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El récord más amargo de Arenas

El PP logra más votos que en cualquier otra elección en Andalucía, pero sigue demasiado lejos del PSOE

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Arenas pierde bien. Su deje cortés se acrecienta en la estética de la derrota. El domingo felicitó a Manuel Chaves, del PSOE, con una elegancia más allá de la típica solemnidad del perdedor. Parecía satisfecho. Y este lunes hizo una intachable llamada a la búsqueda de un “amplio consenso en torno a los grandes asuntos”.

Atrás queda la campaña, con las veladas acusaciones de Javier Arenas de nepotismo contra Chaves, sus ataques a la “credibilidad” del presidente, sin pruebas, por su declaración de bienes. La pregunta es si durará este perfil de opositor leal. O, más bien, si las condiciones han cambiado lo suficiente tras el 9-M como para que así sea. “Nosotros queríamos ganar, pero el resultado es bueno”, sintetiza el parlamentario Salvador Fuentes. En efecto, querían ganar, pero se conformaban con romper la mayoría absoluta. El fuerte avance propiciado por Arenas no logra ni una cosa ni la otra.

La primera realidad es abrumadora: segunda mayoría absoluta del PSOE consecutiva, tercera de Chaves, que llevará al PSOE a 30 años de gobierno seguidos, 22 con él al frente. La segunda es que el PP ha conseguido más votos que en cualquier otra cita electoral: 1,72 millones. Son más que los cosechados por Mariano Rajoy en Andalucía. Es la primera vez que ocurre algo así [ver gráfico]. Un récord sustentado en sus victorias en Almería y Málaga, donde ha comido terreno al PSOE, y en la estrepitosa caída de los andalucistas.

Arenas lleva a su partido de 37 a 47 parlamentarios y deja al PSOE sólo un escaño por encima de la mayoría absoluta. Sólo Aznar en 2000 cosechó mejores resultados porcentuales que Arenas ahora.

Reforzado en el PP

En definitiva, y según opinan fuentes del PP, Arenas sale reforzado a nivel interno tras las elecciones. La palabra dada lo aboca a mantenerse al frente de la oposición los próximos cuatro años, si bien es aún una incógnita si se presentará o no a las próximas elecciones, lo que lo expondría a una cuarta derrota frente a un candidato del PSOE tras la del domingo y las de 1994 y 1996.

Y, sin embargo, los resultados no son buenos. No es que el PP no logre amenazar seriamente la mayoría absoluta, es que ni siquiera debilita al electorado socialista como lo hizo el propio Arenas en 1994, cuando se quedó a cuatro diputados (45-41). La extinción del andalucismo es además un arma de doble filo. Engorda los resultados de los conservadores, pero los deja sin potenciales aliados, porque el escenario de la pinza parece irrepetible. Más posible sería, en todo caso, que PSOE e IU se aliaran en caso de una victoria del PP, algún día. Gobernar Andalucía sigue siendo, para el PP, un lejano punto en el horizonte.