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Del caserío de Elgoibar a la frontera franco navarra

Tras conocerse dónde se reunían, Eguiguren y Otegi utilizaron otros refugios

Ó. L. F. / MADRID

Eguiguren y Otegi encontraron en en el caserío Txillarre, de Elgoibar (Guipúzcoa), propiedad de un antiguo militante troskista, el escenario ideal para celebrar los primeros encuentros secretos. La vivienda, dedicada al agroturismo ecológico, cumplía a la perfección una de las normas en la que ambos habían coincidido: discrección. Y así fue hasta que un día uno de los cuatro participantes habituales de la reunión vio cómo un individuo sospechoso se colocaba tras una árbol de la finca. Al saberse descubierto, el desconocido huyó, pero Eguiguren pudo anotar la matrícula del coche. Gestiones posteriores desvelaron que éste pertenecía a los servicios secretos.

El incidente -y el hecho de que el semanario Tiempo desvelase poco después la existencia del caserío- no rompió la confianza entre los interlocutores, pero llevó a PSE y Batasuna a buscar otros escenarios. Así, utilizaron una borda de montaña, cercana a la localidad de Deba, propiedad de Otegi. También, una vivienda perteneciente a la familia de Eguiguren en la localidad costera de Zarautz. Y, a sugerencia de Batasuna, mantuvieron una reunión en Dantxarinea, un pueblo navarro cercano a la frontera con Francia que alcanzó notoriedad a medidados de los ochenta cuando mercenarios franceses de los GAL utilizaron su puesto fronterizo para entregar al secuestrado Segundo Marey al subcomisario José Amedo.

Sin embargo, poco después decidieron volver al caserío de Elgobiar, donde se terminaron celebrando la mayoría de las 38 reuniones entre PSE y Batasuna.

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