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Tornillos, naranjas, mecheros y muletas

El Sánchez Pizjuán es un estadio caliente. En octubre de 1999, en un derbi ante el Betis, el árbitro encontró un cuchillo en el césped

Á. L. M.

El Sánchez Pizjuán es un estadio caliente. En octubre de 1999, en un derbi ante el Betis, el árbitro encontró un cuchillo en el césped. El Sevilla fue sancionado con cuatro partidos, pero, tras varios recursos, se redujo a uno. En octubre de 2002, un joven aficionado (17 años) la emprendió a golpes con una muleta contra un vigilante de seguridad en uno de los fondos. El campo fue clausurado cuatro partidos y el agresor, condenado a siete meses de internamiento en un centro de menores.

En 2008, también en Sevilla pero en casa del rival, Competición clausuró por dos encuentros el estadio Manuel Ruiz de Lopera y dio por concluido el Betis-Athletic que había sido suspendido en el minuto 70 (1-2), cuando Armando, portero vasco, recibió un botellazo que le dejó inconsciente. En un derbi copero de 2007, Juande, técnico del Sevilla, recibe un botellazo. El partido fue suspendido y se reanudó tres semanas después en Getafe y sin público.

El Madrid no lo pasa bien en Pamplona, donde precisamente juega el domingo. En 1986, Valdano, entonces jugador, recibió el impacto de un tornillo en la oreja y Gallego, el de una castaña en un ojo. El Sadar fue cerrado un partido.

En 1994, una naranja impactó contra un linier en un Real Madrid-Tenerife. El Bernabéu fue clausurado por un partido. Sarrià recibió la misma pena en 1996 después de que el colegiado Brito Arceo fuese alcanzado con otra naranja. El Camp Nou, en cambio, no fue cerrado cuando en 1997 Roberto Carlos fue agredido con un mechero. El Barça pagó 3.000 euros (500.000 pesetas).

En 2003, una batería de teléfono móvil impactó en la cabeza del árbitro del Castellón-Valencia. El partido fue suspendido y reanudado días después sin público. Idénticos incidentes y solución se dieron en 2006 cuando una moneda derribó a un asistente de Megía Dávila en el Valencia-Deportivo jugado en Mestalla.

Tamibén en 2006, el árbitro suspendió durante media hora el Atlético-Sevilla por el lanzamiento de una botella de whisky y varias latas, una de las cuales impactó en Palop. Competición multó al club rojiblanco con 3.000 euros.