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El Espanyol se aferra al cuarto puesto

La victoria perica en el Calderón deja en evidencia al Atlético

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El Espanyol llegó al Calderón encaramado a la cuarta posición, precisamente el puesto por el que suspiraba el Atlético, y ahí siguen los pericos, en zona Champions al margen de lo que haga hoy el Valencia. La victoria perica tiene doble mérito. Primero, porque el joven equipo de Pochettino fue mejor con y sin balón. Y, segundo, porque el partido acabó siendo un intercambio de golpes en el que el Atlético tenía todas las de ganar.

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Las prestaciones del Espanyol bajan considerablemente fuera de Cornellà, con tan sólo 4 de los 22 puntos sumados hasta ayer, pero su fútbol fue mejor que el del Atlético y sus tres goles de anoche triplican los que llevaba. Lo peor, fue la pérdida de papeles de Quique, que acabó expulsado y una vez que el partido había terminado intentó agredir a Luis García.

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Si algo necesita el Atlético es regularidad en su juego y, por extensión, en sus resultados. Intrépido con la pelota y descarado a la hora de cruzar el círculo central, el joven Espanyol de Pochettino le planteó el partido que más le gusta al Atlético, con continuas idas y venidas. Masticando la jugada y evitando que se le atragantaran las contras rojiblancas. A la primera concesión, Forlán probó a Kameni y Osvaldo hizo lo propio con De Gea.

Unas manos de Reyes en la barrera al saque de una falta de Callejón permitieron a Luis García adelantar al Atlético de penalti. No tener noticias de Tiago es, valga la redundancia, la peor noticia para el Atlético, que necesita al portugués como hilo conductor de su escaso fútbol de combinación. El Espanyol, por contra, tiene en Javi Márquez y Verdú a dos futbolistas capaces de administrar la posesión con criterio. El primero, con movimientos y gestos que recuerdan a Xabi Alonso en versión zurda, sacaba el balón con destreza.

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Simao tuvo el empate en un balón que Kameni no pudo atajar y quedó muerto en el área pequeña. Sin orden ni concierto, de manera espasmódica, con imprecisiones fruto de las prisas y los desajustes tácticos, jugando cada pelota como si fuera la última. El Atlético vive del error ajeno. De aprovechar la mínima imprecisión del rival, escenario donde dos depredadores como Agüero o Forlán son especialistas en marcar sin necesidad de muchas filigranas.

El equipo revelación estaba a punto de irse al descanso por delante en el marcador, aunque un córner con el tiempo cumplido permitió a Tiago enmendar su nula participación en el juego con un inesperado protagonismo goleador. Como era de esperar, pues tampoco se le conoce otro guión, el Atlético salió dispuesto a intimidar al Espanyol desde el inicio de la segunda parte. Así, en una avalancha, Reyes habilitó a Simao, que volvió a fallar ante Kameni. Con el Atlético, Osvaldo se fue de Perea en posible falta y su tiro, aparentemente fácil para De Gea no sólo no lo atajó el portero, sino que se lo dejó muerto a Verdú para que marcara.

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Agüero, a pase de Forlán, empató y logró su octavo gol en siete partidos, pero aún quedaba el golazo de Osvaldo, decisivo en la merecida victoria perica ante un Atlético que, como Quique, acabó desquiciado y sin argumentos para ser cuarto.

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