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El último enigma del crimen de Fago

La escopeta usada aún no ha aparecido y los investigadores creen que puede llevar a un segundo implicado

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Se busca escopeta de postas de cañones paralelos y del calibre 12. La investigación del crimen de Fago (Huesca), el que costó la vida el 12 de enero de 2007 al alcalde de esta pequeña localidad, Miguel Grima, fue capaz de poner nombre al presunto autor del mismo, el guarda forestal Santiago Mainar, e, incluso, de reconstruir paso a paso cómo se cometió el asesinato.

Sin embargo, los investigadores nunca lograron localizar el arma que aquella noche disparó el cartucho que hizo que seis perdigones impactaran en el pecho de Grima. Dónde está la escopeta es el último gran enigma de aquel suceso, que se empezará a juzgar mañana en la Audiencia Provincial de Huesca.

Agentes que participaron en las investigaciones y fuentes jurídicas conocedoras del sumario reconocen a Público que, si se hubiera hallado el arma, tal vez Mainar no se sentaría solo en el banquillo de los acusados.

Los agentes no creen la versión de Mainar sobre cómo halló el arma y se deshizo de ella

Los únicos datos sobre el modelo del arma y su origen los dio el propio Mainar el 2 de febrero de 2007. Aquel día, y con los pruebas que contra él habían recopilado los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, la jueza que instruía el caso ordenó su detención y el registro de su casa.

Al poco de llegar a la vivienda, el guarda forestal sorprendió a los agentes que le iban a arrestar y pidió declarar. Durante 4 horas y 27 minutos, detalló con pelos y señales cómo cometió supuestamente el crimen. Un relato 'coherente' con los datos recogidos por los investigadores y que, sin embargo, contenía lagunas en uno de los puntos claves: cómo consiguió la escopeta del crimen y qué hizo para deshacerse de ella.

En aquella declaración, la única autoinculpatoria de Mainar, que días después comenzó a clamar por su inocencia, este aseguró que el arma que supuestamente utilizó la había encontrado abandonada dos años antes en una zona de monte que solía recorrer por su trabajo dentro de una bolsa 'de basura' y que la había dejado allí. El acusado señaló que el día del crimen paseaba por aquel paraje y, al ver de nuevo la escopeta, sintió 'un impulso raro' y la cogió.

De allí, fue a su casa y, más tarde, a una de sus naves, donde se hizo con un cartucho de postas que guardaba. Metió todo en una bolsa y salió en dirección al lugar de la emboscada. Sobre las diez de esa noche, disparó ese único cartucho que mató al alcalde Fago.

Los investigadores sospechan que alguien se la dejó y que él no lo delata «por lealtad»

Al día siguiente de su detención, los guardias civiles le pidieron que les acompañara al lugar donde había asegurado que había encontrado la escopeta para confirmar una versión que no terminaba de cuadrarles. Mainar aceptó y se subió junto a cuatro agentes y su abogado a un todoterreno que partió hacia el lugar que él había indicado: un paraje conocido como El Cuibilar, cerca de Villarreal de la Canal.

'Íbamos con la mosca detrás de la oreja', recuerda un agente que participó en aquella reconstrucción y que aún se pregunta cómo una escopeta puede estar dos años abandonada a la intemperie en un paraje donde el frío, la lluvia y la nieve son habituales con la simple protección de una bolsa de plástico y funcionar a la perfección el día del crimen.

Cuando Mainar les indicó el lugar exacto e, incluso, escenificó con un palo cómo estaba depositada la escopeta, los agentes acrecentaron sus sospechas de que el guarda forestal mentía. No había ningún indicio de que allí hubiera estado depositado ningún objeto durante dos años. 'El terreno debería haber tenido alguna señal: la vegetación menos crecida, la tierra de otro color.

Pero no había nada', apunta uno de los investigadores. Los guardias civiles le preguntaron entonces por qué no denunció su hallazgo cuando la encontró. Mainar tampoco tuvo una respuesta convincente: 'No avisé porque pensé que el dueño la habría dejado ahí por algo'.

La Guardia Civil decidió, no obstante, peinar la zona en busca de cartuchos y otras armas con un detector de metales, pero el resultado fue negativo. También lo fueron los registros a los que se sometió a las naves del sospechoso, donde sí encontraron una caja de cartuchos de la marca Winchester y dos cajas más de la marca Dynamit Nobel. De la escopeta y de las postas, ni rastro.

Se analizaron una decena de armas de cazadores del pueblo sin resultado

Pero si poco creíble era para los investigadores la versión sobre el origen del arma, aún menos fiabilidad dieron a la que dio el acusado para explicar cómo se deshizo de la escopeta. 'Iba pensando qué hacer cuando cogí dirección a Jaca y, al llegar a Puente La Reina, vi un camión parado delante del restaurante Anaya. Tenía matrícula rara, como de Europa del Este, y en unos huecos de la parte trasera dejé la bolsa con la escopeta y la cazadora', declaró escuetamente Mainar.

Los investigadores dudaron: 'Estaba claro que quería pasar de puntillas por este detalle'. De hecho, uno de los agentes le quiso tirar en ese momento de la lengua y puso en duda sus palabras, que era imposible que nadie le hubiera visto en el aparcamiento de aquel restaurante de carretera. Mainar no rebatió las palabras del guardia civil. Los investigadores están convencidos de que, de ser cierta las palabras del encausado, el arma hubiera salido despedida en cualquier curva y, finalmente, se hubiera localizado en una cuneta.

Una de las hipótesis que en su día manejó la Guardia Civil y que, como reconoce uno de los agentes, aún mantiene es que el arma era de otra persona y que esta se lo dejó a Mainar a sabiendas de lo que iba a hacer con ella. 'Luego, Mainar pudo devolvérsela y ambos callaron: el dueño del arma, para evitar ser inculpado; Mainar, para no incriminarlo por lealtad'. ¿Quién? Las personas que aunaban la condición de amigos de Mainar y enemigos de Grima, que no eran pocos, concentraron entonces todas las sospechas. La Guardia Civil requisó y analizó una decena de escopetas de cazadores en busca del arma y recogió ADN de sus dueños sin resultado.

¿De dónde salió entonces la escopeta? El fiscal y las acusaciones han aceptado en sus escritos de acusación como válida la versión de Mainar y, de hecho, piden para él un año de cárcel por tenencia ilícita de armas, a sumar a los 20 por asesinato. Pero los investigadores se resisten a creer aquella versión y algunos se siguen decantando por la hipótesis de que alguien se la prestó. 'Pero no lo sabremos hasta que encontremos el arma y eso es posible que nunca se consiga', reconocen.

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