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Camps ataca al juez y a las fiscales para desacreditar el juicio

Sostiene que la documentación del caso es "falsa" y que todo es un "brutal" montaje. Admite que recibió regalos del ‘Bigotes’, pero dice que los devolvió

BELÉN TOLEDO

"Los trajes son mi uniforme de trabajo. Mis conciudadanos querrán que vaya bien vestido". La frase la pronunció ayer Francisco Camps desde el banquillo de los acusados y quizá define mejor que ninguna otra el intento por parte del expresident de la Generalitat de convertir un presunto delito en un asunto doméstico sin mayor importancia.

Camps aprovechó todas las preguntas que le hicieron para intentar desacreditar el proceso judicial en el que está inmerso. El exmandatario trató de convencer al jurado popular, formado por 11 ciudadanos, de que la causa es en su integridad un montaje "brutal" destinado a "hacer daño y más daño". El expresident está siendo juzgado desde el pasado lunes por un delito de cohecho pasivo impropio. En concreto, se le acusa de haber aceptado en torno a 14.000 euros en trajes y otras prendas de vestir de la trama corrupta Gürtel (ver especial). En el mismo periodo en el que aceptó las presuntas dádivas, los empresarios que le agasajaron recibieron millones de euros en contratos públicos de la Generalitat que él presidía.

Para intentar deslegitimar todo el proceso, Camps no escatimó en ataques directos a todas las partes intervinientes en el juicio, salvo las defensas. Llegó a dirigirse directamente al magistrado que preside la vista, Juan Climent, para recordarle -e informar, de paso, al jurado- que hace 20 años trabajó como colaborador del único presidente socialista que ha tenido el País Valencià, Joan Lerma.

Para ello aprovechó una pregunta de su abogado, que quiso saber si él, como president de la Generalitat, tenía alguna capacidad para influir en las adjudicaciones que hace esta institución. Camps contestó que no, y añadió que en la sala hay un "testigo excepcional" de la manera de funcionar del Govern valenciano. Este testigo, siguió el expresident, es "Juan Climent, que trabajó en este gabinete durante el Gobierno de Joan Lerma". La respuesta del juez fue pedirle que se ciñera a las preguntas que se le formularan. No sin cierta sorna, le recordó que desde la década de los ochenta, "las leyes de contratación han cambiado mucho".

«Mis conciudadanos querrán que vaya bien vestido», alega el expresident

No obstante, las principales destinatarias de las descalificaciones del expresident fueron las dos representantes de la Fiscalía Anticorrupción. Camps se dirigió a ellas en innumerables ocasiones. Las acusó de ser "las máximas responsables de lo que está pasando aquí". Les reprochó que nunca hayan pedido información sobre su patrimonio, y afirmó que si no lo han hecho es porque saben "que darían en hueso".

Su abogado, Javier Boix, insistió en esta línea de desacreditar a la Fiscalía, presentando sus actuaciones como un despropósito orientado a apuntalar la culpabilidad de Camps. En este sentido, Boix usó su tono más didáctico para intentar convencer al jurado de que las fiscales han seguido adelante con pruebas inconsistentes. "En cualquier otro procedimiento, la Fiscalía lo habría archivado".

En su intervención, Camps calificó el proceso con palabras como "lío", "embrollo" o "despropósito". En ocasiones respondió con ironía a las preguntas de las acusaciones, que quisieron saber todos los detalles de la ropa adquirida. En varios momentos se dirigió directamente a los miembros del jurado, se señaló la ropa y calificó el juicio como "un absurdo" en el que se veía obligado a relatar sus gustos en materia de ropa.

En esta línea, Camps intentó convencer al jurado de que es una víctima de un intrincado montaje. Recuperó la barroca dialéctica de sus años como gobernante y aprovechó cada una de las preguntas que le hicieron para reivindicar su pasado político y lamentar su propia dimisión. "Trabajé de lunes a domingo por los valencianos", afirmó. Acusó a los medios de comunicación de haber publicado noticias falsas sobre su situación judicial.

Camps sostiene que no pide recibos para que no se piense que los carga al erario

Para reforzar la imagen de indefensión que quería proyectar ante el jurado, lamentó no haber podido dar explicaciones en sede judicial desde que declaró en mayo de 2009. El expresident omitió señalar que fue su propia defensa la que presentó abundantes recursos para retrasar el procedimiento, de forma que la llegada del juicio se ha demorado más de dos años.

Por su parte, la Fiscalía centró su interrogatorio en averiguar por qué no hay ningún rastro de que Camps pagara los trajes, ni en forma de tickets ni como movimientos registrados en sus cuentas bancarias. La respuesta del expresident fue que nunca pide tickets de compra para que los vendedores -o los camareros, o cualquiera que haya de cobrarle un producto o un servicio- no crean que pretende cargar ese gasto al erario público. Camps aplicó estos mismos argumentos para explicar por qué no pagó las prendas con su tarjeta de crédito: el exmandatario insistió en que el dependiente podría haber pensado que la tarjeta era con cargo a la Administración. Por eso, explicó, pagó los cientos de euros -en torno a 600, concretó- que costaba cada traje con dinero en efectivo que le proporcionaba su esposa, que es, dijo, la que se ocupa de la economía familiar.

La Fiscalía hizo un concienzudo repaso por toda la documentación contable que acredita que Camps, presuntamente, se llevaba los trajes sin pagarlos y que luego eran las empresas de la trama Gürtel quienes abonaban los gastos. Las representantes del Ministerio Público citaron los tickets con el nombre de Camps que quedaban pendientes de pago, las órdenes que las tiendas daban a la empresa que hacía los trajes a medida, donde también figuraba el apellido del expresident, y finalmente las transferencias o cheques por las que las empresas supuestamente corruptas pagaban.

Camps insistió en que sólo compró cuatro trajes y un par de zapatos entre 2007 y 2008. ¿Por qué, entonces, aparece su nombre en el resto de los documentos?, le preguntaron. Él contestó que todas esas pruebas son "falsas". Le interrogaron sobre las razones que, según él, podrían llevar a las tiendas de ropa, Milano y Forever Young, y a la fábrica de los trajes, Satsgor, a falsificar estos documentos. Dijo que no lo sabía.

La Fiscalía también le interrogó sobre su relación con la trama corrupta. Camps admitió que había conocido en 2002, en actos del PP, a Álvaro Pérez, apodado el Bigotes, quien se convertiría años después en el dirigente de la trama en Valencia. El expresident negó conocer al presunto cabecilla, Francisco Correa.

Recordó que el juez había colaborado hace 20 años con un president del PSOE

El Bigotes organizó la inmensa mayoría de actos electorales del PP valenciano mientras que Camps lo dirigió y, en los mismos años, obtuvo millonarias adjudicaciones de la Generalitat. En el sumario hay conversaciones telefónicas grabadas que atestiguan la amistad que unía a Camps con Pérez. Ayer, en la sala se pudo escuchar una de ellas, en la que Camps llamaba "amiguito del alma" a Pérez. El exmandatario explicó que la relación no era de amistad, sino "cordial". Eso sí, por primera vez admitió que había recibido regalos del Bigotes, aunque dijo que los había devuelto.

Afirmó, además, que nunca habló con él de las adjudicaciones que recibía de la Generalitat y que él no tenía ninguna competencia sobre los contratos públicos.

Camps no contestó a las preguntas de la acusación popular. Alegó que no quería "politizar" el juicio. El abogado del PSOE, sin embargo, aprovechó para lanzar las preguntas que pensaba hacer y mostrar al jurado los documentos en los que se apoyaba.