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El PSOE se sienta en el diván

Los expertos no sólo apuntan a la crisis económica como causa de la derrota del 20-N. A la caída han contribuido errores en la gestión del Gobierno, un partido debilitado y una desconexión con la sociedad. Auguran q

CAROLINA MARTÍN

Tras el terremoto electoral del 20-N, el cuadro clínico del PSOE es claro para politólogos y sociólogos. Los socialistas han perdido la confianza y la credibilidad de parte del electorado. Esos cuatro millones de votantes socialistas que eligieron esta vez otras opciones lo han hecho con una grave crisis como telón de fondo, pero su decisión no sólo se explica por el contexto económico. La situación para el PSOE es grave, sostienen los expertos, porque se suma la derrota en las municipales y autonómicas de mayo. Y hace falta, concluyen, una renovación profunda, tanto de personas como de discurso y de organización.

“Salimos heridos de esta derrota”, admitió José Luis Rodríguez Zapatero ante los miembros del Comité Federal el 26 de noviembre. El líder del partido, con una dosis de su tradicional optimismo, también se mostró convencido de que el PSOE será capaz de superar los tiempos difíciles. La pregunta es si la recuperación es posible y qué tendrá que hacer el partido para conseguirla. Lo primero es siempre hacer un buen diagnóstico.

A la hora de analizar las causas de la debacle, los expertos consultados por Público coinciden en señalar la crisis económica como determinante. Sin embargo, hay matices. También los errores del Gobierno y del partido han influido en que la caída sea tan profunda. El propio Zapatero, que señaló a la situación económica como “causa principal” de la derrota, subrayó errores en la gestión de la crisis y de comunicación de las decisiones adoptadas “imputables sólo a nosotros”.

Expertos ven al partido ensimismado e incapaz de conectar con los ciudadanos

El peso de la crisis financiera explica en un 95% la pérdida de apoyo electoral, según el vicepresidente de la Fundación Ideas y miembro de la dirección del PSOE, Jesús Caldera. Sobre todo, por su traslación a la economía real en forma de cinco millones de parados. “Esa es la razón esencial de la derrota”, sostiene, recordando que el paro es una “tragedia” histórica en España.

El dirigente socialista apunta que los resultados “vienen marcados por el calendario. Allí donde ha habido elecciones en los tres últimos años, salvo Hungría y Polonia, los gobiernos han perdido”.

Los efectos de la crisis son incuestionables. Así, el catedrático de sociología de la UNED y director de la Fundación Sistemas, José Felix Tezanos, reconoce que han arrasado gobiernos. Pero no tanto por la crisis en sí misma como por “la forma en que

reaccionan los gobiernos en cuanto a las medidas que aplican y cómo se explican”. Algo que, considera, ha sucedido en España.

Sin restar relevancia a la crisis, el profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y colaborador de la Fundación Alternativas

Ignacio Urquizu apunta al “problema de incoherencia ideológica” que ha visto la ciudadanía en el Gobierno en la segunda parte de la legislatura.

“El votante socialista no ha entendido algunas de las medidas adoptadas”, explica Urquizu, para quien la derrota tal vez hubiera quedado amortiguada si se hubiesen hecho las cosas de otra manera. En esta dirección apunta el catedrático de Ciencia Política de la UCM Julián Santamaría. “El Gobierno ha generado la sensación de que su gestión ha sido pobre”, subraya, al no conseguir superar los efectos de la crisis. Y añade: “Un sector cercano al PSOE ha apreciado un giro ideológico de los socialistas”, como si hubiesen abrazado la ortodoxia neoliberal.

Estos dos factores explican la debacle. Sin embargo, al mirar en perspectiva las dos últimas legislaturas, fuentes socialistas desempolvan otros fallos del Ejecutivo, como el coste que tuvo el proceso de reforma del Estatut para el electorado de Catalunya y el del resto de España. También sostienen que algunas leyes aprobadas, “siendo buenas, no se pensaron suficientemente a la hora de su ejecución”, y provocaron el efecto contrario en la opinión pública, como la Ley de Dependencia y la de Memoria Histórica.

