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No ganamos, sacamos de quicio

Ante rivales crecidos, la selección muestra lo mejor de sí misma

ALFREDO VARONA

La casualidad, si existe, nunca dura cuatro años. La casualidad no es que Pirlo agache la cabeza y se dé cuenta de que no se puede ganar a toda costa y de que hay equipos que juegan como te gustaría jugar a ti. La casualidad no es que Bonucci o Barzagli, los centrales de la Juventuis, parezcan dos pitufos. La casualidad tampoco es que los partidos casi nunca salgan como se imaginan.

Venía Italia de derrotar a Alemania con un sentimiento aristocrático. Prandelli era el entrenador de la Eurocopa y en España no parecía un delantero tan letal como Balotelli. Siendo un discurso relativamente oportunista, tenía su lógica, máxime porque España sufrió lo infinito ante Portugal. Ganó a duras penas y el mundo dudaba de su gobierno y hasta de los mejores días del tikitaka.

La realidad es que no ha sido la primera vez que ha pasado en estos últimos cuatro años; de ahí que la casualidad no pueda durar tanto. España no era la gran favorita en la Eurocopa 2008 en semifinales ante Rusia. Venía de cargarse a Italia por penaltis y se enfrentaba a un equipo espléndido, liderado por Arshavin, Zhirkov o Pavlyuchenko, que representaba el fútbol total. Acababa de limpiar del torneo a Holanda, en una noche de categoría.

Tenía un entrenador Guus Hiddink con instinto de triunfador. Pero ante la selección no pasó nada de eso. Bajo la lluvia de Viena, la diferencia fue tremenda (3-0). Los tres goles llegaron en la segunda parte. Y fue el primer gran golpe internacional de la España de Luis, la que maduró y se mostró invulnerable, la que luego derrotó a Alemania, provocó un cambio generacional y eliminó a gente como Mertesacker, Metzelder, Ballack...

Low se hizo este trabajo en Alemania, que llegó en el punto óptimo a las semifinales del Mundial de Sudáfrica. Otra vez frente a nuestra selección con una diferencia importante. Mientras España acababa de cargarse con agobio a Paraguay, Alemania pasó por encima de Argentina (4-0) en un día en el que Müller, Ozil, Schweisteiger e, incluso, Khedira gobernaron el planeta.

Y, por supuesto, Alemania, como Italia anoche, parecía tener suficientes argumentos para derrotar a España. Pero en el césped la diferencia fue más amplia que en el marcador (1-0). Así que todo es que el rival venga crecido para que España no sólo le gane, sino que también le saque de quicio.