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Un proceso de paz entre partidos vascos tras el cese de la violencia

Batasuna asume que no se repita el formato de Loiola, pero no renuncia a los temas tratados

GUILLERMO MALAINA

La meta de Batasuna es lograr, antes de dos años, que se den las condiciones para abrir un nuevo proceso de paz que conduzca al final de la violencia y a la resolución definitiva del "conflicto". Arnaldo Otegi acostumbra a plantearlo como la segunda parte de Loiola, con el convencimiento de que aquellas conversaciones sirvieron para poner encima de la mesa todas las piezas y que ya sólo queda ordenarlas.

La cuestión es, pues, cómo se llega a esa mesa antes de 2011, quiénes podrían sentarse a su alrededor para participar en el eventual proceso de diálogo y si podría haber una sola mesa o dos (una para los partidos y otra para representantes del Gobierno y ETA), tal y como estaba planteado en el anterior proceso de diálogo. Entonces, a los partidos les correspondía alcanzar un acuerdo de calado político, mientras que, de forma paralela, ETA y el Gobierno iban a hablar exclusivamente de una salida para los presos, las víctimas y el proceso de desarme final.

La puesta en marcha de otro proceso para buscar el final dialogado de la violencia depende, en gran medida, de la conclusión a la que llegue ETA en su proceso de reflexión recién anunciado. Evidentemente, una dura ofensiva haría fracasar, o retrasar, los movimientos que se están dando en Batasuna para retomar el pulso político y tratar de favorecer de algún modo una salida negociada.

Fuentes implicadas en las conversaciones de Loiola han señalado a Público que el intento de un nuevo proceso negociador estará supeditado a que, antes, ETA asuma el compromiso inequívoco e irrevocable de dejar las armas.

Sin esa condición, dan por imposible otro tipo de conversaciones, después de que la banda dinamitara su credibilidad en el anterior proceso de Loiola con el atentado cometido en pleno alto el fuego en la T-4, donde mató a los ciudadanos ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.

Según las mismas fuentes, en ese hipotético proceso, con ETA decidida a dejar las armas, el diálogo se desarrollaría en torno a una única mesa de negociación, donde se sentarían tan sólo representantes de los partidos vascos. Las conversaciones deberían desembocar así en un acuerdo entre las fuerzas políticas. Este acuerdo sería finalmente trasladado al Gobierno español para que decidiese sobre el mismo.

Este planteamiento de una única mesa entre los partidos vascos resultaría novedoso, ya que en los tres procesos celebrados hasta ahora, en Argel, Lizarra y Loiola, los distintos gobiernos tuvieron siempre un papel más o menos activo, bien en las negociaciones, bien en los contactos previos al inicio de las mismas.

La izquierda abertzale ilegalizada no ve hoy al Gobierno en la línea de propiciar una salida dialogada. No obstante, según indicó un dirigente cercano a Arnaldo Otegi, resultaría clave para el éxito de cualquier final dialogado que este no se plantee en términos de "derrota". "Hay que favorecer la situación. Y el término derrota no vale, ni para el Estado, ni para la izquierda abertzale.

El Estado se equivoca al cerrarse ahora totalmente a una salida negociada. El Estado no tiene que plantearla como una derrota. Puede defender el proceso como un avance en términos democráticos", manifestó.

Según este interlocutor de Batasuna, son conscientes de que el futuro proceso no podrá ser similar al de Loiola, pero siguen firmes en cuanto a cómo tiene que producirse la resolución del "conflicto". "Nosotros tenemos un modelo cerrado sustentado en tres pilares: el final debe ser dialogado, debe tener contenidos políticos en la medida en que hay un conflicto político, y debe concluir con consecuencias para la política y la paz", concretó.

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