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La Ley Antitabaco entra en vigor con "normalidad"

Sanidad destaca el civismo de los fumadores, que salieron a las puertas de los bares

VANESSA PI

Los bares y cafeterías olían ayer a comida y a cafés. La entrada en vigor de la Ley Antitabaco eliminó ayer de la ropa, del pelo y de las paredes de los locales el olor a tabaco. Los fumadores ocuparon las terrazas el único espacio de los restaurantes y establecimientos de hostelería donde se permite fumar y salieron a las puertas de los locales a echarse el pitillo.

A la espera de que pasen los días y las semanas para realizar un balance cuantitativo del cumplimiento de la norma, en las calles, los ciudadanos demostraron conocer la prohibición. El Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad destacó "la normalidad" de la jornada. Así, el primer balance del Gobierno, cuando no habían pasado ni 24 horas de la entrada en vigor de la ley, fue que esta se estaba cumpliendo. "A la gente le estará costando más o menos el cambio, pero los locales están tan llenos como de costumbre y los ciudadanos salen a la calle a fumar", aseguraron fuentes de Sanidad a Público.

"Los locales están tan llenos como de costumbre", destaca Sanidad

En la céntrica plaza madrileña de Santa Ana, las terrazas estaban tan llenas como un domingo cualquiera. Sara y sus amigos Mónica y Claudio no encontraron sitio en ninguna. Por eso fumaban a las puertas de uno de los bares. "Con lo que me gusta compaginar el cigarrito con la cerveza y no me la han dejado sacar", lamentaba Sara. "Entiendo que hay que ser respetuoso con quien no fuma, pero que te lo prohíban así...", añadía Mónica.

A unos metros de este grupo de amigos, a las puertas de otra taberna de tapas, Alfonso, ex fumador, charlaba con su amigo David, que había salido a la calle para echarse un pitillo. Ambos aplaudían el endurecimiento de la ley, pero no verían mal que hubiera bares sólo para fumadores. "Ahora vamos a hacer más amigos", bromeaba David. Las conversaciones fluían a las puertas de los bares, el humo unió a desconocidos.

Los locales emblemáticos de las ciudades, esos cuya historia ha estado ligada al humo del tabaco, se adaptaron sin problemas a la ley. "Yo estoy encantada, cuando entro a un bar y la gente fuma, me voy. Pero también debe haber sitios separados para fumadores", aseguraba Marisol, que compartía unas tapas con dos amigas en la barra del café Gijón de Madrid. Este es uno de esos locales que lleva décadas alojando a artistas e intelectuales cuyas ideas fluyen al ritmo de sus bocanadas de humo.

"Mi negocio se verá muy perjudicado", dice el dueño del Cafè de l'Òpera

Otra cosa es que la clientela fija también se adapte a la prohibición de fumar. "Esto se verá el lunes de la semana que viene, cuando vengan los clientes habituales, los tertulianos que llevan reuniendose desde hace 30 años aquí", explica José Martínez, uno de los encargados del café Gijón.

La mayoría de sus empleados, explica, son fumadores. Hasta ayer, se refugiaban para fumar en alguna de las áreas del local vedadas al público. "Ahora están locos para que les toque trabajar en la terraza", que se abre en primavera, asegura el encargado. Carlos y José, camareros del café, son la excepción. "Yo no fumo. Y mi salud agradecerá que tampoco lo hagan los clientes. Veremos si también lo agradece la nómina", explica el primero. José es más positivo: "La gente se habituará", aseguraconvencido.

En Barcelona, el histórico Café de l'Òpera contaba ayer con más gente en la puerta que dentro. "Esto es una discriminación. Estamos peor considerados que los presos. Ellos en las cárceles pueden fumar", aseguraba José, un cliente que se resistía a aceptar la nueva ley. A este grupo de fumadores se sumó un estudiante de 23 años que pidió su café en vaso de plástico para poder acompañarlo de un cigarrillo.

Los músicos y los trabajadores del Teatro del Liceo, situado justo enfrente del local, al otro lado de La Rambla, son los principales clientes del café. "Hay quien sólo venía aquí a fumar y ahora se quedará en la calle", lamentaba Andreu Ros, dueño del local. Este hombre de 37 años representa la tercera generación de propietarios del café. "Esta ley me ayuda a mí, porque no fumo, pero mi negocio se verá muy perjudicado", augura. No obstante, reconoce que su abuelo, fundador del Café de l'Òpera, "no ha fumado nunca, pero tiene los pulmones negros de trabajar todo el día en el local", informa Rosa Fernández.

