Actividades, naturaleza y cero pantallas: así son las experiencias que valoran más las familias
Participar en talleres de rastreo animal, disfrutar de una noche de astronomía o acompañar a un pastor durante un día son algunas de las opciones que consiguen ganar el pulso a la amenaza digital.

CP
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En España, los niños pasan ya más de mil horas al año frente a pantallas, el equivalente a más de 40 días completos sin despegar la vista de un dispositivo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda evitar cualquier pantalla antes de los 2 años. Mientras administraciones y expertos debaten sobre algoritmos, controles parentales y limitaciones de edad, muchas familias buscan algo más simple: salir al campo y disfrutar de experiencias reales que devuelvan a los niños al aire libre, al juego y al territorio.
Ahí es donde los Paradores han dado un paso adelante. Su programa Naturaleza para los Sentidos (NPLS) es, además de una iniciativa para descentralizar el turismo y dinamizar el entorno social, cultural y económico de zonas rurales, es una de las propuestas más estimulantes para familias que quieren reconectar con el mundo real. Ya que se proponen actividades en las que participan guías locales, ponen en valor la biodiversidad y convierten cada Parador en una especie de centro de interpretación del territorio. El escenario ideal para que niños y adultos exploren el entorno a través de originales experiencias como talleres de rastreo de animales autóctonos, rutas en kayak, avistamientos de aves, baños de bosques, visitas a colmenas, paseos interpretativos, noches de astronomía, montañismo suave, escalada o experiencias sensoriales vinculadas a la identidad local.
En torno al 25% de los alojamientos de Paradores participan en el programa Naturaleza para los Sentidos, que permite descubrir valles donde asoman los primeros osos de la primavera, montañas que enseñan a leer el cielo o bosques en los que los niños pueden hacerse preguntas. Daniel González, director del Parador de Corias, monasterio benedictino del siglo XI que se compara a menudo con El Escorial, confirma que "las familias valoran de manera muy positiva todas las actividades". Sobre todo la que les muestra la historia y los secretos del edificio, un recorrido gamificado que transforma el monasterio en un gran juego de pistas para descubrir sus tesoros: "Los tesoros del monasterio es la que más gente hace porque no tienen que desplazarse fuera, pero también tienen mucho éxito el avistamiento de fauna salvaje o las visitas guiadas por un pueblo etnográficamente muy interesante", añade. El balance "es muy positivo". "Este año esperamos ampliar y en lugar de seis, llegar hasta las diez actividades posiblemente", confirma González.
Dormir en un auténtico monasterio
¿Puede un cenobio milenario convertirse en un juego de pistas para toda la familia? En el Parador de Corias sí. La actividad "Los tesoros del monasterio", de la que hablaba González, se vive aquí como una gymkana cultural para recorrer sus claustros, sus antiguas dependencias y sus restos arqueológicos (sí, sí, también atesora importantes hallazgos) que explican cómo funcionaba este centro de poder del valle. Así, las familias descubren cómo se organizaba la vida monástica, qué oficios se desarrollaban dentro del edificio y por qué este lugar fue decisivo durante siglos. Además, por supuesto, disfrutar del encanto de pasar la noche en este edificio y convivir con los antiguos monjes, que aún viven en el recinto. Sorprende descubrir que las habitaciones se instalan en las antiguas celdas o que cuenta con un spa excavado en la antigua bodega.
Pero ahí no queda todo. A media hora, Besullo ofrece un cambio de registro. En este pequeño pueblo, la tradición ferreira explica mejor que cualquier museo cómo se forjó su economía en el siglo XIX. La ruta a pie permite leer el territorio a través de su arquitectura popular, de las herramientas que aún se conservan y de la huella del dramaturgo Alejandro Casona, cuya implicación con el pueblo sigue siendo un motivo de orgullo.
