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Rajoynomics

La caricatura propia de casino de pueblo de la economía -la Rajoynomics- que pretende culpar de la presunta catástrofe al despiste de los que han estado cuatro años al timón de una de las economías que m&aacu

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La brutal polarización de la vida política española que tendrá su expresión en las urnas el próximo domingo día 9 de marzo es un fenómeno que ya causa curiosidad cuando no cierta perplejidad en los grandes medios de comunicación internacionales. En su última edición, por ejemplo, el semanario norteamericano Newsweek, una publicación que se ha caracterizado en el pasado por adular a España, publica un reportaje titulado “El fin del imperio español”. No se refiere a 1898, no, qué va. “La opción entre dos figuras sin brillo es una caída para una nación que parecía gozar una racha de fuertes liderazgos…”, afirma al señalar que tanto José Luis Rodríguez Zapatero como Mariano Rajoy provocan, sostiene, desmoralización en España.“La mediocridad es dura de digerir cuando has gozado del estrellato, y los españoles están descorazonados por el espectáculo de sus líderes cayendo en la pequeñez…”.

Lo primero que le sugiere a uno el reportaje es lisa y llanamente: “Mira de qué púlpito vienen los sermones”. Porque, ¿puede caber alguna duda de que sería muy difícil superar en un campeonato de mediocridad a la política americana durante la presidencia de George W. Bush? Pero la percepción es, como suele decirse, lo que importa. Y no sólo procede del extranjero. Anoche, en el mitin celebrado en el barcelonés Palau de Sant Jordi, un animoso Felipe González decía a voz en cuello dirigiéndose a Rodríguez Zapatero: “Lo habéis hecho muy bien, pero lo habéis explicado mal”.

En otros términos, el ex presidente del Gobierno, elogiado, por cierto, en la publicación ya citada, justifica esa percepción de mediocridad. Pero a pesar de ello, los numerosísimos sondeos realizados, tanto los publicados como los que se mantienen en reserva, han dado como vencedor del próximo domingo a Rodríguez Zapatero. Ninguno de ellos ha consagrado ganador a Rajoy. Cierto es que la diferencia registrada en las encuestas no es grande. Pero, este margen pequeño, que no debe ser interpretado como el veredicto, que sólo se conocerá la noche del domingo, ¿no era hasta cierto punto inevitable?

Aquellos que suelen acudir a la manida explicación de que todo se debe a la deficiente política de comunicación del Gobierno socialista deberían recordar que dos objetivos estratégicos de Rodríguez Zapatero han provocado una erosión tremenda del resto de su programa de realizaciones.

La gran expectativa creada por el propio presidente en el diálogo con la banda terrorista ETA, concebida como la guinda de la legislatura, se transformó en un fracaso. El presidente podrá esgrimir que ha sido culpa de los terroristas. Bien. Podrá añadir, como piensa, que la extraordinaria oposición del Partido Popular debilitó las posibilidades. Bien. Pero, ¿no debía contar con ambas conductas como elementos de la situación al lanzarse al diálogo? Cuando inicias una legislatura marcada a fuego por la tesis vergonzante del PP, aquella de que el 14 de marzo de 2004 hubo en este país un golpe de Estado virtual, ¿cómo ignorar que esa misma oposición se atrincherará para hacer abortar tu plan?

 El segundo objetivo, el remozamiento del Estado de las Autonomías, por así decir, generó, por su deficiente gestión, entre otras cosas, la otra fuente de desgastes. Tampoco cabe la disculpa de que el PP actuó como fuerza de choque.Hubiera sido ilusorio pretender que el PP cedería sus dos fuentes fundamentales de poder electoral y consolidación —el uso de la política antiterrorista y el nacionalismo español— al servicio del Estado como tal. Seamos sinceros, la consecución de ambos objetivos en consenso hubiese sido un gran avance para España, sí, pero el PP razonó, lógicamente, que ello le borraba del horizonte político por muchos años. Y actuó despiadadamente en consecuencia.

Mira por dónde , en los últimos días de esta larga maratón electoral de casi cuatro años, un medio de comunicación extranjero ha jugado, sin buscarlo, un papel estelar. El Financial Times logró conocer de uno de los hombres clave del PP, Gabriel Elorriaga, la estrategia de Mariano Rajoy para ganar el próximo domingo.

“Toda nuestra estrategia está centrada en hacer vacilar a los votantes socialistas. Sabemos que nunca votarán por nosotros. Pero si podemos sembrar suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y los temas nacionalistas, quizá en ese caso se queden en casa. Será difícil incrementar nuestro voto”, declaró a la corresponsal en Madrid, Leslie Crawford.

Es evidente que la estrategia del PP era fomentar, sobre la base de los errores del Gobierno, la desmoralización de los votantes socialistas. Pero he aquí el problema: ya que ni el fracaso del diálogo con ETA ni el nuevo Estatuto de Autonomía catalán debilitaban al PSOE en los sondeos al punto de permitir el sorpasso del PP, el equipo de Rajoy echó mano de un tema que no estaba ni se le esperaba en la campaña electoral. La desaceleración económica mundial y española.

Así se llega a la presunta catástrofe económica provocada por los socialistas y en asociación con ella el fantasma de la inmigración. El PP fichó in extremis para ello a Manuel Pizarro. El zurriago del Gobierno en la batalla de Endesa podría, pensaba Rajoy, hacerlo bien.

Y así nació la que podría denominarse Rajoynomics o la filosofía de que Mariano Rajoy puede evitar la catástrofe …a través de la rebaja del impuesto sobre la renta. ¡Ronald Reagan redivivo!

Cuando se oye a Rajoy exponer sobre temas económicos el ciudadano saca la idea de que el Estado puede arreglar lo que se proponga en una economía como la española, de unos 1,12 billones de dólares. Por supuesto que se pueden y deben hacer cosas. Y esa es la primera asignatura del próximo Gobierno.

Pero la caricatura propia de casino de pueblo de la economía -la Rajoynomics-que pretende culpar de la presunta catástrofe al despiste de los que han estado cuatro años al timón de una de las economías que más han crecido en el mundo es una sucia y estúpida maniobra. Lástima que con Pizarro quemado, Rodrigo Rato tenga ahora que hacer de tripas corazón y poner el rostro.

Fue Ana Botella quien confesó en qué momento del 14 de marzo 2004 se dio cuenta de que el PP perdía las elecciones. “¿Pérdido, pérdido? Cuando salió el índice de participación en Cataluña”. Quizá, sólo quizás, el lleno de ayer en el Palau San Jordi, nos haya dado una pista para el próximo domingo.