El fraude de la teoría económica dominante: ¿por qué fallan las previsiones?
Pensiones, SMI, crisis que no se vieron venir... La economía no es una ciencia exacta, pero hay una razón que explica por qué las predicciones yerran en muchas ocasiones: la ideología y los intereses partidistas.

Madrid-
"Un economista es quien te explica mañana por qué lo que predijo ayer no se ha cumplido hoy". Este viejo chascarrillo atribuido a Laurence J. Peter, un pedagogo y escritor canadiense, conocido sobre todo por haber formulado el Principio de Peter, no deja de ser un chiste con cierta retranca, pero no es menos cierto que también refleja una realidad incuestionable: las predicciones económicas no son infalibles. Ahora que 2025 acaba de terminar y las previsiones para 2026 han copado los titulares de la prensa económica, quizás convenga tener en cuenta este viejo aforismo.
La economía es una ciencia social, pero no es una ciencia exacta. Nunca lo ha pretendido. Pese a ello, hace ya mucho tiempo que las principales instituciones económicas, así como gobiernos, universidades y los propios economistas recurren de forma constante a las predicciones. Estas se aceptan casi como verdades reveladas y ya forman parte de la propia esencia de la teoría económica. El problema es que esos pronósticos fallan más de lo que aciertan.
Juan Torres López, recién jubilado de su cátedra de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, aporta una cifra demoledora en este sentido: "De 3.200 pronósticos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acierta solo el 6% y de 153 recesiones económicas solo ha sido capaz de adelantar cinco", cuenta Torres López.
"Los datos son elocuentes; los grandes organismos económicos fallan estrepitosamente", se reafirma este experto.
El economista andaluz aduce que hay principalmente dos motivos que explican estos fallos tan estrepitosos. El primero de ellos es la dificultad intrínseca que conlleva hacer predicciones en cualquier ámbito de las ciencias sociales. "En materia de comportamientos sociales la predicción siempre es muy difícil, y más si hablamos de proyecciones macroeconómicas. En economía tenemos crisis y hay mucha más volatilidad. Todo es más imprevisible", apunta Torres López.
Juan Torres López: "Hay modelos que desfiguran la realidad porque se busca otra conclusión"
La segunda razón que explica estos fallos recurrentes de las predicciones económicas es más deshonesta, por así decirlo. "Hay sesgos de conocimiento muy importantes que tienen que ver primero con la ideología de quienes hacen las predicciones, y luego con los intereses que defienden", explica Torres López.
"Hay modelos que desfiguran la realidad porque se busca otra conclusión. Un caso flagrante es el de las pensiones públicas: se repite constantemente que no son sostenibles y se paga a gente para que se equivoque y diga precisamente eso", abunda el economista.
En este sentido, el antiguo catedrático de la Universidad de Sevilla denuncia desde hace tiempo "el fraude intelectual de la teoría económica moderna". Lo ha hecho en la mayoría de sus libros. "El fraude consiste en aceptar como verdades datos y previsiones que se sabe desde principio que son falsos. Ese fraude ha pigmentado de tal manera el hacer de las instituciones y de los gobiernos que al final fracasan constantemente en sus predicciones", afirma Torres López.
"Si los bancos centrales tienen modelos predictivos sobre la situación macroeconómica que no contemplan el dinero o la deuda, ¿cómo van a poder hacer predicciones aceptadas por todos? Si utilizas un modelo para hacer una predicción sobre la sostenibilidad de las pensiones en el que no incorporas la inmigración, ya sabes que te vas a equivocar", ejemplifica Torres López. "Se hace trampa", añade el economista a guisa de conclusión.
Varios ejemplos
El error de previsión más sangrante de las últimas décadas —y el el que ayuda a dimensionar la magnitud de estos fallos— es el de la ceguera que demostraron todos los expertos, organismos internacionales y gobiernos a la hora de anticipar la crisis financiera de 2008. El año anterior, en 2007, las previsiones apuntaban a un crecimiento moderado de la economía. Nadie fue capaz de anticipar el colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008. Todavía en aquella fecha, todos los analistas insistían en que el sistema bancario era estable.
Otro error clásico —y premeditado, según la teoría de Torres López— es la afirmación de que la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) perjudica a la creación de empleo. Ese fue el discurso que entonó el Banco de España en 2019, cuando el Gobierno anunció su intención de subir el SMI. Aquel año el salario mínimo, que entonces estaba en 735 euros, alcanzó los 900 euros, un 22,3% más. La derecha y los empresarios criticaron con intensidad aquella subida y pronosticaron una destrucción de empleo que nunca ocurrió. Es más, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), la tasa de desempleo en el tercer trimestre de 2019 estaba en el 13,92%; seis años después, con un salario mínimo de 1.184 euros brutos, un 20,5% superior al de 2019, la tasa de desempleo se sitúa en el 10,45%.
Otro ejemplo cristalino sobre cómo las predicciones económicas no siempre son inocentes y tampoco se ajustan a la realidad gira en torno a la sostenibilidad de las pensiones. Muchos economistas e instituciones alimentan un discurso basado en el miedo, anticipando que a medio plazo las pensiones públicas no son sostenibles. Quienes defienden este discurso recurren a una trampa contable para señalar que la Seguridad Social es deficitaria, cuando la realidad muestra todo lo contrario.
"En ningún otro ámbito de la vida económica o social se permitiría que estuviera al mando de la nave gente con tan poco éxito. Se equivocan constantemente, pero en realidad es que no les importa", concluye Juan Torres López.

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