El entorno de Leitariegos desplaza en cambio la mirada el Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. Zona de osos que, en primavera, empieza a registrar los primeros desplazamientos de sus ejemplares jóvenes, cuando abandonan las zonas de invernada. Es el momento propicio para observarlos, interpretar su rastro y su actividad y entender cómo se monitoriza esta especie que entra en una fase del año clave para su conservación.
En Fondos de Vega, la experiencia pone el foco en la apicultura tradicional. Los cortines y truébanos —las estructuras que protegían las colmenas de los osos— muestran cómo se ha gestionado históricamente la relación entre humanos y fauna. Además, gracias a una colmena de observación de cristal se puede ver la organización interna del enjambre, y al final de la experiencia, disfrutar de una deliciosa cata de miel.
Las opciones no terminan. Otra de las experiencias que propone el Parador incluye picnic campestre en la hermosa braña de Los Cadavales, respetando el entorno con utensilios reutilizables y una visita a un taller de alfarería para mostrar a los más pequeños el valor de la artesanía.
Aula al aire libre en Gredos
Gredos es otro esos lugares donde la naturaleza funciona como un antídoto inmediato contra el exceso de pantallas y donde se entiende a la perfección el objetivo del programa Naturaleza para los Sentidos. Allí existe la posibilidad de hacer rutas a caballo en Hoyos del Espino de dos a cuatro horas, para adaptarla al ritmo de cada familia. Una experiencia que permiten comprender cómo este animal fue durante siglos un medio de transporte esencial, mientras atraviesan pinares y praderas de la sierra. Además, desde el propio Parador de Gredos, un encantador refugio de montaña con vistas increíbles, parten recorridos que explican de forma accesible cómo se formó este macizo granítico —uno de los más antiguos de la península— y por qué su biodiversidad es tan singular. La observación de aves, es otra de las opciones. Una actividad sencilla y sorprendentemente eficaz para despertar interés científico en los más pequeños.
La historia del lugar es otro de los atractivos. El Parador, el primero de toda la red y escenario de episodios políticos relevantes como la redacción del primer borrador de la Constitución de 1978, ofrece visitas guiadas por sus dependencias y antiguas caballerizas, y permite disfrutar de una variedad de rutas y senderos que parten de su misma puerta y que propician que la desconexión digital surja de forma natural.
El territorio del lobo
Puebla de Sanabria es uno de los mejores lugares de la península para entender cómo vive realmente el lobo ibérico. Las salidas por la Sierra de la Culebra —una de las zonas con mayor presencia histórica de la especie— permiten seguir rastros recientes, reconocer señales en el terreno y comprender cómo se mueve un depredador que rara vez se deja ver. Para muchas familias, el momento más revelador llega en el taller posterior, cuando descubren que la convivencia entre lobos y ganaderos es mucho más compleja (y más interesante) de lo que suele contarse.
El entorno ofrece también experiencias que conectan con oficios y ecosistemas que los más pequeños rara vez ven de cerca. En Palacios de Sanabria, por ejemplo, pueden asomarse al interior de una colmena activa y entender cómo se organiza una colonia —obreras, zánganos y reina— antes de ver cómo se extrae y se envasa la miel. A orillas del río Tera, una ruta a pie de unas dos horas y media explica por qué los ecosistemas fluviales han sido esenciales para la vida local, y en los bosques cercanos, los árboles monumentales sirven para hablar de longevidad y de cómo se ha gestionado el territorio durante generaciones.
El Parador de Puebla de Sanabria funciona como un punto de apoyo muy cómodo para todo esto. Está a las afueras del casco histórico y cerca del lago, lo que permite organizar el día sin desplazamientos largos y empezar algunas rutas directamente desde la puerta. Una combinación de naturaleza, fauna y actividades para mirar el territorio con otros ojos.
Pastoreo, campos de lavanda y un castillo medieval
El Barranco del Río Dulce, a siete kilómetros de Sigüenza, no sólo es uno de los puntos más interesantes de la zona para observar fauna y entender cómo funciona un valle bien conservado, fue también uno de los escenarios habituales de los rodajes de Félix Rodríguez de la Fuente. El atractivo es evidente. Y las posibilidades, infinitas. Las familias pueden allí recorrer senderos e identificar rapaces o seguir rastros recientes y reconocer especies de flora protegida gracias a las explicaciones de guías locales.
