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El catalán lucha contra el peligro de dejar de ser la lengua de la calle

Es mayoritario en las aulas, pero está en minoría en los medios, el ocio o la Administración del Estado

FERRAN CASAS

El catalán es, al margen del castellano, la lengua del Estado con más vitalidad a juicio de los expertos. Lo es por hablantes (7,2 millones) y producción literaria, pero también por una política lingüística que, en Catalunya, arrancó en 1977 y lo ha llevado a ámbitos que tuvo vetados.
Pero a día de hoy, el catalán libra su gran batalla del uso social en la calle.

Más del 15% de la población catalana es inmigrante y su integración no es fácil. Menos a nivel lingüístico. La mayoría opta por el castellano pese a que la Generalitat se bate el cobre para que el catalán sea lengua de integración como lo fue para centenares de miles de gallegos, andaluces o extremeños llegados en los sesenta y setenta.

El mercado, sobre el que el Govern ha intervenido sin demasiado éxito para garantizar la igualdad, es el otro frente. El catalán está en minoría en el sector del ocio (no hay juegos de ordenador o de consola y la oferta en el cine es irrisoria), ha retrocedido en televisión con las plataformas digitales y la TDT y es simbólico en la Justicia. Su uso ha aumentado en ámbitos como el comercio o el laboral. En las aulas sigue siendo mayoritario tal y como fija el sistema de inmersión lingüística, que la Generalitat se niega a revisar diciendo no a la tercera hora de castellano que decretó Zapatero.

El catalán es hegemónico en primaria. Lo es menos en secundaria y aguanta el tipo en la universidad. Un informe sobre usos lingüísticos de alumnos de 15 años revela que es ajeno para la mitad de adolescentes fuera del colegio, pierde en el patio y es valorado por debajo del castellano y el inglés para encontrar trabajo.

En el País Valenciano el Gobierno de Camps, del PP, no revisa el modelo educativo en catalán pero racanea con la oferta y deja a casi 100.000 alumnos sin inmersión por falta de plazas. En Baleares –donde una facción del PP quiere convertirlo en lengua optativa– el Gobierno progresista de Antich ha enojado a los españolistas al revisar el modelo del PP substituyendo el sistema de un tercio en catalán, otro en castellano y otro en inglés por el de inmersión similar al catalán.

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