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El Madrid de Benzema

El francés rubrica el triunfo ante el Mallorca tras otra sesión meláncolica y atascada de los blancos

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ

 

Mirándose más que nunca en el espejo del cuestionado Benzema, un Madrid inconstante y voluble sumó un triunfo tan imprescindible como sufrido. Cuando Cristiano se vuelve humano, el conjunto blanco pasa de poderoso a mundano. Se aturde, suda sangre para imponer su liderazgo y no tiene otro remedio que echarse en brazos del delantero francés. Karim marcó el gol del triunfo y encendió una llama de esperanza en la grada, pero la apagó poco después cuando, con su habitual indolencia, falló una doble y diáfana oportunidad.

Hay equipos, por ejemplo el Barça, que atacan en manada. Se juntan alrededor de la pelota y devoran a los rivales en un ejercicio de fútbol colectivo. Otros, caso del Real Madrid, hilvanan embestidas esporádicas y mortales. Son zarpazos contundentes y fugaces en cuya elaboración resultan imprescindibles espacios amplios, velocidad y precisión. Cuando, como sucedió durante el primer tiempo, el centro del campo es un atasco permanente y los pases todos inconcretos, nada funciona.

La clarividencia de Xabi y Ozil, suplentes, condena a Gago y Kaká

A Mourinho no le dejan ni un resquicio para la bondad. Para oxigenar al equipo, se rindió a las rotaciones de las que tanto había huido, pero el experimento no hizo más que fortalecer su tesis conservadora. Y en el camino atropelló seriamente el prestigio de Kaká y Gago. Y dejó temblando a Granero.

Las tres novedosas apuestas del portugués en la alineación resultaron un fiasco. Ni crearon ni destruyeron. El Mallorca vivió tranquilo durante 45 minutos. Como todos los que se presentan en el Bernabéu, esperaba avalancha y se encontró un balneario. Así que, como si tal cosa, decidió probar suerte y le buscó las cosquillas a la defensa blanca. Nsue estrelló en el poste derecho de Casillas una inmejorable ocasión de gol (m. 13) y Webó merodeó varias veces con peligro por las inmediaciones del área madrileña. La última, apenas unos segundos después de haber regresado del descanso. No la aprovechó y ahí se difuminó la aventura balear.

Porque Mou, para edificar un ápice de fútbol en el páramo madridista, ya había sentenciado a Gago y a Kaká. No tuvo más remedio que fulminar al brasileño y al argentino si bien, en un gesto piadoso, les evitó el sonrojo de ser sustituidos en público, expuestos al juicio de la afición. El técnico luso aprovechó el intermedio para cambiarlos. Apostó sobre seguro y echó mano de Xabi Alonso y Özil.

Sin velocidad, espacios y precisión el fútbol blanco desaparece 

Como en un sortilegio automático, el balón enfrió su relación con los atrevidos mallorquinistas y dibujó un descarado flirteo con el vasco y el alemán. En cinco minutos surgieron rutas claras hacia la meta de Aouate, aparecieron espacios, y el Mallorca, por primera vez, dudó de sus posibilidades.

Alonso y Özil se juntaron para ordenar la casa, Granero respiró aire puro y de un servicio suyo al borde del área nació el gol providencial de Benzema. El tanto tranquilizó al Madrid y asustó momentáneamente a los de Laudrup. El miedo duró poco. El efecto Alonso-Özil se fue diluyendo, Cristiano cabeceó al larguero y en el último suspiro Casillas sacó un pie salvador para detener bajo palos un disparo a bocajarro de Webó. Iturralde pitó el final y el melancólico Madrid de Benzemá cerró el telón.

R. Madrid: Casillas; Arbeloa, Ramos, Carvalho, Marcelo; Gago (Xabi Alonso, m. 46), Granero (Lass, m. 64); Di Maria, Kaka (Özil, m. 46), Cristiano; y Benzema.

Mallorca: Aouate; Ratinho, Nunes, Ramis, Kevin; Joao Víctor, Tejera; Nsue, Castro, Pereira; y Webó.

Gol: 1-0. M. 61. Benzema recibe en la frontal del área, sortea a Ramis y bate por bajo con la zurda.

Árbitro: Iturralde. Amarilla a Ramos, Nsue, Tejera, Ramis, Nunes y Lass.

S. Bernabéu: 75.000 espectadores.