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'Manual de la buena esposa'

Martin Provost: "Parece que las mujeres tienen que pagar hasta el final"

Martin Provost
El cineasta Martin Provost. A CONTRACORRIENTE FILMS

El cineasta vuelve en Manual de la buena esposa a los años sesenta, a una escuela para amas de casa, para contar con alegría la transformación de la mujer. Juliette Binoche y Yolande Moreau se liberan en esta ficción de uno de estos criaderos de mujeres sumisas y oprimidas.

Economía doméstica, Corte y confección, Lavado, Plancha y Puericultura e Higiene eran asignaturas obligatorias para las mujeres en la España de después de la Guerra Civil. El franquismo mantuvo esta perversión muchos años, en los que, por supuesto, también era forzoso estudiar Religión, Nacional Sindicalismo e Historia de España. Nuestros vecinos franceses no andaban muy lejos. Sin el siniestro componente ideológico, aunque no totalmente carente de él, en los años sesenta todavía existían en muchas zonas de Francia escuelas de economía doméstica que enseñaban a las mujeres a ser las perfectas amas de casa.

Una de estas escuelas es el escenario de la nueva película de Martin Provost, un cineasta que ha dedicado buena parte de su carrera a dar voz a las mujeres silenciadas de la historia –así lo hizo con la pintora Séraphine de Senlis o con la escritora Violette Leduc– y que ahora celebra con alegría el cierre de aquellos centros 'criaderos' de mujeres sumisas al servicio de los hombres. Manual de la buena esposa, una película con la influencia del espíritu vitalista de Agnès Varda, está protagonizada por unas divertidas Juliette Binoche y Yolande Mareau.

Es la historia del cambio, de la transformación de un grupo de mujeres. Paulette Van Der Breck dirige una de estas escuelas, ayudada por su cuñada y por una monja con malas pulgas que, sorpresa, luchó en la Resistencia. Cuando Paulette queda viuda y reaparece un antiguo amor, los aires de libertad de mayo del 68 empiezan a limpiar las ideas retrógradas y machistas del país y llegan también a su pequeño hogar.

Acaban de poner una multa al Ayuntamiento de París por tener a demasiadas mujeres al mano...

Es una aberración total. Es increíble y, por supuesto, es algo que jamás se ha pensado cuando había demasiados hombres en una institución. Y no está nada mal la cantidad, 900.000 euros. Parece que las mujeres tienen que pagar hasta el final. Esta es una reacción muy masculina, una reacción agresiva del patriarcado que se siente amenazado.

Agnès Varda lo hubiera celebrado igual que Anne Hidalgo.

Sí. Agnès Varda forma parte de mi patrimonio interior, ha influido muchísimo en mi universo.

¿De ahí el tono de la película, esa alegría por la evolución?

Desde luego, porque es una alegría. No llamo a la película comedia, porque en Francia eso siempre tiene un sentido peyorativo. La película está cargada del tono de la socióloga Christine Delphy, cofundadora del Movimiento de Liberación de las Mujeres en 1970, cuando se vivía todo con alegría, con risas y un poco de locura. Entonces se invertía en cambios políticos. Pero hoy se ha perdido ese tono de alegría.

¿Por qué se ha ido al tiempo de estas escuelas de amas de casa?

Encontré unas cuantas películas sobre estas escuelas en Normandía, en una de ellas, una señora contaba que había ido a una de esas escuelas, entre Normandía y Bretaña, cuando tenía 15 o 16 años para estar con sus amigas. Son películas que conserva el Instituto Nacional del Audiovisual y que reflejan la vida que se hacía en esas escuelas. Era divertido y trágico al mismo tiempo. ¡Las chicas estaban encantadas de aprender a planchar! Creo que producto de cierto adormecimiento del júbilo.

La monja fue de la Resistencia, el amante es un antiguo amor... ¿juega un poco al despiste?

Es una comedia al estilo Hitchcock. Quería reflejar el final de una época y la llegada de mayo del 68, pero dándole cierto aire de misterio y no hacer todo evidente o dejar que la gente piense lo establecido para luego abrir los ojos a otra realidad... funciona.

Juliette Binoche, Yolande Moreau y Noémie Lvovsky. A CONTRACORRIENTE FILMS

Esto reflejo la realidad no solo de Francia, aquí teníamos en el franquismo a la Sección Femenina.

Reflejar eso y conseguir algo universal requiere una implicación extrema. Y ese es un proceso que se trabaja desde el guion. Yo siempre trabajo para conseguir una propuesta universal.

El momento trágico de la película es el anuncio de un matrimonio concertado. ¿Era normal?

No era lo habitual en todo el país, pero sí en algunas zonas rurales. Francia es un país muy centralizado, y en Bretaña el porcentaje de población es pequeño, eso ayudaba. Casaban a las jóvenes con hombres que tenían dinero o más posibilidades que las familias.

Hasta hace poco, en Francia las mujeres seguían llevando el apellido del marido aunque se divorciasen, ¿han cambiado hoy las cosas?

Ahora ya no están obligadas al apellido, afortunadamente. Pero me acuerdo, por ejemplo, de las tarjetas de visita de mis padres, ponían: "El señor y la señora..." y el nombre y apellidos de mi padre. Eso me provocaba malestar, era algo que tenía interiorizado.

¿Ha pensado cómo sería el mundo si nada de todo esto hubiera pasado?

¿Cómo sería el mundo? Pues sin el patriarcado, sería un mundo más femenino y justo y que no hubiera evolucionado en esta sociedad salvaje capitalista que está a punto de devorar el planeta. Pero solucionar eso pasa porque los hombres reconozcamos la parte femenina que hay en nosotros. Las luchas por los territorios terminarían.

¿Cómo es la situación hoy de la mujer en el cine francés?

Ahora la situación para la mujer en el cine francés es mejor. Hay una conciencia de lo que se debe hacer, pero es verdad que hasta ahora no se las ha dejado participar como directoras y que la dirección de cine se ha vendido siempre como un oficio de hombres. Hoy se está produciendo un cine más femenino en general o de género andrógino. Yo tengo y me reconozco mis características femeninas y eso me hace estar en paz conmigo mismo. Y quiero decir a las mujeres que un hombre puede ser cómplice de su lucha. La lucha feminista tiene mucho sentido y es algo prometedor. ¡Mujeres, estoy con vosotras!

Noémie Lvovsky y Juliette Binoche, en una escena de la película. A CONTRACORRIENTE FILMS