bosque, que está contando con un bloque muy definido de 12 jugadores, están elevando la fatiga de estos. Casos como los de David Silva y Andrés Iniesta son los más visibles. El jugador del Manchester City perdió su chispa en el duelo ante Francia, no desbordó y cuando generó peligro fue gracias a su calidad técnica. El del Barcelona dejó una de las imágenes del partido cuando se echó agua fría en los cuádriceps, cargados de tanto esfuerzo. Del Bosque sustituyó a los dos.

Hay seis futbolistas españoles que lo han jugado todo en esta Eurocopa, prácticamente siete, porque a Iker Casillas, Álvaro Arbeloa, Gerard Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba y Sergio Busquets, que han disputado los 360 minutos de los cuatro partidos jugados por la Roja, se les puede sumar Xavi Hernández con 359. La única rotación de Del Bosque ha llegado en punta. Dos partidos de titular para Cesc Fábregas (Italia y Francia) y dos para Fernando Torres (Irlanda y Croacia).  Jesús Navas, Pedro Rodríguez, Javi Martínez, Santi Cazorla y Álvaro Negredo suman tan solo 122 minutos en cuatro encuentros. Mientras que Juan Mata, Fernando Llorente, Raúl Albiol o Juanfran Torres siguen esperando su oportunidad.

Y por último, también influye la planificación. Y es que tras el encuentro contra Francia disputado en Donetsk (Ucrania), la selección decidió volver a su lugar de concentración hasta el momento, en la localidad polaca de Gniewino. Un vuelo nocturno de 2.000 kilómetros. Y tres días después, lo mismo pero a la inversa. Un viaje de ida y vuelta que se podía haber ahorrado si hubiera aprovechado el ofrecimiento del Shaktar para instalarse en su ciudad deportiva. Hoy ya no se cometerá ese error. O bien se regresará a España si se pierde o la selección se quedará en Donetsk a la espera de viajar a Kiev para disputar la final del domingo.

Nadie en el conjunto del combinado quiere poner como excusa ni el cansancio, ni los viajes, porque España cuenta con la ilusión de disputar otra vez una final de Eurocopa. Tiene ante sí el reto de formar parte de la historia por la puerta grande. Los jugadores sienten en la lejanía el empuje que se les ofrece desde las ciudades y pueblos españoles. Pero es cierto que el físico muchas veces no entiende de pasiones ni sentimientos. Y los minutos en las piernas pueden terminar siendo determinantes. En el campo se verá.