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El eterno campeón

Nadal encadena su séptimo título consecutivo en el principado

GONZALO CABEZA

Nadal siempre vuelve al lugar del crimen. No se cansa de dominar en los feudos que le son más propicios. Y Montecarlo lo es. La recoleta pista central del principado hace tiempo que es territorio del balear. Ahí vive a gusto, sin problemas. Ayer venció por séptima vez consecutiva el trofeo monegasco. En la era Open, desde 1968, ningún jugador había ganado un torneo siete veces consecutivas.

Su rival, Ferrer, intentó jugarle al revés, un golpe que se intuye peor que los demás. Tampoco así valió de mucho. Nadal, con más paciencia que acierto, fue esperando a que su rival se deslavazara poco a poco. Y lo consiguió, porque sus piernas no sólo son las más rápidas, también aguantan mejor que ningunas otras del circuito las batallas más largas. Ferrer está construido con las mismas premisas, jugador de tierra, incansable, de puntos trabajados. No le importa que la cosa se alargue y, lógicamente, eso es lo que pasó. Los juegos eran eternos porque los puntos que disputaban también lo eran. Y en eso el balear siempre sobrevive, ayer con un 6-4 y 7-5.

El balear venció a Ferrer en un partido agotador, de puntos interminables

Nadal salió de la pista absolutamente feliz. "Ganar aquí por séptima vez es mucho más que un sueño, jamás lo pude imagina", comentó el jugador balear. Fue, además, su trigésimo título sobre la tierra batida, una cifra que suena a otra época en la que los jugadores disputaban más torneos sobre la superficie lenta. 30 tienen también otros dos genios sobre la arcilla, Orantes y Borg. El próximo objetivo son los 40 del austriaco Muster y, ya más lejos, los 45 que consiguió Vilas. Djokovic no estaba en este envite, pero es de esperar que en los próximos torneos se convierta en el más fiero rival.

El siguiente paso en la gira de primavera es volver a casa. Nadal jugará el miércoles en un Godó que no contará con Robredo, que se ha caído por una lesión.

España se impuso a Francia y volverá la próxima temporada al grupo mundial de la Copa Federación. Las victorias de Lourdes Domínguez (6-4 y 6-4 a Parmentier) y de María José Martínez (6-2 y 6-4 a Rezai devuelven a España al cielo del tenis femenino por países.