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Blázquez a los obispos: la fe y la moral católica "no se imponen"

El presidente del episcopado opta hoy a su reelección amenazado por el poder de Rouco Varela

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Blázquez o Rouco. Diálogo o imposición. Los obispos optan hoy por una de estas dos actitudes al elegir a su nuevo presidente, en una votación encajada en el calendario como aperitivo del 9-M. Cambia el censo; sólo 78 papeletas decidirán quién gobierna la jerarquía católica durante los próximos tres años.

El todavía presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, es la apuesta del sector menos reaccionario. Sus palabras abrieron ayer la reunión. Una sola línea, improvisada dentro de su intervención, resumió el espíritu de su mandato: “La Iglesia no quiere imponer la fe cristiana ni la moral católica”. Blázquez estaba flanqueado a derecha e izquierda –puramente escénica– por Rouco Varela y Cañizares.

“Ningún obispo está solo”

El texto que lee el presidente de los obispos para abrir una asamblea, con la expectación añadida de una renovación de cargos, está medido hasta la última coma. Blázquez no acostumbra, además, a improvisar. Ayer sí modificó mínimamente el guión y, con sólo una línea fuera del texto escrito que se facilita a los periodistas, consiguió el titular. El resto de su intervención fue una colección de argumentos contra cualquier tentación de protagonismo dentro de la cúpula de la Iglesia católica española.
Rouco y el sector más reaccionario de la jerarquía han empañado la gestión de Blázquez, parapetados detrás de las pancartas contra el Gobierno. Blázquez ha conseguido del Ejecutivo, mientras tanto, un acuerdo de financiación que perpetúa los privilegios de la Iglesia católica en España.

El trabajo en los despachos es menos visible que las manifestaciones en la calle. ¿Se ha sentido Blázquez eclipsado? “Ningún obispo está solo”, afirmó ayer. “Lo que nos afecta a todos, debe ser tratado entre todos”, advirtió el presidente del episcopado en una intervención cuajada de llamadas al trabajo en común en contra de los personalismos: “Juntos, compartir, encuentro, intercambio, diálogo...”. A su derecha escuchaba atento Rouco Varela.

Desde que fue relevado al frente de los obispos, Rouco no acostumbra a seguir los discursos del presidente de la Conferencia ante el plenario del episcopado y, si lo hace, llega tarde. Ayer fue la excepción; sólo se retrasó unos minutos: siete. ¿Un gesto de conciliación? El detalle no pasó desapercibido para quienes traducen al lenguaje ordinario la minuciosidad con la que se explican quienes aseguran administrar el territorio de lo divino.

Sistach apuesta por Blázquez

Antes de comenzar, el arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach, de perfil moderado, vaticinaba la reelección de Blázquez. “Hay costumbres”, dijo, para referirse a una norma, escrita por los 40 años de historia de la Conferencia Episcopal, que concede a cada presidente de los obispos un segundo mandato consecutivo.

Las leyes invisibles que gobiernan lo que los obispos llaman Casa de la Iglesia hacen muy factible la reelección. En el extremo opuesto, Rouco Varela cuenta cuanto menos con los mismos apoyos que le dejaron hace tres años a sólo un voto de un tercer mandato consecutivo. Los posteriores nombramientos de obispos han reforzado, además, su peso. Si se presenta, ganará.

Hay otra norma escrita con tinta invisible en los usos del episcopado. Aconseja que el número dos compense la deriva, radical o templada, del número uno. El vicepresidente de los obispos es Antonio Cañizares, contrapunto radical de Blázquez. El propio Sistach podría ser el dos de la conferencia si gana Rouco. Sería un premio de consolación para el sector moderado si Blázquez sale hoy derrotado.