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El efecto ilegalización

La mayoría de los nueve escaños de EHAK puede pasar al PNV en las próximas elecciones vascas.

Agredido un concejal del PSE en Pasaia

MANUEL RICO

Las próximas elecciones autonómicas vascas serán, con toda probabilidad, las primeras a las que no se podrá presentar la izquierda abertzale. Y ello tendrá una repercusión clara en la distribución de escaños, puesto que las diferentes marcas electorales de Batasuna siempre han obtenido representación en el Parlamento de Vitoria. En concreto, entre 7 y 14 diputados.

Desde que Batasuna fue ilegalizada en marzo de 2003, se han celebrado en Euskadi seis procesos electorales: las municipales y forales de 2003 y 2007,  las generales de 2004 y 2008, las europeas de 2004 y las vascas de 2005. La izquierda abertzale sólo ha podido concurrir a las autonómicas (con la marca EHAK) y parcialmente a las municipales de 2007 (el Supremo anuló 133 listas de ANV y permitió que se presentasen otras 135).

Ahora, tanto en Moncloa como en Ajuria Enea dan por supuesto que el Gobierno de Zapatero solicitará la anulación de las listas que presente la izquierda abertzale a las elecciones vascas, y también que el Supremo encontrará argumentos para excluirlas.

Una suposición que se basa en tres razones sólidas: la política de mano dura contra ETA y su entorno puesta en marcha por Zapatero tras la ruptura de la tregua, las declaraciones en privado de destacados dirigentes socialistas y la experiencia histórica que demuestra que las sentencias del Supremo en esta materia suelen coincidir con las peticiones de la Fiscalía General  y de la Abogacía del Estado.

Ante este escenario inédito, surgen dos preguntas fundamentales: ¿Cómo afectará al reparto de escaños la ausencia de Batasuna?¿Y qué harán los votantes tradicionales de la izquierda abertzale? Para ninguna de las dos preguntas hay una respuesta exacta, pero el análisis del comportamiento del electorado vasco sirve para apuntar hipótesis fiables.

En el caso del reparto de escaños, puede dar alguna pista la proyección de cómo habría quedado el Parlamento vasco tras los comicios de 2005 si se hubiera eliminado a EHAK. El resultado es que los nueve diputados logrados por la izquierda abertzale se habrían repartido de la siguiente forma: cinco para la coalición PNV-EA, dos para el Partido Socialista de Euskadi (PSE) y dos para el PP.

Con esos resultados, los socios del Gobierno tripartito habrían logrado 37 escaños, a uno sólo de la mayoría absoluta. Idéntico número de diputados hubiesen sumado entre PSOE y PP. Así que la llave de la Cámara habría quedado en manos del solitario diputado independentista de Aralar.

Por supuesto, hay que tener en cuenta que esta proyección está distorsionada por dos circunstancias. Primero, que cualquier resultado electoral es la foto fija de un día, que 24 horas después ya no sería exactamente igual, y en consecuencia el panorama electoral vasco en 2008 no es el mismo que en 2005. Y, segundo, que es imposible saber qué habrían hecho los votantes de EHAK si el partido hubiese sido ilegalizado antes de acudir a las urnas.

A pesar de estas salvedades, resulta legítimo concluir que el gran beneficiado de la ausencia de EHAK en las urnas sería el PNV. Con una sola condición: los nacionalistas de Ibarretxe tienen que mantener su claro dominio electoral en Guipúzcoa, que es donde la izquierda abertzale logra siempre más diputados (cinco en las últimas elecciones) y, por tanto, donde existe mayor botín de escaños a repartir. En 2005, el PNV logró en Guipúzcoa el 38,3% de los votos, la misma cifra que el segundo y el tercer partido juntos (20,2% del PSE y 18,2% de EHAK).

En los otros dos territorios, Álava y Vizcaya, la disputa por los diputados que ahora tiene EHAK parece más fácil de predecir: uno debería ir al PNV y otro al partido constitucionalista más votado (todo apunta al PSE).

En cuanto al comportamiento que tendrán los votantes tradicionales de la izquierda abertzale, si se confirma que no puede presentar ninguna marca a las próximas elecciones, la predicción más fiable es la siguiente: la mayoría seguirá la consigna que ordene Batasuna (abstención o voto nulo), pero habrá un porcentaje no despreciable que introducirá una papeleta en las urnas, sobre todo en las localidades más urbanas.

La fidelidad del núcleo duro abertzale está fuera de toda duda. En las circunstancias más adversas, por ejemplo en las autonómicas de 2001, tras la ruptura de las negociaciones entre el Gobierno del PP y ETA y con la banda terrorista en plena vorágine asesina, más de 140.000 electores metieron en el sobre la papeleta de Euskal Herritarrok (EH).

Pero también hay fugas. En esas mismas elecciones de 2001, cuando la izquierda abertzale obtuvo los peores resultados de su historia, una parte de sus votantes decidió apoyar a Ibarretxe ante el temor de que pudiese convertirse en lehendakari Jaime Mayor Oreja. El PNV batió entonces todas sus marcas electorales, al sumar 604.000 votos.

Y algo similar ha ocurrido el 9-M. La asbtención, que fue la apuesta de Batasuna, alcanzó en el País Vasco el 35,1% del censo. Pues bien, la abstención media de todas las elecciones forales, autonómicas y generales celebradas en Euskadi durante la última década se sitúa en el 31,7%. Y es evidente que la parroquia abertzale supera ese 4% de diferencia.

¿Qué papeleta escogerán en las próximas vascas los abertzales que decidan ir a las urnas? En el Gobierno vasco están convencidos de que la mayoría se pueden ir al PNV, sobre todo si apuesta con claridad por el discurso soberanista del lehendakari Ibarretxe, o a una Ezker Batua que defiende el derecho de autodeterminación.

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