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Los otros estadios de la Eurocopa

Aficionados de todas las nacionalidades exhiben sus banderas en el camping de la ‘Fan Village’ entre fútbol y juergas

LADISLAO JAVIER MOÑINO

Venimos desde Canadá para seguir a Alemania”. Una pareja acaba de montar su tienda de campaña. Será su hotel particular antes de partir desde Ginebra hacia Klagenfurt para ver el debut de la selección de Löw.

“Los hoteles eran muy caros y venimos para todo el mes”, dice ella, que ha sido arrastrada por la pasión futbolera de su compañero. No importan la lluvia, las estrecheces o la incomodidad de pasar la probable resaca compartiendo la hierba con insectos y mosquitos. Todo por el fútbol, capaz de suscitar aventuras tan incómodas como pasionales.

Poco a poco, el camping habilitado en la Fan Village de Ginebra se va llenando. La organización eligió el recinto Bout du Monde (Punto del Mundo) para dar cobijo a los más de 2.000 hinchas que han optado por la tienda de campaña como alojamiento. Turcos, suizos, alemanes, portugueses, suecos, rumanos... hasta escoceses, cuya selección no pinta nada aquí porque no se clasificó para la Eurocopa.

El camping es una torre de Babel en la que cada inquilino lo primero que hace es mostrar la bandera de su país de procedencia. Allí se junta la Europa de las dos y de las tres velocidades. Los rumanos van en familia, destilando el aire patriarcal de los zíngaros. El cabeza de familia comenta con uno de los empleados de la organización que necesita dos parcelas porque son muchos. No quieren fotos, pero Dan, que parece uno de los hombres de peso del clan, acepta el diálogo con amabilidad. “Hemos venido toda la familia (12 personas) para seguir a nuestra selección, que está en Saint Gallen. Estamos lejos de ellos, pero un hotel para todos es imposible. Iremos a verles entrenarse y al partido contra Italia”, cuenta.

Unos metros más allá de la pareja canadiense, tres hinchas empiezan a calentarse el hígado, pese a que todavía no son las seis de la tarde. Son suizos, pero con raíces italianas, portuguesas y alemanas. “Hemos pedido permiso en el trabajo, aunque a mí casi me cuesta el despido. Menos mal que mi jefe se fue y ha entrado otro al que también le gusta el fútbol. Una persona razonable mi nuevo jefe, sin duda”, dice riéndose Stephan, que espera que “Italia me dé otra alegría como en el Mundial de Alemania”.

“Por nada me perdería la posibilidad de ver a Cristiano Ronaldo en directo. Aquí, en Suiza, es complicado ver fútbol del bueno en vivo”, comenta Joao. Portugal compone la mayor colonia de inmigrantes de Suiza y la suya es una bandera más de las miles que cuelgan de los balcones de Ginebra. Estos tres veinteañeros responden al perfil del futbolero crápula: fútbol y juerga. “Necesito dormir más, la noche fue dura y ésta no es la mejor cama para descansar”, asegura resacoso Luca. Una vomitona a unos pasos de su tienda es la pintura de guerra que confirma su noche etílica.

“Lo mejor hasta ahora han sido los escoceses. Llegaron con una noche de perros, diluviando y con las faldas puestas. Despertaron a todo el camping y hubo quien se puso a beber con ellos”, dice uno de los encargados del recinto, que habla español por haber trabajado durante unos años “en La Mancha, tierra de vino y queso. “Lo más curioso que he visto ha sido a un australiano, que se ha venido desde allí sin tener entradas aseguradas. También se ve mucho ambiente. Si viene al mediodía, el espectáculo es bueno. Se acaban de levantar todos porque llegan al camping a las cinco o a las seis de la mañana”, prosigue el encargado.

Además de tiendas de campaña, la propia Fan Village tiene restaurantes en los que están representadas las cocinas turca, italiana, alemana y fast-food estadounidense. “Hemos preparado todo esto porque esperamos hacer un buen negocio, pero de momento no ha llegado tanta gente como esperábamos. Nuestras esperanzas están puestas en el libro de reservas, que dice que esto se llenará”, reconoce el gerente. Y no le falta razón. Un grupo que iba a actuar en una carpa colindante con los restaurantes ha suspendido el concierto: su único público era una redactora gráfica.

Tampoco sobrepasa la decena de personas en el área en el que se ha instalado una pantalla gigante. En ese sentido, la palma se la lleva la Fan Zone instalada en el centro de Ginebra, en el coqueto barrio de Plainpalais. Allí, más de 70.000 personas vieron ante una pantalla gigante el partido de Suiza contra la República Checa y, luego, un concierto del ex tenista Yannick Noah. Otro estadio de Babel en el que el fútbol vuelve a remezclar idiomas, razas y ganas de juerga.