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Torres, a medio paso del Chelsea

El delantero español quiere irse del Liverpool y quiere aprovechar el interés de los blues

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE

'Mi cabeza está centrada en el Liverpool y en ayudarle a salvar la temporada. Soy un profesional y siempre cumplo mis contratos'. Las palabras de Fernando Torres hace tres semanas sólo podían significar una cosa: sus días en el equipo estaban contados.

Es un axioma del fútbol actual. Cuanto más insiste un jugador en que su corazón, su cabeza y otras partes del cuerpo están comprometidas al servicio del club, más probable es que haya ordenado a su agente que salga a buscar ofertas. Como cuando los presidentes confirman su confianza en el entrenador. Lo más parecido al beso de la muerte.

Torres ha pedido al club que negocie con el Chelsea, del que ya se rechazó una oferta reciente. Es decir, a nada que el club de Londres suba la puja con la posible inclusión de Anelka o Sturridge en el paquete, la respuesta sólo puede ser sí. Sumados los jugadores, el traspaso podría salir por más de 50 millones de euros, casi el doble de lo que el Liverpool pagó por él. En el apartado contable, no hay color.

Todos los traspasos de cifras gigantescas tienen su origen más en las necesidades desesperadas del comprador que en la lógica del juego. Y el Chelsea está muy necesitado. El gran comienzo de liga fue un espejismo, aunque nadie esperaba un hundimiento tan repentino. Ya está a diez puntos del líder. Nunca antes ha afrontado las eliminatorias finales de la Liga de Campeones en una situación de tanta debilidad, que se hace más acuciante entre los que tienen la misión de marcar goles.

Drogba y Anelka cumplen 33 y 32 años en marzo. Lampard, anulado por las lesiones este año, está en 32. Los relevos en el banquillo no dan la talla. Si Abramovich no suelta la pasta, le espera un largo periodo de decadencia. Hay situaciones en que el socorrido recurso de destituir al entrenador es más inútil de lo normal.

El vendedor podría sufrir un repentino ataque de dignidad, pero no es probable. El entrenador del Liverpool es de la vieja escuela. Si alguien no quiere jugar es mejor prescindir de él. Kenny Dalglish es además la persona (viva) que mejor representa la historia del Liverpool. Lo que él diga va a misa. Los dueños norteamericanos del club no le llevarán la contraria.

El Liverpool debe afrontar la realidad y asumir que el futuro del equipo pasa por la reconstrucción y por prescindir de jugadores que sólo piensan en lo que pudo ser el pasado. Torres lleva deprimido desde el Mundial, y entre las lesiones y su bajo estado de ánimo es una sombra del jugador que fue.

Defensas de medio pelo de la Premier no han tenido problemas para sujetarlo esta temporada. Lleva nueve goles (a diez de Berbatov y cinco de Tévez). Curiosamente, su mejor partido fue ante el Chelsea, al que marcó dos goles.

La vida sonríe a Torres. A pesar de su juego, uno de los equipos más ricos del mundo aún cree en él. Pero cuando marque un gol con el Chelsea, que no bese el escudo. Eso ya sería pasarse.