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Ocho jóvenes a los que Wert hará perder un año de su vida

La subida de tasas impuesta por el ministro de Educación ha abocado a miles de universitarios a una situación académica desesperada. Sólo en Madrid, en el último año, las matrículas se encarecieron un 38%

DANIEL FERNÁNDEZ

Cerca de 7.000 estudiantes de Universidades públicas en Madrid están en riesgo de perder el curso universitario debido al encarecimiento que han experimentado las matrículas después de los recortes a la educación aplicados por el ministro José Ignacio Wert. Las tasas han subido un 38% en el último año en estos centros de la capital de España, lo cual ha abocado a miles de alumnos a una situación académica desesperada, ante la incapacidad de hacer frente al pago de la matrícula, coyuntura que se reproduce en otras regiones del país.

Un grupo de estudiantes, unos afectados de forma directa y otros en solidaridad con sus compañeros, ocupó hace tres semanas el Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) exigiendo soluciones. El encierro ya ha conseguido que la Universidad atendiera algunas de sus prerrogativas como la que permite el pago fraccionado ante la denegación de la beca y una prórroga del abono del mismo hasta septiembre; sin embargo, el fondo destinado a becas de emergencia para esos alumnos a los que no se les ha concedido la beca se pondrá en marcha, según el rector José Carrillo, cuando arranque el curso que viene y no en el presente, como exigían los estudiantes. Los estudiantes han adoptado además otras medidas, como la formación de "cajas de resistencia", un acuerdo entre alumnos que reúnen dinero para apoyar a los compañeros que no puedan afrontar el pago de su matrícula; un objetivo similar al que persigue la Mutualidad de Estudiantes, una asociación de reciente aparición en la UCM.

Pese a todo, son miles de alumnos los que continúan viendo peligrar su curso académico debido a las subidas del coste de las tasas. Ocho de ellos han contado a Público cómo han sido perjudicados por este encarecimiento.

En el año 2005 comenzó a estudiar Pedagogía en la UCM; en el cuarto curso solicitó una beca ya que por motivos económicos no podía costear los gastos de la matrícula. Se la denegaron y tuvo que abandonar la carrera, pero no anuló la matrícula. El curso 2012-2013 quiso iniciar un nuevo grado, Historia del arte, ahora en la Universidad a Distancia (UNED). Después de haber pagado el importe total de la matrícula en dos, a finales de marzo, semana con días festivos por Semana Santa y 6 meses después de haber hecho la matrícula, recibió una carta en la que se le indicaba que faltaba un documento para aceptar su matrícula disponiendo de 10 días hábiles para presentarlo. Dicho papel era el traslado de expediente, cuya fotocopia fue adjuntada en septiembre al realizar la matrícula. En ese momento llamó a la UNED, donde le indicaron que debía dirigirse a la Universidad en la que hizo selectividad para que le trasladaran el expediente, un trámite que cuesta alrededor de 80 euros.

"Necesito interponer un recurso ante el rector para reclamar la anulación de mi matrícula, pero no me dicen cómo"Sara se dirigió al rectorado de la UCM, donde hizo la selectividad, con el dinero en efectivo para pagar el traslado, y allí le dijeron que tenía una deuda pendiente con la Universidad por aquella matrícula que no pudo pagar, de forma que si hubiera anulado la matrícula dentro del plazo no hubiera habido ningún problema, pero, al no haber sido así, si quería que le trasladasen el expediente debía abonar el importe de la matrícula que ya, evidentemente, no iba a estudiar (un montante que rondaba los 600 euros). De nuevo se puso en contacto con la UNED para que se le devolviera el importe de la matrícula, ya que no podía estudiar en la Universidad; pero le dijeron que no era posible ya que no es uno de los supuestos por las cuales se devuelve el importe de las matrículas anuladas. Después de haber puesto reclamaciones, enviado mails y llamar numerosas veces por teléfono no ha obtenido ninguna respuesta, ni solución. La semana pasada recibió una carta de la UNED en la que se le confirmó que su matrícula ha sido anulada con motivo "requerimiento documental no satisfecho" y que tiene un mes para interponer recurso ante el rector, procedimiento que no se le llegó a explicar.

Ruth es educadora social. En noviembre de 2011 se quedó sin trabajo después de trabajar con personas con enfermedad mental. Desde entonces ha mantenido una búsqueda activa de empleo y ha conseguido empleos temporales y precarios: "El sector de la intervención social es uno de los más afectados, junto a educación y sanidad, sólo que es fuertemente invisibilizado", cuenta Rut. Solicitó la Beca de Carácter General al Ministerio de Educación, pero se la denegaron por superar en 300 euros el umbral de renta mínima establecido respecto a sus ingresos de 2011.