Hubo "buenas" leyes, pero no se pensó cómo aplicarlas: Memoria y Dependencia

La pérdida de confianza en las últimas citas electorales no responde sólo a problemas en la gestión del Gobierno sino también a la situación del partido. Según Santamaría, “el vendaval electoral ha cogido al PSOE en una situación de gran debilidad”. Esta se explica en que la formación no ha sido capaz de “adaptarse a los cambios, reorganizarse, revisar su política de reclutamiento y conectar con la sociedad” en los últimos años. En su opinión, el partido ha estado “muy ensimismado”. Por eso, propone que mire al pasado –más allá de la última experiencia de Gobierno, porque “los vicios vienen de más atrás”– , que haga una reflexión profunda y algo de autocrítica.

La pérdida de vitalidad del partido durante los años de Gobierno es advertida por varios expertos. “Es como si, al estar en el poder, hubieran dejado un poco de lado a la militancia y el debate interno”, explica Urquizu. Una percepción extendida a otros círculos socialistas apartados de la dirección. “La estructura está anticuada y las agrupaciones están dormidas. No se ha encontrado la forma de atraer a nuevos militantes”, señalan las fuentes consultadas, que ponen de relieve la inutilidad de la figura del simpatizante, creada recientemente.

El catedrático de Ciencia Política de la UAM y exdirector del CIS en la primera legislatura de Zapatero, Fernando Vallespín, también mira hacia el interior de la formación, que necesita “un cambio de discurso, de personas, de política de comunicación y de reclutamiento”. Desde su punto de vista, el líder del PSOE consiguió un “partido muy homogéneo colocando a su gente. Cuando el proyecto se ha derrumbado, se encuentra con que no hay banquillo viable”.

Vista la gravedad de la situación que diagnostican los expertos, no es de extrañar que la mayoría crea que la adaptación del PSOE al siglo XXI es difícil.

Los expertos coinciden en que dos meses, los que faltan para el 38º Congreso Federal, son insuficientes para salir del agujero. “La tarea que tienen los socialistas por delante es muy importante. No se agota en los próximos meses y sería bueno que en el Congreso hubiera una señal clara de que han entendido que lo que ha pasado es muy grave”, valora Santamaría.

Para Tezanos, el PSOE vive “una situación de emergencia y va a ser muy difícil que vuelva a sintonizar con esos más de cuatro millones de votantes que han dejado de apoyarle”. Es más, añade, “puede que dejen de hacerlo dos millones más” si no se da con el remedio. Secretario de Formación de los socialistas entre 1988 y 1993, Tezanos cree que hace falta un tercer “proceso de adaptación, similar al realizado en los años 30 del siglo XX [el salto a la política en la II República] y el ejecutado en 1979 [cuando el PSOE abandonó el marxismo]”.

El PSOE ha acusado "el giro ideológico" de 2010 y su falta de modernización

En su opinión, el cambio que espera del PSOE “el ciudadano medio tiene tres vértices: ideológico, programático y organizativo”. Según Vallespín, el “PSOE está en la peor de las situaciones para renovarse”. La censura en las urnas ha sido tan grande que es complicado “encontrar sabia electoral nueva para enamorar a los electores”.

Algo más optimista se muestra Urquizu. “España no ha cambiado ideológicamente y hay una mayoría de izquierdas, ya que algunos han cruzado del PSOE al PP, pero pocos, y los demás se han quedado en casa, por eso creo que hay margen de recuperación”, reflexiona. Y apunta dos factores más que podrían favorecer una recuperación más rápida: lo incierto del escenario político y económico y la tendencia de los partidos a activarse en la oposición.

Caldera reconoce que tiene que haber “una reordenación de las respuestas porque la crisis ha sido, es y probablemente será gravísima un tiempo”. El dirigente reconoce que toca hacer una reflexión estratégica, que es por donde debe empezar el documento programático en el que trabaja de cara al 38º Congreso Federal. Desde su punto de vista, en ese escenario, “con un debate franco y sincero, tenemos posibilidades de salir adelante, esté quien esté y dirija quien dirija” el partido.

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