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Nunca hubo desembarco de rehenes

El 5 de noviembre se produjo una "maniobra de despiste" para presionar al Gobierno

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La coreografía del miedo que desencadenó el momento de mayor tensión a bordo del Alakrana, el pasado 5 de noviembre, fue un dramático ejercicio de presión con actores reales, los tripulantes, y un guión ficticio: el desembarco de tres marineros a tierra entre amenazas de muerte. No llegaron a abandonar el barco.

El pasado 5 de noviembre, la llamada de varios tripulantes a sus familias disparó todas las alarmas al trasladar el endurecimiento de las amenazas de sus captores. Según su relato, tres miembros de la tripulación habían sido conducidos a tierra para entregarlos a los familiares de los dos piratas detenidos en España.

Una vez concluido el secuestro, todos los testimonios hacen pensar que se trató de una 'maniobra de despiste', como la califica el capitán del pesquero, Iker Galbarriatu, quien asegura que nunca fueron desembarcados, sino retenidos en un camarote al que ningún tripulante tenía acceso.

Este relato, unido a la escueta explicación del Jefe del Estado Mayor de la Defensa, José Julio Rodríguez, deja claro que los secuestradores únicamente trataron -y consiguieron- multiplicar la presión sobre el Gobierno aplicando una dosis mayor de incertidumbre en las familias de los tripulantes.

Defensa manejó en ese momento crítico informes de los servicios de inteligencia que indicaron 'que podía ser que [los tres rehenes separados del grupo] estuvieran en la playa', aunque posteriormente, los mismos servicios 'mostraron que estaban a bordo'.

El primer ministro somalí confirmó al responsable español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos 'que los tres estaban en el barco', según ha explicado la titular de Defensa, Carme Chacón. Fuentes de su departamento señalaron a Público que, a pesar de las amenazas proferidas, los disparos que las acompañaron y la puesta en escena aplicada, que incluyó cubrir con capuchas a los rehenes elegidos al azar, nunca llegaron a salir del Alakrana.

Aún así, cumplieron su objetivo a miles de millas de distancia, en España, donde se abrieron las primeras fisuras políticas evidentes y el secuestro del atunero regresó a un primer plano de actualidad que no abandonó hasta su liberación.

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