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Tener o no tener...grupo propio en el Congreso

El debate en el PSC sobre la conveniencia de recuperar el grupo parlamentario propio que perdió en 1982 nunca es oficial, pero siempre está presente cuando se discute cómo hacer valer su peso en Madrid

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Quizá pocos lo recuerden pero hubo un tiempo en que en el Congreso había tres grupos parlamentarios socialistas, el del PSOE, el del PSC y el del PSE, que entonces también incluía a los socialistas navarros. Éste hecho atormentaba a Leopoldo Calvo Sotelo, que como jefe de gobierno tenía que ver a tres portavoces socialistas cargando contra sus políticas, hasta el punto que obligó al PSOE a pactar una reforma del reglamento del Congreso para que sólo hubiera un grupo socialista. El PSC, que tenía a un brillante Ernest Lluch como portavoz, aceptó a regañadientes consciente de que se acababa de superar un golpe de estado y el patio no estaba para veleidades territoriales. La autonomía del PSC en el Congreso duró pues desde 1977 a 1982. Desde entonces el tema no se ha vuelto a poner encima de la mesa de forma oficial, pero siempre ha existido un debate soterrado sobre su recuperación. Cuando no era Pasqual Maragall, era Montserrat Tura y si no, como ahora, el influyente conseller de Economía, Antoni Castells.

La postura oficial del PSC es muy simple: el tema no está ahora oficialmente encima de la mesa, pero el partido jamás ha renunciado a la potestad de poder reclamarlo cuando lo crea conveniente. Un alto dirigente del PSC se expresa con franqueza cuando se le pregunta por la cuestión. 'Recuperaremos el grupo parlamentario propio cuando nos convenga. Así de fácil. Y ahora no es el momento ni nos conviene. Lo único que conseguiríamos es convertir al PP en el primer partido del Congreso y enrarecer nuestras relaciones con el PSOE.'

La cuestión entonces es saber en qué circunstancias el PSC podría llegar a la conclusión de que le conviene visualizar sus 25 diputados en Madrid al margen del PSOE de manera que tanto la mayoría parlamentaria como el gobierno pasarían a ser de coalición PSOE-PSC a todos los efectos. Para responder a esta pregunta hay que recordar que el PSC no le ha ido mal hasta ahora. Disfruta de un alto grado de influencia en el socialismo español, tiene voz y voto en las ejecutivas del PSOE, y no tiene que pagar ningún peaje por ello como el resto de federaciones que están obligadas a obedecer las órdenes de Ferraz sin rechistar. El PSC mete mano en el PSOE, pero el PSOE no puede hacer lo mismo con el PSC, tal como se demostró cuando Zapatero intentó sin éxito evitar la reedición del tripartito.

Este hecho provoca el malestar de socialistas como Joaquín Leguina, que en su blog se queja amargamente de que 'Zapatero -en lo que se refiere a la política en, sobre, hacia, tras... Cataluña- no puede hacer nada que incomode a los que mandan -¡y de qué modo!- en el PSC.' Y añade que 'la deriva observada en el PSC, ni su permanente discurso de ‘autonomía total respecto al PSOE' son, precisamente, tranquilizadores para el conjunto del socialismo español'. Estos comentarios fueron contestados el domingo por el secretario de Organización del PSC, José Zaragoza, que acusó a Leguina de defender un discurso 'excéntrico y minoritario' dentro del PSOE. Al margen del grado de representatividad de Leguina, lo que está claro es que existe una cierta casta de barones socialistas (José Bono, Alfonso Guerra, Rodríguez Ibarra) a los que la soberanía del PSC dentro del PSOE les provoca urticaria.

De momento los socialistas catalanes no se plantean recuperar el grupo parlamentario, pero sí que que estudian maneras de hacerse más visibles ante una CiU que quiere sacar rédito a sus diez diputados. Uno de los momentos clave de la pasada campaña electoral ocurrió durante el debate en TV3 de los cinco cabezas de cartel por Barcelona. El periodista Josep Cuní preguntó a la Carme Chacón si, llegado el momento, votaría contra el PSOE en defensa de los intereses de Catalunya. Chacón dijo ‘sí' sin pestañear ni dejar de sonreir .

Con todo son pocos los dirigentes del PSC que se atreven a hablar públicamente sobre este tema para no incomodar al PSOE. Uno de los pocos es Antoni Castells, uno de los pesos pesados del govern. Preguntado el domingo por La Vanguardia al respecto su respuesta no no deja lugar a dudas: 'Mi objetivo es, punto uno, que tengamos voz propia en Madrid. Segundo, que esta voz se exprese siempre en defensa de Catalunya. Tercero, que exista una perfecta sintonía entre la acción del Govern y la actuación de los 25 diputados del PSC.

Y cuarto, que la posición de los 25 diputados del PSC se decida en Catalunya. Si a ello lo llamamos grupo parlamentario propio, puede comprender que no seré yo quien se oponga'. Castells también reclama que en el próximo congreso del PSC de julio se aborde a fondo su proyecto político. Si eso incluye o no el grupo propio ya se sabe, dependerá de la conveniencia.