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Villa se impone al reloj

SUECIA 1 - ESPAÑA 2. Un gol del asturiano en el descuento premia a la selección. Torres se quitó su enfado de encima con el primer tanto. La lesión de Puyol confundió a Espa&nti

JOSÉ MIGUÉLEZ

Como se ganan estas cosas, con la pócima de la fe y la suerte, con el rasgo de campeón que lleva grabado el último minuto, España renovó todas sus ilusiones. Explotó de alegría después de coserse hasta la agonía a la paciencia y al balón para derribar una defensa de piedra. Y triunfó otra vez asistida por el corazón incombustible de Villa, el hombre que marca los latidos de esta Eurocopa. España sueña.

Una sensación de alivió recorrió el uniforme de España al volver del descanso. Ibrahomic, la pesadilla del primer tiempo, no estaba ya entre los amarillos. Albiol recuperó la respiración, Ramos ganó el color perdido y Marchena enseñó una mueca de satisfacción. Hasta la ruidosa grada española aplaudió la noticia de la sustitución con el entusiasmo de un gol a favor. Suecia medía los mismos centímetros, pero ya no se la veía tan alto.

Le tocaba a España volver a empezar, tarea complicada, pero ya sin el susto en el cuerpo. Porque la selección arrancó aterrorizada con el poder aéreo de los suecos y su fortaleza en la estrategia. Y el pavor se transmitió en cada balón que voló por las posesiones de Casillas. Con Puyol, y también luego con Albiol, la selección fue un flan. Marchena, el más entendido en esos asuntos, estaba pendiente de su propio salto y de las ayudas a los demás. Pero cada viaje de la pelota avisaba peligro.

Lo mismo ocurrió en el otra punta del campo con Fernando Torres, que actuó apretado de orgullo. Así se enfada un futbolista. Se probó en el primer balón que recibió, se fue con comodidad de Nilsson y Hansson en un rincón del área, y ganó los gramos de autoestima que precisaba. Quizás por orden expresa de Luis ante lo abrumador de las estadísticas, recuperó la confianza de sus compañeros en el pase. Fue un tormento para los suecos. Hasta que se desquitó de la mala semana con el gol: una pieza de diseño, por lo artesanal de la estrategia, pero también un monumento al oficio dentro del área. En el sitio justo, con potencia para vencer los agarrones, con astucia para poner el balón en sitio prohibido. Un gran gol. Así se enfada el Niño.

España había vuelto al toque y la posesión. La versión original que traía Luis Aragonés bajo el brazo. Pero un suceso inesperado generó un rato de convulsión: la lesión de Puyol. Entró Albiol algo impresionado, España en general puso cara de pánico e Ibrahimovic se sintió temido y se agrandó. Larsson colaboró en la confusión con sus movimientos. Y el resto de la artillería se limitó a lo que sabe, buscar el área desde los costados. El miedo a Ibrahimovic, unido a su acierto en la maniobra, fabricó el empate.

Mal pintaba el panorama cuando de la caseta llegó la noticia más sabrosa posible para España. Ibrahimovic no estaba. Así que la selección se cosió a la pelota y se puso, pim, pam, pim, pam, a derribar un muro de piedra. Sergio Ramos se convirtió en un centrocampista más, Silva e Iniesta intercambiaron posiciones, Villa y Torres buscaron una y otra vez las vueltas. Nada. Luis removió el banquillo, quitó a Xavi y concedió a Cesc su sueño, los galones. También salió Cazorla y su entusiasmo. Nada. El gol no llegaba. Pero España no perdió la paciencia ni la fe. Y al final, como respuesta a la única visita arriba sueca del segundo tiempo, en otra contra letal, Villa recordó que tiene decidido poner nombre a esta Eurocopa.

2 - Suecia: Isaksson; Stoor, Mellberg, Hansson, Nilsson; Elmander (Sebastian Larsson m. 78), Andersson, Svensson, Ljungberg; Henrik Larsson (Kallstrom m. 86) e Ibrahimovic (Rosenberg m. 46).

1 - España: Iker Casillas; Sergio Ramos, Puyol (Albiol m.23), Marchena, Capdevila; Senna; Iniesta (Cazorla m 58), Xavi (Cesc m. 58), Silva; Villa y Fernando Torres.

Gol: 1-0: m.15, Torres. 1-1: m.34, Ibrahimovic. 2-1: m. 90+2, Villa

Arbitro: Pieter Vink (HOL). Enseñó tarjeta amarilla a Marchena (m.52), Svensson (m. 54)

Incidencias: Primer partido de la segunda jornada del grupo D de la Eurocopa, disputado en el estadio Tivoli Neu de Innsbruck. Lleno (30.000 espectadores). Presenciaron el partido desde el palco Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el deporte español, y Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico español.