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Vettel desquicia a sus rivales

Alonso, sexto, y Hamilton, octavo, sancionados tras una batalla que acabó cuando el español embistió al inglés.

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ

La decepción, plato siempre indigesto, provoca ardor en la F1. La superioridad de Red Bull, materializada ayer en el triunfo incontestable de Vettel en el GP de Malasia dos de dos en lo que va de Mundial comienza a desasosegar a Fernando Alonso, sexto tras malograr una ocasión inmejorable de subir al podio en un adelantamiento precipitado a Hamilton, y al propio inglés, que arremetió después contra su escudería por la estrategia de las paradas. El Ferrari rozó al McLaren y el alerón delantero rojo saltó hecho añicos.

Alonso acusó a Hamilton de realizar "movimientos algo agresivos a 300 km/h" y, de hecho, los comisarios investigaron de oficio tanto las maniobras de Lewis en su intento de defenderse del ataque del asturiano como el hachazo fatal de este para desembarazarse de su más acérrimo rival. Ambos fueron sancionados con 20 segundos, un castigo inocuo para Alonso, que mantuvo la sexta plaza, y que, en cambio, le costó dos puntos bajó del séptimo al octavo puesto a Lewis.

Button, segundo, y el sorprendente Heidfeld completan el podio malayo

Más allá del resultado, esta colosal batalla fue un grito en el desierto de tecnología y estrategia que amenaza la esencia de la F1. La maestría de los ingenieros en el diseño de los bólidos y la mayor o menor eficacia de los equipos a la hora de dirigir a sus pilotos durante la carrera son circunstancias inherentes a este deporte, pero la exagerada supremacía de ambos conceptos deviene en espectáculos como el de ayer en Sepang. Carreras artificiales donde las posiciones se juegan casi siempre en los garajes y en el pitlane.

Sobre el asfalto, duelos esporádicos como el citado Hamilton-Alonso y la salida. Poco más. Cuando los semáforos se apagaron, los Renault exhibieron su brutal arrancada para situar a Heidfeld y Petrov a rebufo del inalcanzable Vettel. Por contra, Webber y Alonso volvieron a mostrarse vulnerables y desafortunados en tan crucial momento. De salida, el australiano y el español comienzan a acostumbrarse de forma peligrosa a ver pasar coches como cohetes por derecha e izquierda, circunstancia que les obliga a un sobreesfuerzo brutal durante el resto de la carrera. Todo aquel que parte mal se obliga a correr contra corriente, reduciendo así el siempre mínimo margen de error.

Para evitarlo, nada mejor que ser el sábado el más rápido y arrancar desde la pole. Pero ese parece un trono reservado para el monarca único e intratable del Mundial 2011: Vettel. El alemán devora kilómetros cual eficaz repartidor, sin mirar nunca atrás y deteniéndose el tiempo justo y en los momentos precisos.

Alguersuari salió bien, pero la estrategia de Toro Rosso le perjudicó

El campeón del mundo y su crecida escudería, Red Bull,se permiten incluso el lujo de jugar con el resto de la parrilla. Emiten a través de la radio mensajes en clave "plan B" y nadie sabe si mienten o no en el asunto del kers. Porque resulta que el hombre y la máquina que lideran las respectivas clasificaciones individual y de constructores lo hacen pese a tener problemas sin especificar con uno de los nuevos artilugios implantados este año por la FIA.

El sistema de aceleración súbita que aprovecha la energía de las frenadas es voluntario, pero todos los grandes del paddock excepto Red Bull lo usan con normalidad. El equipo austriaco sufre con un aparato que, si no está bien acabado, además de su peso extra 20 kilos, da problemas de calentamiento y descargas eléctricas. En la vuelta 29, a Vettel le dijeron que no lo utilizara y, casualmente, dos giros más tarde, firmó una de sus vueltas rápidas.

El germano sí exprimió otra de las grandes novedades del curso, el alerón móvil trasero (DRS), especialmente útil en los adelantamientos. Es una pieza que también ha dado problemas. Que se lo pregunten a Alonso, al que se le bloqueó minutos antes de acosar a Hamilton. Sin él, el español no pudo aprovechar con soltura la ventaja que le otorgaba un juego de neumáticos más fresco que el que calzaba el inglés. De ahí su ansiedad y el error que propició el golpe contra el McLaren.

Alguersuari sí salió bien, ganó dos posiciones, y se situó undécimo por delante de su compañero, Buemi, pero poco después comenzó a sufrir con la degradación de los neumáticos y una extraña estrategia de sólo dos paradas la mayoría entraron tres veces acabó por arruinarle la tarde. Terminó 14º.

Antes de abandonar, los dos Hispania aprovecharon su primera carrera para rodar, toda vez que en pretemporada no lo hicieron. Karthikeyan completó 13 vueltas y Liuzzi, 46. A ellos, en otra división, Vettel no les desquicia.