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Los 6.000 no alineados de Esquerra

El 9-M ha precipitado la lucha por liderar el partido pero la mayoría de los militantes aún no están definidos 

FERRAN CASAS

El 9-M, a las 12 de la noche, Puigcercós llegó al hotel Catalonia Ramblas, donde Esquerra tenía la sede electoral. Llegaba de pasar un mal rato en TV3. Perder dos o tres escaños era previsible pero con cinco menos algo debía cambiar rápidamente.

Se había reunido ya la cúpula de ERC. Xavier Vendrell, jefe de la campaña, ofreció dimitir si Carod también se iba. El vicepresidente catalán, que lleva 15 meses saboreando las mieles gubernamentales, dijo que no pero accedió a adelantar el congreso a junio. Antes de la medianoche Carod se fue con los suyos a un bar cercano. En el hotel, Puigcercós y sus afines decidían a las tres de la mañana que dejara el Gobierno para coger el toro del partido por los cuernos y dar, al fin, batalla a Carod sin el corsé gubernamental.

Carod y Puigcercós parecen, después de 12 años de tensa convivencia personal y cuatro de bicefalia, condenados a enfrentarse. No están por la labor de volver a entenderse, como les reclaman algunos militantes y hombres buenos que prefieren no escoger y son incapaces de encontrar diferencias políticas entre ellos.

La militancia escogerá el 7 de junio en un supersábado independentista. En las sedes comarcales se votará secretario general y presidente en doble urna. Una semana después, el congreso, también asambleario, decidirá el resto. Para estar en las papeletas del supersábado será necesario el aval (uno por militante) de entre el 5% y el 10% de las bases, requisito que puede excluir a los críticos. De los 10.000 militantes, entre 3 y 5.000 están "ubicados" y gana Puigcercós. Los otros 6.000 son una incógnita. Por eso Carod, gracias a su verbo fácil y persuasivo, se ve con posibilidades.

Oyendo a los cuatro en liza (los críticos Joan Carretero y Uriel Bertran quieren estar) nadie quiere romper el tripartito, pero sólo Carod garantiza al 100% que siga. Puigcercós quiere ganar y después ya se verá.

Moqueta y trinchera

El secretario general quiere evitar la bronca forzando a Carod a cederle el cartel en 2010. Si lo hace podrá seguir (eso sí, sin autoridad) en el Gobierno y en el campo "de las ideas" y Puigcercós preparará, desde el partido, su candidatura. El ex conseller dice buscar un término medio entre moqueta y trinchera con el que, por ahora, Esquerra ha sido incapaz de dar. De ahí la sangría electoral desde 2004.

Si nadie cede, en breve se concretarán las ofertas de una lucha que se libra también en la red (la comunidad blogger de ERC es amplia). Carod y Puigcercós presentarán sendos libros para fijar su ideario ante la militancia. Toca acentuar las diferencias.

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