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Los expertos urgen una regulación de los debates

Sólo dos de las diez elecciones generales han contado con un cara a cara entre candidatos. El vacío legal permite abusos y menosprecio al pluralismo

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De la niña de Rajoy al 'Buenas noches y buena suerte', al estilo del periodista Edward Murrow, con el que José Luis Rodríguez Zapatero se despidió de los espectadores antes de las generales de 2008. Los debates electorales en televisión, además de anécdotas como estas, dejan una sucesión de artículos de opinión, análisis de expertos y reacciones políticas. Siempre que los haya, claro.

La legislación guarda silencio y no es un formato asentado en la cultura política española, por lo que los duelos televisivos entre candidatos a la Presidencia del Gobierno quedan supeditados a la voluntad de debatir que tengan los diferentes cabezas de lista y a los acuerdos a los que lleguen sus equipos de campaña.

Todas las cadenas generalistas han hecho ya una oferta a Rajoy y Rubalcaba

En los diez procesos electorales generales de la democracia, sólo ha habido debates en dos. En 1993, Felipe González y José María Aznar fueron los pioneros de una práctica que no volvió a repetirse hasta 2008, cuando Mariano Rajoy y Zapatero se vieron las caras en dos encuentros organizados por la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión, que cedió la señal a las cadenas de radio y TV que la solicitaron. En 2004, el presidente del PP se había negado a debatir con el secretario general de los socialistas.

Aunque todo apunta a que Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba se verán las caras en televisión antes del 20-N, la certeza no es completa. Las televisiones y la Academia ya han hecho sus ofertas, pero los colaboradores de ambos candidatos aún no se han sentado para estudiar las fechas y el formato. Los socialistas dicen estar dispuestos a que su cabeza de lista asista 'a todos los debates que se propongan desde cualquier cadena'. Los conservadores prefieren reservarse hasta que no empiecen a dialogar con el PSOE.

Con la ley en la mano, nadie puede obligar a los candidatos a enfrentarse delante de las cámaras. El catedrático de la Universidad de Granada Victoriano Ramírez reprueba esta circunstancia. 'Por supuesto que debería regularse. El libre albedrío conduce a injusticias. Los partidos más pequeños, que no suelen tener mucho poder económico ni político, son víctimas habituales de esa falta de legislación', afirma.

A estas alturas es impensable que no haya un careo entre candidatos

Alfredo Arceo, profesor de la Complutense experto en temas de comunicación electoral, refuerza con más argumentos la necesidad de legislar. Asegura que los debates televisados tienen una importancia 'alta' y que contribuyen al aumento de los índices de participación en los comicios. 'No podemos estar al capricho de los intereses de los partidos, porque normalmente estos cara a cara interesan más al candidato peor situado en las encuestas. Sería muy importante que la legislación los tuviese en cuenta', alega.

Aunque con matices, el profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas Ignacio Urquizu defiende un criterio similar. Opina que una regulación de los debates electorales en televisión sería 'positiva' para 'mejorar la calidad de la democracia', si bien señala que una institucionalización excesiva podría acarrear pérdida de originalidad. 'Lo mejor sería que no hiciera falta legislar', asegura.

Pero ¿cómo encontrar una fórmula que medie entre el reglamento y la espontaneidad de la que no debe adolecer un debate? 'No es fácil. Es cierto que en otros países los debates son más frescos, los políticos leen menos. No sé si es consecuencia de la regulación de tiempos o de la falta de calidad de nuestros políticos', argumenta Urquizu.

En el otro lado está Alberto Penadés, profesor de la Universidad de Salamanca. Se muestra tajante: 'No debería estar regulado'. Y pasa la pelota a las empresas informativas. 'Los medios de comunicación deberían convocar los debates, avisar a los candidatos y poner las sillas. Es tan sencillo como que los políticos que no asistan quedarán en evidencia', señala.

En un sistema que vira cada vez más hacia el bipartidismo, pero en el que existen 12 fuerzas parlamentarias, combinar pluralidad y eficacia en los debates es otro de los objetivos. 'A la gente le interesa saber lo que va a hacer quien va a gobernar. Ante el riesgo de que los minoritarios utilicen el debate para llevarlo a los temas de su propia agenda, parece más interesante un cara a cara', afirma Urquizu.

A priori, tampoco parece fácil encontrar fórmulas intermedias que garanticen el equilibrio sin que se pierda interés para los ciudadanos y sin caer en el extremo de formatos como en el que participaron los candidatos a la Presidencia de la Generalitat Valenciana el pasado 6 de mayo y en el que los participantes no tenían siquiera posibilidad de réplica.

El catedrático Ramírez cree que debería garantizarse la diversidad. 'En la situación actual hay dos grandes partidos y todas las demás formaciones medianas están muy distanciadas de ellos, por lo que está justificado que haya algún o algunos cara a cara entre los dos principales', explica. 'Sin embargo agrega sería interesante diseñar alguna fórmula en la que participen los cinco o seis partidos con mayores expectativas de voto'.

Precisamente, la participación en los debates electorales televisados ha sido uno de los caballos de batalla de IU, la tercera fuerza política en número de votos. Ni en 1993 ni en 2008 los candidatos de la formación tuvieron la oportunidad de batirse con socialistas y conservadores delante de las cámaras.

Tanto es así que el 25 de febrero de 2008, en plena campaña electoral, el día que Rajoy y Zapatero debatieron en televisión, el candidato de IU, Gaspar Llamazares, se pertrechó de dos clones de los duelistas elaborados en cartón con los que asistió a los actos que tenía previstos durante la jornada. Fue su manera de denunciar cómo PP y PSOE fomentan un debate que tildó de 'exclusivo'. Fuentes de IU aseguran que la federación recurrirá a la Junta Electoral Central si vuelven a ser excluidos de un hipotético debate. 'No es compensatorio un debate a seis o siete. Estamos en nuestro derecho de defender nuestros intereses', señalan.

Las mayorías nacionalistas también apuestan por otras fórmulas. CiU reclama un 'debate a tres, junto a PP y PSOE' porque considera que su presencia en la próxima legislatura será 'dominante'. Mientras, el PNV aboga por una fórmula 'amplia' que acoja a todo el arco parlamentario.

En la misma línea se expresaron los portavoces de otras formaciones minoritarias. 'No nos gusta la vida en blanco y negro, cuanto más plural sean los debates, mejor', apuntan desde ICV. En ERC opinan que es positivo que en los debates haya 'una voz discrepante' para plantar cara a 'esos dos partidos que muchas veces defienden lo mismo'.

Desde el BNG, se manifiestan 'a favor del pluralismo político, sin exclusiones', al igual que en Coalición Canaria, donde apuestan por un formato 'abierto a todas las fuerzas parlamentarias'. UPyD también solicita un debate 'en el que se incluya a todos', al igual que Nafarroa Bai, que asegura preferir este formato frente al bipartidismo.

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