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Holanda, un torbellino

La selección naranja pasó por encima de una Italia sin ninguna opción

ALFREDO VARONA

Holanda liquidó el asunto por la vía rápida. Antes de que Italia llenase el partido de trampas, Holanda ya había escapado. A la media hora, tenía medio partido en la mano. Primero, fue Van Nistelrooy. Después, Sneijder. Ambos decidieron en el área ante la complicidad de Materazzi, que parecía recién levantado de la siesta. Concedió de todo el central italiano, muy lejos de aquel provocador que hace dos veranos sacó de sus casillas a Zidane.

De aquí al final del torneo, cualquiera sabe lo que pasará, porque Italia es muy dada a estas cosas. Pero no hay color. Holanda es una selección académica, recién salida de la universidad. Entre los dos mediocentros, Sneijder y Van der Vaart, existe una complicidad tremenda, parece que llevasen juntos toda la vida. Ante tantísimo argumento, Italia apeló a Gatusso, la mirada del tigre, el carácter encendido y la tiranía de la pasión. Salió en la segunda parte hecho un ciclón, no hay que descartar que se tomase un par de cafés bien cargados en el descanso. Pero eso no produjo nada, tan sólo le aproximó a la expulsión, los árbitros son a veces demasiado buenas personas.

El peligro de Italia llegó con Pirlo en un desplazamiento de balón a la izquierda, donde Zambrotta, con autopase incluido, buscó la escuadra. Después, Donadoni amenazó con medidas más razonables para recortar la distancia: Del Piero y Cassano. Algo que, por otra parte, se ajusta a su categoría como futbolista, la credibilidad con la que este hombre manejaba la pelota. Pero ya era tarde para molestar a Holanda.