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El destino no tiene cura para Serrano

El jugador del Racing vuelve a romperse la rodilla izquierda

ALFREDO VARONA

"El lunes apareció con la rodilla izquierda hinchada y sospeché", explica Javier Ceballos, jefe del servicio médico del Racing. "Por eso, a las diez de la mañana, ya estaba haciéndose una resonancia magnética". En principio, no había mayor motivo. El domingo, a falta de diez minutos frente al Sporting, Óscar Serrano sintió un giro extraño en la rodilla que se rompió hace nueve meses. Pero ni siquiera pidió el cambio y salió caminando del césped. El problema empezó por la noche, en frío, cuando apareció el dolor, cuando regresó la pesadilla sin su consentimiento. La resonancia justificaba ese dolor: el implante del ligamento cruzado parecía que se había roto.

Serrano era otro hombre desde el 12 de diciembre cuando salió tres minutos en Son Moix y sus compañeros le mantearon en el vestuario. Acababa de marcar el gol del triunfo y lloraba, como si acabase de nacer. Atrás quedaban ocho meses de cojera, "en los que peleó mañana, tarde y noche", según el doctor Ceballos, que le vio "sufrir como un perro". Pero volvió a celebrar las Navidades de futbolista y cada semana hacía una cosa más en el césped, aunque el doctor Ceballos le advertía: "En medicina siempre se dice que un cruzado roto tarda un año en volver a ser el que era hasta recuperar la mecánica a la que estaba acostumbrado".

Sufre la misma lesión que le tuvo hasta diciembre nueve meses sin jugar

Así que Serrano reclamaba que "cada minuto que jugaba le faltaba uno menos para estar al cien por cien". Por eso aparecía tarde en los partidos y, en ese pase de Munitis ante el Sporting, no había motivo para desafiar a la medicina. Su rodilla sufrió en silencio hasta el lunes cuando el futbolista lloraba en las oficinas del club delante de todos los empleados. Esta vez lo hacía de rabia y volvía a cojear. Pero todavía había lugar para la esperanza, porque debía verle en Barcelona el doctor Cugat, el cirujano que le operó. Serrano se negó a esperar el primer vuelo y salió en coche con su novia. La esperanza, sin embargo, no le hizo caso. "El ligamento cruzado ha vuelto a romperse", le confirmaba Cugat a Ceballos, lo que significaba el regreso al infierno para el futbolista, a esa soledad que no tiene cura.

Con esa pinta de gladiador, Serrano, de 29 años, tenía una biografía especial. Hasta el año pasado, jamás se había lesionado y, sin embargo, ahora siente que esta profesión le ha enviado un jaque mate. "Yo creo que lo lógico es que pase otro año más y vuelva, y él volverá. Hay gente a la que le han retirado problemas de rodilla, pero creo conocerle y no será su caso. Hemos pasado mucho tiempo juntos". El problema era ayer cuando el doctor Ceballos casi no sabía lo que decir "Óscar está llorando, vale, bien, son maneras de hacer frente a la desesperación, y mira que a un tipo como él cuesta imaginarlo en ese estado. Pero es que, si lo ves fríamente, ¿qué le vas a decir a un muchacho que va a perder dos años de su vida profesional?", se preguntaba. "Es un tiempo que no volverá nunca y él lo sabe".