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Joan Laporta se deja querer

El presidente del Barça se trabaja un perfil político que alimenta especulaciones en CiU y ERC

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Desde el otro lado de la mesa mi interlocutor, un destacado jefe de prensa del PSC, baja la voz y me pregunta con un punto de ansiedad:

—Oye, ¿tú ves a Laporta de candidato?

Yo, entre perplejo e intrigado, respondo: 'No veo tan mal a Artur Mas ahora...'.

—No, no. Candidato al Ayuntamiento [de Barcelona], no a la Generalitat.

Esta anécdota reciente refleja hasta qué punto la figura de Joan Laporta revolotea por encima de un panorama político catalán venido a menos en los últimos tiempos, sobre todo en el campo nacionalista. Una persona que le conoce admite que cuando se le habla de esta posibilidad, de su paso a la política activa, “se le ve en la cara que le hace tilín, pero no es cierto que haya ningún plan establecido o una oportunidad definida”.

La haya o no, lo cierto es que Laporta no ha escondido nunca su ideología independentista, es más, hace gala de ella, cosa que le convierte en objeto de críticas por parte de ciertos grupos mediáticos con sede en Madrid. Sin ir más lejos, el martes pasado Laporta dijo durante una charla en el Instituto Francés: “Cuando voy por el mundo explicando mi país, que es Catalunya, que tiene una lengua propia, que es el catalán, que además es un país entre Francia y España, un pequeño país pero que además tiene una historia milenaria... Intento explicar las cosas bonitas del país”.

No pasaron muchos minutos antes de que estas palabras fueran reproducidas en diarios digitales y programas de radio sazonados de insultos contra Laporta.

'Els Segadors' en el móvil

Para él se trata de una cuestión de principios y ya su campaña se basó en buena parte en recuperar las señas de identidad catalanas de un club que había estado en manos de personas próximas al PP, como Joan Gaspart.

El periodista Àlex Santos acaba de publicar un libro con el expresivo título de L’entorn. Joan Laporta en la lluita pel poder (El entorno. Joan Laporta en la lucha por el poder) donde incluye una divertida anécdota de esa campaña. Explica Santos que Laporta se hizo llamar al móvil durante un debate en la radio para que todo el mundo escuchara que tenía como melodía en su teléfono Els Segadors, el himno nacional de Catalunya. Santos también escribe que “el FC Barcelona es una de las mejores oportunidades de promoción social que existen en Catalunya, donde difícilmente se puede encontrar otro espacio o actividad que permita un ascenso tan vertiginoso”.

Relaciones peligrosas

Pero, ¿qué hay de cierto en las aspiraciones políticas de Laporta? Según las fuentes consultadas hay más literatura que otra cosa. Pero no hay duda de que al presidente del Barça le gusta verse con políticos (hay cola para compartir el palco presidencial) y, por supuesto, muchos de ellos buscan una foto con él.

En la campaña de las pasadas elecciones catalanas, Laporta sorprendió a propios y extraños posando junto a Artur Mas en una céntrica terraza barcelonesa. Se le hizo ver que el club no podía aparecer vinculado a ningún partido y al día siguiente se tuvo que improvisar un encuentro con José Montilla. Es también conocida la buena relación entre Laporta y el dirigente de Esquerra Joan Puigcercós. De hecho, Laporta ha cuidado las relaciones con las dos grandes familias nacionalistas, la de CiU y la de ERC, en una calculada equidistancia.

Un franquista en la junta

Joan Laporta es una de las pocas figuras que genera un cierto consenso entre el independentismo. Aunque hay un capítulo que emborrona su intachable hoja de servicios (apoyo al Estatut, a las selecciones catalanas, a la lengua propia, negativa a que los benjamines del club desfilen bajo los acordes del himno español, etc.), y ése no es otro que el incomprensible fichaje de su cuñado, el reconocido franquista Alejandro Echevarría, para hacerse cargo de la seguridad del club y de la suya propia. Laporta quiso mantenerlo contra viento y marea ante las acusaciones de que Echevarría era patrono de la Fundación Francisco Franco, pero al final tuvo que aceptar la dimisión de su cuñado. La imagen de catalanista sin mácula de Laporta quedó tocada.

Otra de las cosas que genera dudas es su carácter irascible, que le ha llevado a protagonizar incidentes desagradables como cuando se quitó los pantalones en un control aeroportuario entre gritos a los guardias civiles. Un amigo suyo quita hierro al asunto ya que “es una persona que vive en un entorno de mucha tensión y todo el mundo puede perder los nervios en un momento dado”.

Sea como fuere, Laporta se deja querer. Aunque con el sistema de partidos actual es muy difícil que un independiente como él pueda ser candidato, lo importante es estar en el candelero. ¿Y qué mejor plataforma que el palco del Camp Nou?