"La intervención social es uno de los sectores más afectados, sólo que se invisibiliza" Presentó alegaciones en las que mostraba cómo su situación socioeconómica había empeorado, sin embargo volvieron a denegarle la beca. Al hablar con sus compañeros sobre la imposibilidad de pagar la matrícula, situación que le obligaba a abandonar este curso la Universidad, éstos decidieron ayudarla. Rut y sus compañeros se organizaron y celebraron varias fiestas para obtener fondos económicos con el fin de pagar su matrícula. Ahora se han conformado como colectivo ("Por mí y por todxs mis compañerxs") cuyo objetivo es involucrar a otros estudiantes afectados para que participen. "Aún no hemos obtenido los 1300€ a los que asciende mi matrícula, pero estamos en ello", afirma Rut. Gracias a los y las estudiantes que se han encerrado en el Rectorado de la UCM y que han negociado con la Vicerrectora, ha podido fraccionar el pago de la matrícula en cuatro mensualidades. "Esto sólo es un parche, las tasas universitarias volverán a ascender el curso que viene", augura Rut.

Camilo entró a su Campus Virtual a  finales de abril y vio que todas las asignaturas que tenía dadas de alta habían desaparecido. Miró en su correo institucional y no encontró ningún mensaje. Más tarde llamó a secretaría y le contestaron que le habían anulado la matrícula, algo que no debió haber ocurrido porque Camilo, en tanto que solicitante de la beca general del Ministerio de Educación, estaba exento de pago en caso de que se la concedieran, y en caso contrario debía esperar la notificación de la denegación y, entonces sí, abonar el pago.

"Si no hubiera tenido quien me prestase dinero habría tenido serias dificultades" No obstante, aún estaba a la espera. Preguntó qué tenía que hacer en adelante y le dijeron que debía dirigirse a la coordinación de matrículas a pedir que reactivaran la matrícula, lo cual sólo se hace si pagas en el mismo día, "con que no te dan ni siquiera un plazo razonable para hacerlo", se queja Camilo. Cuando acudió a ese lugar, le dijeron que si era solicitante de beca lo que podía hacer era pagar y, en caso de que le dieran la beca, solicitar la devolución del dinero (para lo cual tardan en ocasiones hasta 9 meses). Les planteó que no podía pagar porque si estaba a la espera de la resolución de la beca es porque no contaba con los medios suficientes para afrontar el coste de la matrícula y le contestaron que mientras no pagara no reactivarían la matrícula.

Acudió entonces a la Unidad de Becas de la UCM, donde le dijeron que con una matrícula anulada existía el riesgo de que le denegaran la beca si el Ministerio comprobaba que el solicitante no estaba matriculado en ninguna Universidad. En esa tesitura se vio forzado a pedir dinero prestado en el marco de una semana dinero y abonarlo. Pagó y reactivaron la matrícula, a las dos semanas le notificaron la concesión de la beca e inmediatamente solicitó la devolución de lo que había pagado. "Si no hubiera tenido quien me prestase, probablemente me hubieran denegado la beca al ver que mi matrícula estaba anulada, y hubiera tenido serias dificultades para terminar la carrera", concluye Camilo.

Gonzalo fue becado hasta el año pasado; sin embargo, este curso, ante la duda de si le darían de nuevo la beca, cogió seis asignaturas: una de tercera matrícula y el resto de primera. No obstante, no conocía que el requisito mínimo para la posible obtención de la beca eran diez asignaturas, el equivalente a 60 créditos. En consecuencia no recibió la ayuda y se vio en la obligación de pagar mil euros. "Mis padres están divorciados, vivo con mi padre y tiene grandes dificultades para obtener ingresos", afirma Gonzalo, "así que realicé el primer pago de 200 euros pero el resto no".

Por este motivo, el 29 de abril su matrícula fue anulada. "Gracias a que ocupamos el rectorado se pudo negociar y ahora tengo hasta el 20 de septiembre para pagar, pero eso no es garantía de que pueda hacerlo", concluye el alumno del grado de Historia.