El entorno ofrece además una aproximación muy clara a oficios y paisajes que siguen siendo parte del día a día rural. En Torralba de los Sisones, por ejemplo, es posible caminar junto a un rebaño y ver cómo trabajan las perras carea y las mastinas, entender la lógica del pastoreo regenerativo y observar de cerca momentos cotidianos del ganado, desde la lactancia hasta la organización del grupo. En los campos de lavanda, otra de las experiencias más atractivas, es posible acercarse al proceso de cultivo, destilación y conservación. Y en los páramos cercanos, los antiguos fondos marinos —hoy convertidos en barrancos, meandros fósiles y lomas salineras— permiten entender la historia geológica.
El Parador de Sigüenza también forma parte natural de esta experiencia. Ubicado en un castillo del siglo XII que conserva murallas, patio de armas y estancias históricas, permite alojarse en un edificio que ha sido pieza clave en la defensa y el desarrollo de la ciudad. La estancia en Paradores, como este, supone, según Carlos Serano, historiador y periodista especializado en viajes, "viajar a otra época sin desprendernos de las comodidades propias de la modernidad", detalla. "El perfecto viaje al pasado, a los tiempos de los castillos y los peregrinos, se puede además disfrutar acompañado de la mejor gastronomía de nuestro país", asegura el experto. Desde el Parador de Sigüenza se accede con facilidad tanto al casco medieval como a los pueblos del entorno, aunque sólo estar dentro de esta impresionante fortaleza ya es en sí una experiencia.
Un castillo de cuento
Entrar en el Parador de Jarandilla de la Vera es como meterse en un cuento: un puente de piedra, un patio de armas con galerías y una chimenea monumental que parece encender historias por sí sola. Este castillo-palacio del siglo XV, donde el mismísimo emperador Carlos V pasó sus últimos días antes de retirarse a Yuste, es un refugio perfecto para una escapada histórica que además trae sorpresas en el entorno. En Villanueva de la Vera, por ejemplo, es posible realizar un taller de alfarería y disfrutar de ese ambiente entre hornos y olor a arcilla. Además de descubrir un oficio ancestral y modelar su propia pieza de barro.
El centro ecuestre de Jarandilla ofrece una ruta a caballo entre robles, gargantas y praderas donde aún se reconocen los caminos tradicionales de la comarca. A lomos del animal, los detalles van apareciendo: el sonido del agua en las acequias, el vuelo de un milano, el olor a jara calentada por el sol… El paisaje lo envuelve todo. Como en el Valle del Jerte, donde te aguarda una ruta entre pozas transparentes, bosques silenciosos y cerezos que, cuando estén a punto, harán estallar su flor.
El agua es otro de los protagonistas en el descenso en kayak por el Tiétar, la arteria que alimenta vegas, huertos y biodiversidad. Navegarlo permite ver la comarca desde otro ángulo: garzas en los márgenes, vegetación que se inclina sobre el cauce y la sensación de avanzar por un corredor natural que conecta directamente con Monfragüe, precisamente la última parada que propone este territorio. Un parque nacional en el que será posible avistar buitres leonados y cigüeñas negras y observar ciervos. Una lección viva para toda la familia de la importancia de la conservación de la flora y la fauna.
Y cuando cae la tarde, de vuelta al Parador, después de rastrear huellas, moldear barro, montar a caballo o navegar un río, si aún queda energía por gastar, hay muchos de estos alojamientos que cuentan con ludoteca, salones de juego interiores y parques infantiles donde los más pequeños pueden seguir estirando la jornada para llegar a la noche exhaustos y coger el sueño con ganas y sin haber echado de menos la pantalla.































