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El 'hat trick' que sorprendió al reloj

Torres, en 11 minutos, iguala a Salinas

M. A.

En cada gol, el pasado cedió presencia ante el presente. Y nombres como Hierro, Zarra, Míchel o Julio Salinas, que ya no tienen defensa ante el instinto de Torres y Villa, fueron devorados por el cíclico cambio de generaciones en el fútbol. Su tiempo fue otro. Entonces, salvo en el caso de Zarra, los fríos datos siempre intuían gestas que nunca llegaron a completarse. Ahora, sin embargo, el olfato avala éxitos y certifica espectáculo.

Porque Torres y Villa no tienen término medio. Han roto con esa costumbre del delantero clásico que se quedaba a dormitar en el área como único salvoconducto para asegurar el gol. Su generosidad con el esfuerzo del grupo suma kilómetros en sus botas (casi siete, en el caso de Torres; más de ocho, para Villa) sin frustrar esa última zancada a máxima potencia cuando la pelota empieza a oler a gol.

En el hat trick ante Nueva Zelanda, Torres no tuvo que mostrar su carrera explosiva. Su velocidad se concretó en darle rapidez a su secuencia. De hecho, su triplete, en apenas 11 minutos, se convirtió en el hat trick más veloz en la historia de la selección. Su esprint, que superó los 27 km/h, lo reserva para defensas con más enjundia. Simplemente le bastó con dar plasticidad a cada mueca. Con una volea desde fuera del área igualó a Zarra. Se asoció a los 21 goles de Míchel con un elegante toque orientado que ofreció solución de continuidad a un pase milimétrico de Villa.

Su cuenta de resultados se cerró con su gesto más atlético. Un cabezazo que marcó los tiempos perfectos del remate. El final del vuelo del balón significó el empate con Salinas a 22 tantos. "Superar a todas esas leyendas siempre es importante, pero lo importante ha sido el gran debut del equipo", explicaba Torres. Su sonrisa predica lo que es el ambiente del vestuario. Solvencia, alegría, juventud y descaro. "A esta generación le quedan muchos años de éxitos. Este título es el próximo que tenemos por objetivo", prometía el pichichi de la competición.

En lo alto de la estadística, Villa traspasó trastos con Hierro. La fría igualdad estadística resulta favorable para El Guaje con una mera media matemática: idéntica cifra de goles en casi la mitad de encuentros. Una conclusión que se explica en el hábitat donde habitan cada uno de los dos protagonistas. Villa vive en el área. Hierro revoloteaba y se dejaba caer por allí siempre que podía.

El último guiño de Villa ante los All Whites aumentó la sonrisa en el cómputo global de esta generación. Once triunfos consecutivos de la era Del Bosque. La cifra se eleva a 13 si se computan las victorias en las semifinales y final de la Eurocopa heredadas de Luis. El objetivo de los 33 partidos consecutivos sin perder de Brasil se puede consumar ante Suráfrica.