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"El éxito no nos hace peores personas"

Carlos Sastre, ganador del Tour de Francia 2008

ALFREDO VARONA

Ahora, Carlos Sastre (Leganes, 1975) sigue el Tour desde casa, y parece encantado. Ha engordado diez kilos y su fotografía ya no se parece tanto a la de aquel hombre escuálido del pasado. Su biografía alcanzó lo máximo en 2008 cuando ganó el Tour de Francia. "Yo no elegí ser ciclista. Nací para ser ciclista", matiza Sastre cinco años después de aquel maravilloso triunfo que simboliza el cambio de poderes. Entonces Froome, el hombre que ahora gobierna el Tour, fue el 84º de la general.  Pero ahora la comparación ya no tiene motivo. Al menos, en la jerarquía de Sastre. Un hombre que supo llegar sin prisas. De ahí que su declaración tenga ese valor. "No todo el mundo vale para cargos de responsabilidad", dice.

Usted ha ganado un Tour de Francia. ¿Acaso no es un milagro ser el mejor?

El milagro hubiese sido si lo hubiese ganado el primer año, pero en mi caso no fue así. Lo conseguí después de ocho veces. No fue, por lo tanto, una estrella tan fugaz. Llegó después de luchar mucho, de sacrificarme demasiado, de vivir por y para eso. No me convencí de ningún milagro, sino de lo que era posible. Y lo demostré. Tuve esa oportunidad. Supe esperarla.

¿Hubiese ganado ahora a Froome?

Son épocas distintas. Yo gané a Cadel Evans que ahí sigue. Gané a Andy Schleck, al mismo Alejandro Valverde... Sí es cierto que ese año no corrió Contador. Pero si hablamos de nombres vemos que en estos cinco años el ciclismo no ha cambiado tanto. Ha habido una nueva generación en la que se ha disfrazado a mucho marinero de capitán, que hasta ahora no ha dado la talla, y quizá por eso siguen los que estaban antes. Yo creo que podría seguir ahí, pero ya no quería más, no necesitaba más. Si de algo me convenció el ciclismo es de que en la vida todo tiene su momento. No puedes ser ajeno a eso, no debes serlo.

¿A los 38 años se vería incapaz? Hay ciclistas con 41 en este Tour.

No se trata de que yo me vea incapaz, sino de elegir lo que quieres hacer y yo elegí dejarlo. ¿Que hay gente con 41 años en el Tour? Pero es que eso depende de la forma de ser de cada corredor, de la responsabilidad a la que se someta: no se puede generalizar. No es lo mismo luchar por ganar una etapa que estar siempre entre los mejores, esa responsabilidad machaca muchísimo y, en general, no es fácil convivir con ella.

¿Entonces entiende que Contador parezca ya gastado? Ha vivido años duros

No, usted me ha preguntado por mi caso, me ha puesto el ejemplo de ciclistas que han llegado a los 42 años en el Tour... Yo le he respondido con mi caso. He corrido 10 Tours y en seis he estado entre los diez primeros. Y eso, por encima de una responsabilidad física, es una responsabilidad mental. Tienes que convencerte de que puedes estar a ese nivel, de que la clave está en la cabeza y de que tú tienes que estar donde quieres estar.

La motivación hace mucho.

Yo hablaría de la cabeza. Porque es la cabeza, sobre todo. Es la que te dice donde quieres estar en el ciclismo o en su misma profesión, el periodismo. Hay periodistas que optan por su propia tranquilidad y se conforman con escribir un artículo y otros que necesitan llegar a ser directores de periódico, de una emisora de radio o de un canal de televisión. Creo que es porque eso está en cada uno, pero también diría que no todo el mundo está hecho para asumir cargos de responsabilidad. Al menos, es la experiencia que me dejó el ciclismo.

Usted tardó mucho en ser jefe de filas.

Yo fui jefe de filas toda mi vida. Otra cosa es que al principio lo demostrase. Pero es que mi formación siempre empezó por ayudar a los demás. Así aprendí lo que podía sacar o no de mis compañeros. Siendo gregario, tomé decisiones importantes. Es más, hacía y deshacía dentro del equipo. Y cuando me di cuenta de que había llegado el momento en el que a partir del cual todo lo que iba a hacer iba a ser por mí decidí que debía ser jefe de filas a tiempo completo., Fue a partir del segundo puesto en la Vuelta a España de 2005, no tenía sentido esperar más tiempo.

Ganó el Tour y nada más llegar de París dijo: "ha sido como una estrella fugaz". ¿No hay nostalgia?

No, porque la vida es algo que pasa casi sin darte cuenta. Hace un minuto estás firmando un autógrafo, rodeado de gente, y al siguiente estás tú solo. Todo pasa demasiado deprisa, pero creo que está mejor así. Si todo durase mucho no le daríamos valor.

Valdano dice que "el éxito nos hace peores personas". ¿Usted está de acuerdo?

No, ¿por qué iba a estarlo? Para mí, el éxito fue una experiencia más. Supe disfrutarlo, supe llevarlo, pero no me equivocó. No me creí más que nadie ni más alto ni más bonito.  Pero sí fue importante, porque hubo personas como mis compañeros que se beneficiaron de ello. Para mí, eso tuvo valor.

Jamás se olvidará su ascensión a Ape d'Huez, la que le dio el Tour 2008. ¿Ha vuelto?

El año pasado estuve en el mes de julio con un grupo de ingleses para una causa solidaria. Llegamos hasta la curva 17 en la que está escrito mi nombre y fue muy bonito el hecho de estar con gente que se emocionaba con darme la mano... Al fin y al cabo, ahí estaba mi nombre. Son muy pocos los que hay y el mío es uno de ellos. Tengo que apreciarlo, porque fue como tocar el cielo. Pero tampoco puedo pararme a pensar en los recuerdos del pasado. Es un orgullo que estén ahí, pero he de seguir adelante.

¿Hay algo mejor en la vida de un ciclista que ganar el Tour?

Hay otras cosas muy bonitas en la vida. No se puede simplificar tanto. El hecho de ver a mis hijos, de que me traigan buenas notas, de apreciar su esfuerzo..., eso tampoco tiene precio. Por eso me siento tan a gusto con mi vida actual como cuando fui ciclista. Sé que ya no volveré a ser lo que fui, ¡he ganado diez kilos!, pero ya no importa. Eso ya pasó. Ahora, sé disfrutar de las cosas, de lo que tengo, sé ser feliz.

¿Sigue siendo un fanático del ciclismo?

Me sigo poniendo nervioso frente al televisor, eso no se pierde nunca. Sé lo que se juega uno cuando está ahí. Sé lo que significa subir deprisa, el calor que hace, los cambios de temperatura, toda esa vida y lo efímero que es todo eso. Casi sin querer, me pongo en la piel de los ciclistas, porque, en realidad, sigo siendo uno de ellos, ganen o pierdan.

Entonces sigue siendo un romántico.

No, ¿por qué?

¿Cree en la regeneración total del ciclismo?

¿Cree usted en la regeneración de la sociedad?

No sé, cualquiera sabe.

Yo creo que cada uno tiene que ser como es y no estar pendiente de todo el mundo, es la mejor manera de tirar para adelante.

¿Y ahora? ¿Qué preocupaciones tiene usted?

No, preocupaciones ninguna. En todo caso, tengo otras ocupaciones que me ayudan, igualmente, a disfrutar de la vida: el ciclista ya pasó, pero el hombre sigue...