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Schumacher recibió el premio a la frialdad

Michael Schumacher estuvo muy distante durante toda la jornada en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias

Angel Luis Menéndez / Oviedo

Michael Schumacher pasó ayer por Oviedo como solía hacerlo por las rectas de meta de los circuitos: a toda velocidad y sin mirar. El retirado piloto alemán, siete veces campeón del mundo, recibió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2007 con la misma frialdad sobre la que edificó su inigualable palmarés.

Sólo Bob Dylan, galardonado en la modalidad artística y que ni siquiera se presentó, exhibió menos espíritu de colaboración con la Fundación que organiza el certamen. El resto de premiados participaron en distintas actividades y mantuvieron encuentros con ciudadanos y colectivos, siempre en relación con sus profesiones.

chumacher, no.El germano se borró del programa complementario hace meses, cuando anunció su llegada a Oviedo con el control a punto de cerrar. Se presentó en el Reconquista apenas media hora antes de la recepción y foto oficiales con los Príncipes de Asturias, fijada a las 12.30. Él es diferente, así que en lugar de arribar, como el resto, en uno de los coches de la organización, lo hizo en un Maserati Quattroporte, perteneciente al grupo Fiat del que él es el principal reclamo publicitario.Bronceado, en forma y con elegante atuendo sport de color marrón, Schumacher descendió del vehículo italiano con la sonrisa perenne y profesional que le acompañaría toda la jornada. Saludó, firmó un par de autógrafos, se dejó hacer media docena de fotos junto a su mujer, Corina, y ambos entraron raudos en el hotel. A toda velocidad, siempre con la mirada al frente, alcanzaron el ascensor y se perdieron en su habitación.Minutos después, ya de traje negro y corbata marrón, el piloto acudió a la recepción oficial en cariñosa actitud con su rubia esposa. Entraron de la mano en el Salón Covadonga y, durante la foto, cruzó miradas y sonrisas de complicidad adolescente con Corina.

El gran ausente

Concluida su obligada presencia protocolaria, no se supo más de él hasta minutos antes de la ceremonia de entrega de premios. Fue el gran ausente del almuerzo oficial. Un rumor, deporte autóctono en la vieja Vetusta, anunció una supuesta invitación a comer de Fernando Alonso a su antiguo rival. Un ágape que nadie ha confirmado

Hacia las 17.45, Schumacher, solo, apareció en el vestíbulo del hotel. Inmejorable ocasión para intentar conocer su opinión. Craso error. En cuanto vio una grabadora a escaso centímetros de su boca, clavó su famosa y gélida mirada en el rostro del periodista y, con la inexplicable complicidad de dos chicas de la organización de los Premios, huyó a refugiarse en el ‘box’ de un salón privado e inaccesible.

Schumacher esperó la orden protocolaria para emprender el corto viaje hacia el Teatro Campoamor, donde llegó media hora después de Fernando Alonso. El asturiano recibió la gran ovación de la tarde por parte de los numerosos curiosos que, año tras año, se agolpan a las puertas del coliseo cultural ovetense.

Con Alonso, ni mirarse.

El bicampeón del mundo animó la espera charlando con el resto de invitados de honor, sobre todo con la ex tensita Arantxa Sánchez Vicario. Luego, cuando los galardonados de 2007 hicieron su entrada tras la Reina y los Príncipes, no hubo gesto alguno entre los dos ex rivales de Fórmula 1. Ni de complicidad ni de nada. Ni siquiera una mirada. Quizás Alonso sonrió de forma especial durante el recorrido a pie que hizo Schumacher desde el estrado hasta su silla, pero nada más.

La frialdad de Schumacher se repitió cuando el alemán recibió el diploma que le acredita como Príncipe de Asturias 2007 y al final del acto, cuando Felipe de Borbón dio por concluida la velada. Schumacher en ningún momento buscó a Alonso, bien visible pues ocupaba una de las sillas exteriores, sin nadie que pudiera taparlo. Durante el fragmento del discurso del Príncipe referido a Schumacher, éste apenas parpadeó. Escuchó atentamente la traducción con media y fría sonrisa instalada en el rostro. El mismo rictus risueño y profesional con el que, poco después, abandonó Asturias en el avión privado que le esperaba en el aeropuerto.  Poco antes, en escuetas y pactadas (nada de McLaren) declaraciones a TVE, el campeón fue contundente: “No creo que Fernando Alonso vaya a correr con Ferrari antes de que pasen tres años”. ¿Se puede ser más frío? No