Público
Público

'La Ilíada', en 360 minutos

El vicepresidente primero del Gobierno analiza para 'Público' el maratón Madrid-Barça

ALFREDO PÉREZ RUBALCABA*

Hasta en el patio de un colegio, un partido de fútbol es siempre algo más que un partido de fútbol. Lo que convierte a 22 individuos tras una pelota en un deporte fascinante es la incertidumbre, la emoción, lo simbólico; cuestiones que trascienden al puro ejercicio físico. Pero si el encuentro enfrenta a los dos mejores equipos del mundo, que además son rivales históricos; y si, por caprichos del azar, en lugar de los convencionales 90 minutos, el partido dura 360 más las prórrogas, la única palabra que sirve para definirlo es épica.

Dado que de épica se trata, podría decirse que el primer partido fue el planteamiento; la final de Copa y la ida de Champions, el nudo; mientras que el desenlace se produciría en Barcelona el 3 de mayo. El encuentro del sábado nos presentó a los contendientes, y, como exigen las reglas del género, del duelo salieron los dos vivos, y con perfiles lo bastante ambiguos como para que se mantenga la expectación.

El desenlace de la epopeya no ha llegado antes del nudo de la trama

Sé que ha habido madridistas que no entendieron la estrategia de su entrenador en el partido de Liga. Que han invocado la tradición ganadora de este equipo, teóricamente incompatible con tácticas conservadoras. Que consideran un pecado mortal que el Madrid entregara la pelota al rival en el Bernabéu. Yo les entiendo, pero no comparto sus argumentos.

La primera exigencia para que el partido de hoy tuviera interés, y no digamos la eliminatoria de la Champions, era que la evidente superioridad de uno de los contendientes no se impusiera. Y así fue. Gracias a ese planteamiento, la final de la Copa del Rey ofrece un resultado incierto. Es decir, el desenlace de la epopeya no ha llegado antes del nudo de la trama. Y cabe suponer que el partido de hoy será muy diferente al del Bernabéu, porque diferente es el premio que se disputa.

A veces se identifica heroísmo con ímpetu ciego, y se olvida que si Aquiles fue un gran héroe, también lo fue el astuto Ulises. Con la Liga sentenciada, poco sentido tenía inmolarse en el altar de la tradición blanca. Más inteligente, más sensato era mantenerse íntegro ante los combates que realmente importan, especialmente el último: el desenlace. Porque, digámoslo de una vez, para equipos como el Madrid y el Barça la Liga no es sino la condición necesaria, pero no suficiente, para la gran meta, que es la Champions.

Comprendo a quienes no conciben que el Madrid no salga siempre a ganar. Pero en este partido de 360 minutos la victoria llega al final. Defender lo contrario es apuntarse al sentido de la épica de aquel memorable Himno a la derrota, de Les Luthiers: "Ya los fieros enemigos se alejaron,/ no resuena el ruido de sus botas,/ nos pasaron por encima y nos ganaron,/ nos dejaron en derrota./ Perdimos, perdimos, perdimos otra vez.