La guerra de Trump y Netanyahu amenaza con disparar la inflación y sacude la economía mundial: "Prepárense para lo impensable"
Muchos analistas descartan que se repita la crisis de 2022 con la invasión rusa de Ucrania, pero el FMI pide cautela ante "lo impensable".
"Existe un riesgo inflacionario relevante con efectos de arrastre sobre la electricidad, el transporte y la cesta de consumo", advierte José Manuel Corrales, profesor en la Universidad Europea de Madrid.

Madrid--Actualizado a
"Mi consejo a los responsables políticos de todo el mundo en este nuevo entorno global: piensen en lo impensable y prepárense para ello". Las palabras este pasado lunes de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), pronunciadas en el marco de la nueva crisis que golpea a la economía mundial tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, suenan a algo más que a una mera advertencia: rezuman incertidumbre, lo peor que le puede suceder a la economía global.
Todos los analistas coinciden en señalar que el escenario económico que se dibuja con el nuevo conflicto desatado en Oriente Medio es "complejo". Algunos incluso lo tildan de "grave". En declaraciones a la agencia EFE, Gonzalo Escribano, investigador principal para Energía y Clima del Real Instituto Elcano, sostiene que el conflicto ha provocado "un choque de oferta que nos va a costar mucha inflación".
"Desde el punto de vista económico, la crisis en Oriente Medio introduce un riesgo inflacionario relevante y multidimensional. El canal más inmediato es el energético: cualquier tensión prolongada en una región clave para la producción y el tránsito de petróleo y gas suele traducirse en un aumento del precio del crudo y de los combustibles, con efectos de arrastre sobre la electricidad, el transporte y buena parte de la cesta de consumo", advierte José Manuel Corrales, profesor de Economía Aplicada y Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid.
"A ello se suma el encarecimiento de los fletes marítimos y los seguros comerciales, especialmente si se ven afectadas rutas estratégicas, lo que incrementa los costes de importación y presiona los precios finales", insiste el profesor de la Universidad Europea de Madrid.
De hecho, el primer impacto ya visible del conflicto es un fuerte repunte de los precios de la energía. Los ciudadanos ya lo están notando en sus bolsillos, sobre todo en el precio de los combustibles. La gasolina y el diésel han subido un 12% en una semana: la gasolina se ha encarecido 15 céntimos por litro y el gasoil, 28 céntimos. También sube la luz: los precios del kilovatio hora (kWh) de electricidad son hasta un 57,6% más elevados que la semana anterior.
La subida de los precios también se va a notar en los alimentos, como señala Corrales. Las organizaciones agrarias españolas alertaron este lunes de que el aumento de precios de los fertilizantes y del gasóleo, además de los movimientos especulativos que ya se están produciendo en los mercados, se van a trasladar al coste de los alimentos, ya lo suficientemente tensionados en los últimos años. Los medios de producción agrícola se han encarecido entre un 20% y un 40% y los agricultores están empezando a notar dificultades en el suministro de fertilizantes para el campo.
José Manuel Corrales: "El elemento clave es cómo se distribuyen los costes sociales de este shock"
Los nervios también se han trasladado a los mercados internacionales. Este lunes el precio del petróleo superó los 100 dólares por barril, alcanzado su precio más alto desde julio de 2022. El precio del gas también se disparó un 15,5% este lunes y ya acumula una subida del 92% en apenas nueve días de conflicto. Con los precios del petróleo y del gas disparados, las bolsas europeas y asiáticas —las de Estados Unidos han encajado el golpe con más firmeza— se resienten y caen con fuerza, incapaces de reaccionar ante "lo impensable", por utilizar la expresión de Grigorieva. Como señala el economista Juan Torres en un artículo publicado este pasado fin de semana en su blog, "el verdadero riesgo puede no estar en el propio conflicto, sino en algo más profundo: la acumulación silenciosa de fragilidades muy peligrosas en el sistema financiero global".
Sobre el impacto económico a nivel global, el FMI recuerda que cada aumento del 10% en los precios del petróleo, si se mantuviera durante la mayor parte del año, se traduciría en un aumento de 40 puntos básicos en la inflación general mundial y una caída de dos décimas en el crecimiento del PIB mundial. El pasado 27 de febrero, víspera del ataque a Irán, el precio del barril de petróleo estaba en 70 dólares. En nueve días el petróleo se ha encarecido más de un 40%. Hagan sus cuentas.
Hasta el propio Gobierno asume el impacto económico del conflicto. Carlos Cuerpo, ministro de Economía, Comercio y Empresa, declaró este lunes que la guerra en Irán ya está teniendo "efectos tangibles" en el bolsillo de la ciudadanía. "Estamos notando un inicio del efecto de esta guerra en nuestros bolsillos, en la economía española, más allá de los mercados de materias primas energéticas. A partir de aquí, como ha señalado el presidente del Gobierno, lo que va a hacer el Gobierno español es proteger a los ciudadanos, a las empresas y a los trabajadores, como ya hicimos en el caso de la guerra de Ucrania".
Las palabras de Cuerpo remiten a lo ocurrido en 2022. En febrero de aquel año, Rusia invadió Ucrania y se desencadenó una crisis inflacionaria que ya se venía larvando desde meses atrás. En julio de 2022, la inflación alcanzó el 10,8%, su máximo desde mediados de los años 80 del siglo XX. El Banco Central Europeo intervino subiendo los tipos de interés para enfriar los precios. El Gobierno activó entonces un escudo social para limitar el impacto de la subida de los precios en varios sectores con subvenciones en los alimentos, los transportes o los combustibles.