El año pasado, cuando hizo la matrícula para hacer un grado de la Politécnica, le concedieron una beca que incluía la matrícula y 3.500 euros de movilidad. "En ningún momento al solicitar la beca leí que se trataba de un préstamo que si no cumplía ciertos requisitos tendría que devolver", relata Isabel, "lo que sabía es que si no aprobaba cierto porcentaje de créditos me retirarían la beca para el año siguiente". Por motivos personales dejó la carrera y no aprobó ese tanto por ciento de créditos, lo que suponía además que no podría volver a solicitarla. "Ahora evidentemente no tengo ese dinero, sólo conservo 2.000 de los 3.500 euros, por lo que no puedo pagarlo", cuenta Isabel. Recientemente ha ido a hablar con el Rectorado de la Politécnica donde le han comunicado que dentro de 2 meses le llegará una carta, y a partir de ese momento se le sumarán intereses desde el momento en el que pedí la beca, intereses que si no paga le haría estar endeudada con Hacienda.

"Mis padres están fatal de dinero; me siento totalmente acorralada"

Por fortuna la carta del Rectorado ha llegado pronto, ya que la recibió en casa este pasado martes, circunstancia que no ha impedido que la actuación de la Universidad haya sido "rara" a ojos de Isabel: "Me han avisado más de un año después y con solo dos meses de plazo para devolver 4.118 euros, la verdad estoy totalmente acorralada". "Mis padres están fatal de dinero, de hecho por eso me dieron esa cantidad en la beca del año pasado", sentencia la alumna de Historia del Arte.

Sofía debería haberse enfrentado en 2013 a su último año de carrera, pero con el aumento de las tasas ha tenido que ir más despacio. "Desde pequeña vivía con mi abuela y el único ingreso de la casa era su pensión", recuerda Sofía, "así que tuve que buscar trabajo a los 18 años para poder sufragarme yo la carrera". El año pasado su abuela falleció, así que, además de la carrera, tuvo que asumir el coste de la casa y todos los gastos relacionados.

En cursos anteriores, una matrícula estándar de Historia del Arte costaba en torno a 700 euros por una matrícula de 10 asignaturas (unos 11 euros por crédito), pero con las nuevas tarifas implantadas el curso pasado se he visto obligada a matricularse en sólo tres asignaturas, que le han costado 400 euros, un alto costes a pesar de (21 euros el crédito, casi el doble que los cursos anteriores). "De esta manera es inviable sacarse en poco tiempo la carrera", señala Sofía, "además, es imposible pedir beca, puesto que para que la concedan, un requisito fundamental es que el mínimo de créditos matriculados del curso anterior sea 60, un número de créditos que con las nuevas tasas asciende a casi 1300€, y, al igual que yo, seguramente mucha gente no pueda pagar", concluye Sofía.

"Mi nota de corte no era la suficiente para ingresar en Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural, así que decidí empezar historia del arte para conseguir créditos y poder facilitar cambiarme", explica Daira. Sin embargo, su objetivo se vio truncado cuando supo, por voz de su madre, que Conservación y Restauración pasaba de ser un máster a una carrera que se impartía en la Facultad de Bellas Artes.

"Mi madre me apuntó a un curso de restauración para que me fuera familiarizando con la carrera a la vez que conseguía los créditos por historia del arte", pero Daira tuvo que dejar la carrera debido al gasto que suponía para su familia: "Mi madre es una mujer obrera y orgullosa de toda la vida que trabaja limpiando casas y mi padre, jubilado, se empeñaban en sacar el dinero de donde pudieran: pedir créditos al banco, mi madre se ofrecería a que la explotasen más laboralmente, pero me negué en rotundo", remata Daira.

Ya el curso pasado Lucía no pudo hacer frente al coste de la matrícula porque se encontraba desempleada y sin prestación durante el período de matriculación, pero justamente el pasado mes de septiembre de este curso, "cuando tenía algo de dinero ahorrado con esfuerzo nos enteramos de que las tasas habían subido un 70% y que no entraba dentro de los requisitos exigidos para obtener la beca de movilidad", explica Lucía, "¿qué trabajador o trabajadora que gana menos de 800 euros al mes puede costearse una habitación en un piso en Madrid, la comida, el transporte y 1700 euros de matrícula universitaria?", se pregunta la alumna de Somosaguas.

"El sistema parece no querer contemplar que existan estudiantes que se costean solas su educación"

Su objetivo de terminar Ciencias Políticas este curso y estudiar un máster, como narra ella misma, "se vio truncado por culpa de la aplicación de unos recortes abrasivos en servicios públicos de una élite gubernamental a una base popular que, atada de pies y manos, no puede decidir su destino".

"El sistema parece no querer contemplar la posibilidad de que existan estudiantes que se costean solas su educación; de lo contrario tendríamos más ayudas estatales y no tendríamos que recurrir a largas jornadas de trabajo que nos impidan ir a clase y matricularnos en todas las asignaturas correspondientes a un año académico", sentencia.

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