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Europa le debía una

El Villarreal golea al Twente y sella el pase a semifinales cinco años después de la eliminación contra el Arsenal en Champions

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¿Dónde vas, triste de ti? El Twente, líder de la Liga holandesa, pasó sin pena ni gloria por El Madrigal, aguantando 20 minutos para sepultar antes del descanso todas sus opciones. El Villarreal, como quien espera pasar el cadáver delante de casa, se limitó a ir poniendo un clavo tras otro al ataúd holandés. Primero Marchena, que además de candado tiene llaves, y luego Valero, Nilmar, por dos veces, y, cómo no, Rossi, se encargaron de poner la esquela. El Villarreal, salvo error u omisión, se plantará de nuevo en unas semifinales europeas cinco años después de caer ante el Arsenal.

Y el caso es que tardó en meterse en el partido el Villarreal. Pero bastó un saque de esquina de Valero, que Catalá peinara hacia atrás y Marchena remachara para que sonara el toque de corneta. Abiertos los pétalos del tulipán rojo, el Twente languideció. A partir de ahí, el Villarreal fue buscándole las cosquillas como suele para abrir un hueco mayor antes del descanso. Valero, omnipresente y escalando cotas cada vez más altas, marcó el segundo y Nilmar el tercero. No tuvo que desplegar un juego primoroso. Tan sólo hilar fino ante un conjunto holandés muy blandito en defensa. Ser líder de la Liga holandesa no sirve como tarjeta de visita.

Sacó pecho de entrada, maniatando a los atacantes amarillos a base de tirarse hacia adelante. Pero el dominio fue totalmente incoloro, a pesar del rojo intenso de sus camisetas, inodoro e insípido. Cuando Borja Valero sacó el corner, que Marchena aprovechó para marcar, ya se adivinó el vuelo que tomaría el partido. Poco a poco fueron entrando en juego Cazorla y el propio Valero, fabricando entre ambos el gol que abría mayores distancias. No dio señales de vida el Twente una vez consumada la ventaja. El Villarreal, simplemente con apretar el ritmo, dejó sin respiración al rival, que se fue al descanso con necesidad de una transfusión urgente de sangre.

El gol de Nilmar fue elocuente del estado de ánimo holandés. Rossi sacó de banda, Wisgerhof despejó de cabeza hacia atrás y ahí apareció el brasileño, completamente solo, para marcar de cabeza. Fue la puntilla, un gol que cayó de maduro, y que dejó al Twente con los pies prácticamente colgando del abismo. Nada cambió en la segunda parte, salvo que la grada se animó y aquello ya fue una fiesta. Rossi, que andaba por ahí, sin terminar de aparecer, cogió un balón, se fue y se fue, y como nadie le entraba saltó la zurda para poner el cuarto, ya definitivamente menguante para los holandeses, desaparecidos en combate.

La goleada apenas inmutó el devenir del partido, con el Villarreal marcando en todo momento el ritmo y el Twente bailando al son que marcaron Bruno, Cazorla y Borja Valero. Los holandeses, visto el chaparrón de goles, se contentaron con no recibir más: apretaron filas, cerraron espacios y gol de Nilmar, para mayor sonrojo de los tulipanes, completamente deshojados y hasta la vista. El Villarreal, siguiendo la estela de Barça y Madrid, quiso entrar en semifinales por la puerta grande. Pese al gol postrero de Janko, le queda el trámite de la vuelta.