Los temores a que se vuelva a repetir la misma historia vuelven a estar sobre la mesa, aunque en esta ocasión la reacción de los mercados ha sido menos virulenta que con la invasión rusa de Ucrania. En ese momento el petróleo llegó a cotizar por encima de los 180 dólares y el gas en España escaló hasta los 200 euros, cuatro veces más de lo que vale a día de hoy. Pese a esa reacción más moderada, los analistas pronostican que en verano la inflación en España superará el 3% desde el 2,3% que está ahora.
Esa es la previsión de la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas) en el caso de que la guerra dure tres meses, aunque reconoce que el escenario sería "significativamente más negativo" si la contienda se prolongara. Y aplicado a España, estima que un incremento del 10% del precio del petróleo añade una décima de IPC, y una subida del 10% del precio del gas redunda en una subida del índice de precios de igual magnitud. Funcas también prevé que el crecimiento del Producto Interior Bruto español crecerá en 2026 dos décimas menos de lo anticipado por la guerra.
Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, tampoco cree que la inflación alcance el nivel que lo hizo en 2022, aunque reconoce a Público que, efectivamente, hay mucha incertidumbre: "La situación es complicada y puede empeorar, pero todo depende de lo que dure la guerra. Es verdad que hay factores que no sabemos qué tiempo tardarán en volver a la normalidad, incluso después de que paren las armas. Cuanto más tiempo dure el conflicto, más intensas van a ser las consecuencias. De todos modos, yo creo que estamos en una situación diferente a la de 2022. Salvo escenarios que ahora mismo no me quiero ni imaginar, no creo que lleguemos a esos niveles".
Manuel Hidalgo: "Cuanto más tiempo dure el conflicto, más intensas van a ser las consecuencias"
El economista sevillano sostiene que en los últimos cuatro años "muchas economías han avanzado en la resiliencia energética y han usado menos petróleo", pero también asume como casi inevitable que "va a haber un repunte en la inflación y por lo tanto de los tipos de interés". "Si el conflicto dura mucho y los daños son cada mayores, evidentemente tendremos un impacto mucho mayor en la economía", reitera Hidalgo.
"No estamos ante un shock puntual y fácilmente reversible, sino ante un escenario de elevada incertidumbre, en el que las expectativas juegan un papel central. Si empresas y mercados anticipan un conflicto largo o una escalada regional, tienden a ajustar precios y márgenes al alza, lo que puede prolongar las tensiones inflacionarias incluso aunque la demanda esté contenida. En ese sentido, la advertencia de la directora del FMI sobre prepararse para lo impensable es significativa: no se trata de gestionar solo el escenario central, sino de estar preparados para escenarios de cola, con disrupciones energéticas, financieras o logísticas más severas de lo habitual", abunda José Manuel Corrales cuando se le pregunta por lo que puede ocurrir en las próximas semanas.
Las claves de lo que pueda suceder no solo es la duración y la gravedad del conflicto, sino también la resistencia de la economía mundial. Los países occidentales disponen de cierto colchón para aguantar el cierre del estrecho de Ormuz y la interrupción de las cadenas de suministro durante un tiempo. Ese tiempo, sin embargo, es limitado: los países de la Unión Europea (UE) disponen de reservas suficientes de petróleo y gas para 90 días. Pese a todo, Bruselas transmite un mensaje de tranquilidad: "Nos preocupa mucho menos la seguridad del suministro que los altos precios de la energía", dijo a los periodistas una portavoz de la Comisión Europea. Esa misma portavoz señaló que ahora mismo no hay indicios de que se produzca una situación de emergencia. En cualquier caso, la mayoría de los países no prevén una escasez inmediata de suministro.
Todavía quedan por subir varios peldaños para encontrarse ante una situación verdaderamente preocupante, señalan economistas e instituciones. Siendo eso verdad, no lo es menos que nadie puede hacer un pronóstico plenamente certero de lo que va a ocurrir, salvo que repuntará la inflación y que tendrá un impacto. En este sentido, la directora del FMI, la misma que plantea un escenario impensable, insta a los países a centrarse "en lo que pueden controlar" y, sobre todo, ser ágiles en las respuesta ante lo que pueda venir.
Corrales, sin embargo, plantea una clave un poco distinta: "El elemento clave es cómo se distribuyen los costes sociales de este shock. La experiencia reciente muestra que trasladar el ajuste a los hogares —vía pérdida de poder adquisitivo— o al empleo —vía contención salarial o recortes— no solo es socialmente injusto, sino también económicamente ineficiente, porque deprime la demanda y frena el crecimiento. Hay margen para una respuesta distinta: políticas fiscales selectivas, ayudas temporales bien focalizadas, mecanismos de control o supervisión de márgenes en sectores estratégicos y una actuación pública coordinada en materia energética, tanto a nivel nacional como europeo, para evitar una nueva espiral de precios y beneficios extraordinarios. Si la respuesta se limita a recetas de austeridad o a confiar exclusivamente en la política monetaria, el resultado más probable será más desigualdad, mayor malestar social y un crecimiento más débil", advierte a guisa de conclusión.


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