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Quique, más flores que nunca

Valencia y Atlético abren su duelo europeo en un Mestalla a reventar

SALVA TORRES

Se fue, como quien dice, por aclamación popular: '¡Quique, vete ya!', bramó la grada. Y Quique Sánchez Flores (Madrid, 1965) cogió sus bártulos en el otoño de 2007 y se fue. Arrancaba su tercera temporada en el banquillo de Mestalla y la afición explotó harta del mal juego. Eso sí, el Valencia iba cuarto y tenía al Madrid, líder, a cuatro puntos. No fue suficiente. Las aguas bajaban turbulentas desde que se enfrentó al director deportivo, Amedeo Carboni, destituido de su cargo por el presidente, Juan Soler. Ahora vuelve como técnico del Atlético para sentarse en el banquillo rival. Todavía resuenan sus palabras de despedida: 'Pierdo un cargo, recupero una vida'.

Esa frase la recuerda en su contexto, pero ahora es otro. 'Yo soy muy feliz con mi profesión y por mi vuelta a Valencia', club al que le está 'muy agradecido'. Se le vio comedido, midiendo sus palabras, pero dejando entrever en todo momento lo 'muy especial' que era volver al equipo que entrenó durante casi tres temporadas. No guarda rencor a nadie, ni siquiera a la grada que arrojó su cuerpo a la directiva para que esta lo devorase. 'Mi saldo con la afición siempre será favorable', dijo, recordando que vino con 19 años y la grada siempre le tuvo en gran estima. 'Le debo mucho', agregó.

Como señaló el personaje de una de las películas de Woody Allen: comedia es igual a tragedia más tiempo. Y el tiempo transcurrido desde que Quique dejó el cargo para recuperar su vida ha cumplido su papel cicatrizante. 'Yo trabajé afanosamente aquí y aprendí mucho'. Incluso apuntó que si era 'un poquito mejor', se lo debía también al Valencia.

Apeló a la frase que circula en boca de todos aquellos que regresan al lugar donde vivió un tiempo: 'Tengo sentimientos contradictorios'. Y esas sensaciones que dijo no esconder 'nunca' le llevaron a sembrar de rosas su comparecencia de prensa. Rosas que extendió a los 'buenos jugadores a los que tuve la suerte de dirigir durante mi carrera'. Entre ellos, Villa, al que devolvió sus palabras de agradecimiento: 'Me siento orgulloso de haberlo entrenado', colocándolo en la nómina de futbolistas 'especiales' que ha dirigido. 'El Valencia tiene la honra de contar con un tipo así', remachó.

Ninguna referencia a Juan Soler, el presidente que entregó su cabeza a la afición, ni a Carboni, al que se enfrentó solicitándole fichajes. Quique vino, soltó flores y siguió diplomático. 'La eliminatoria está al 50%'. Eso sí, se le escapó que el Valencia llegaba más castigado por las lesiones de manera 'incomprensible', por su preparador físico y cuerpo técnico, pero 'a veces estas situaciones se dan', precisó luego.

Y como los dos equipos tienen mucha pegada en ataque y ciertas pegas atrás, Quique zanjó que un encuentro con muchos goles no eran de su agrado. 'Los partidos locos no me gustan'. Luego se metió un poco más en harina. 'Los dos cometemos errores en defensa, pero mientras los nuestros son más individuales, los suyos se deben a otro tipo de funcionamiento'.

Quique se fue dejando al Valencia practicando un juego que él denominó de 'montaña rusa'. Y ese 'rompecabezas a resolver' sigue vigente. El ahora técnico rojiblanco tiene muy claro, una vez pasado el tiempo y crecidos ciertos espolones, que el entrenador está para eso. 'Yo hace tiempo que entendí que somos una diana fácil, la primera'. En este sentido, entiende las críticas a Unai Emery. 'Nos parecemos en que nos gusta mucho este trabajo y nos afanamos en él', afirmó. Y terminó como empezó, arrojando nuevas flores. 'Conozco a Emery y merece todo mi respeto'.