A diario, el café baja sus persianas a las tres de la madrugada. El sábado, a las doce de la noche, hora en la que entraba en vigor la ley, tuvieron que obligar a los clientes a apagar sus cigarrillos. "Fue una situación muy violenta, en un minuto retiramos los ceniceros y colgamos el cartel de prohibido fumar en la puerta", explica Ros. El propietario del local teme que su facturación "baje en picado", pero se anima pensando que "la competencia tampoco deja fumar".

En Sevilla, en El Rinconcillo, la taberna con más siglos de la ciudad, el único humo que pululaba ayer era el vapor que salía al abrir el lavaplatos. Marchando una cervecita, una tapa de pavía, otra de caña de lomo, un par de cervezas más Todo parecía estar en orden hasta que un inoportuno "¿Qué tal lo llevas?" procedente de un afiliado de la liga antitabaco abrió la caja de los truenos. "Pues jodido", respondió con brusquedad un hombre pegado a un cigarrillo apagado en la antigua zona para fumadores.

La ronda de ayer duró poco y costó menos: media hora y 15 euros. "Antes este cliente, que es habitual, venía con sus amigos y se pasaban mucho más tiempo, en eso se va a notar mucho", dice el camarero Miguel Escamilla, otro fumador que no sabe aún muy bien cómo hará frente al endurecimiento de la ley.

Hasta las dos y media de la tarde el establecimiento abre en torno a la una, los camareros habían tenido que llamar la atención a dos clientes que llegaron incluso a dar unas cuantas caladas a sus pitillos. "No se acordaban de que entraba en vigor la ley, es la costumbre", añade entre risas.

En la puerta, llena de colillas pisoteadas, apuraba un cigarrillo Francisco García Gómez, un pintor que, desde los 15 años ahora tiene 75, acude a este bar emblemático de Sevilla, donde cuelgan varias obras suyas. "Yo me acuerdo de las pintadas que hacía la izquierda en las que ponían prohibido prohibir; esto va a ser como la ley seca en Estados Unidos, donde la gente no sólo seguía bebiendo sino que bebía cosas peores, como aguarrás", sostiene ya dentro del local.

Había gente, sin embargo, feliz. "Me parece increíble llegar esta noche a casa y que mi ropa siga oliendo a suavizante", sostiene Clara Ibáñez. "Aunque lo importante, es la salud", puntualiza una amiga, informa Olivia Carballar.

En el País Valencià, el primer día sin humo transcurrió sin incidencias, como destacó el conseller de Sanidad, Manuel Cervera, que defendió las bondades de la norma. "Redundará en una mayor salud de nuestra sociedad y de las generaciones futuras", aseguró el mandatario, del PP. El tabaco mata a unas 55.000 personas cada año en España.

¿Cómo y dónde se puede denunciar a quien fume en un bar?

En primer lugar, se puede dejar constancia de la queja en el libro de reclamaciones del establecimiento donde se haya incumplido la ley, que será el responsable y por tanto tendrá que pagar la multa. Después, se puede denunciar en una comisaría de la Policía Municipal o en las dependencias autonómicas destinadas a ello. Dependiendo de la comunidad, es el departamento de Salud o el de Consumo quien recibe las quejas. La Asociación de Empresarios por la Calidad del Ocio denunció la "auténtica indefensión" ante las posibles reclamaciones e inspecciones si es el público quien incumple la ley.

¿Y si la infracción se produce en un parque infantil?

Denunciar a quien fume en un parque infantil es más complicado, ya que implica que la persona que quiere poner la denuncia debe conocer la identidad del infractor. Por tanto, debe encararse directamente con él. Sanidad recuerda que el prohibir fumar en los parques infantiles tiene un objetivo "más educativo y disuasorio".

¿La denuncia podrá ser anónima?

El denunciante siempre debe dar sus datos. No obstante, puede solicitar que el demandado no conozca su identidad.

¿Se ha intensificado la inspección de los locales?

La ley no obliga a las autonomías a intensificar sus cuerpos de inspección ni a crear grupos específicos de vigilancia. La mayoría de las autonomías no cambiaron su rutina ayer. 

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