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El rey dice que no personalizó su mensaje en Iñaki Urdangarin

Responsabiliza a los medios de haber interpretado que su discurso de Navidad era una crítica a la actuación de su yerno. Pide a los parlamentarios en las Cortes que contribuyan a "reforzar la confianza en las instituciones"

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No se le mentó expresamente el nombre de Iñaki Urdangarin, ni los indicios que cercan judicialmente a su yerno. Bastó que los periodistas preguntasen al rey en una charla informal en el Congreso si se sentía reconfortado con la acogida que recabó su discurso de Navidad. Sí,  “satisfecho”, contestó rápidamente. Le agradó “mucho” la reacción de los partidos, especificó, añadiendo un matiz relevante que recorta y cambia el alcance de su mensaje: “No hay que personalizar, como a veces hacéis la prensa. Pero bueno...”, dijo, en una suerte de marcha atrás sobre sus palabras visto el impacto causado en el inevitable contexto del caso Urdangarin.

De esta forma, el rey convirtió ayer martes en un enigma lo que el sábado parecía una evidencia. Si “no hay que personalizar”, ¿en quién pensaba cuando subrayó que “la Justicia es igual para todos”? ¿A quién se refería al señalar que los servidores públicos deben observar un “comportamiento ejemplar”? Juan Carlos de Borbón quiso alejar su discurso de la coyuntura judicial que atraviesa el duque de Palma, investigado por su gestión al frente del Instituto Nóos, una entidad teóricamente sin ánimo de lucro que acabó facturando 16 millones de euros, en buena parte, procedentes de fondos públicos. Desde la Zarzuela explicaron después que el jefe del Estado no pretendía esa focalización en el marido de Cristina, y que su referencia al deterioro de la confianza y la 'credibilidad' en 'algunas instituciones' era más genérica. 

El caso Urdangarin persiguió ayer al monarca hasta el Congreso, donde presidió la apertura de la X Legislatura, materializado en una imagen inédita: la ausencia de las infantas Elena y Cristina, que han asistido a esta ceremonia institucional desde 1979. La apertura de cada periodo legislativo recibe el tratamiento protocolario de solemne, precisamente, por contar con la presencia de la familia real, recortada ayer a la mitad.

No fue por eso una apertura más. Otros gestos revelaron diferencias. En cuanto los reyes y los príncipes aparecieron en la tribuna de presidencia del salón de plenos –con visibles dificultades del rey, a punto de perder el equilibrio– una amplia mayoría de diputados y senadores aplaudieron puestos en pie. Fueron dos minutos de reloj. Más que en ocasiones anteriores, se esforzaron en cronometrar algunos. Sólo los representantes de IU, ICV, PNV y Geroa Bai guardaron silencio frente a la ovación –“al estilo de la Asamblea Popular China”, según el ecosocialista Joan Coscubiela– del resto del hemiciclo. Rosa Díez, de UPyD, batía palmas con evidente desgana. Amaiur y ERC optaron por no acudir al Congreso.

El presidente de la Cámara Baja, el conservador Jesús Posada, recibió al rey con un discurso de oficio, ensalzando el papel de la Corona y llamando a los parlamentarios a “superar la sensación de distanciamiento que muchos ciudadanos sienten respecto a las instituciones políticas”.

“Afecta también a vuestras responsabilidades contribuir a reforzar la confianza en las instituciones”, correspondió el rey minutos después. “Su prestigio está en su correcto desempeño, pero también en la observancia precisa de las normas y los plazos que regulan su composición y funcionamiento”, añadió, antes de cerrar su intervención. La monarquía, precisamente, cotiza a la baja en el aprecio de los ciudadanos, según el último barómetro del CIS (4,89).

En la recepción que se celebró a continuación en un atestado Salón de Pasos Perdidos y ante los periodistas, el rey agradeció el aplauso del Congreso –'Es emocionante, pero hay que saber que eso le exige a uno'–, como lo hizo la reina.  El príncipe dijo estar “impresionado” por una ovación que, a su juicio, “dice mucho”, sobre el “respaldo” de la clase política a la Corona.

Fue Felipe de Borbón, precisamente, quien dejó claro que la Zarzuela sigue con inquietud el devenir del caso Urdangarin. Preguntado al efecto, el príncipe se remitió al discurso de Nochebuena –en el que “no hay que personalizar”, según el rey–. “Hay que seguir trabajando mucho, y en todos los sentidos”, agregó. Esquiva, aunque amable, Letizia no dijo media palabra. Se remitió a lo dicho por su marido y por el jefe del Estado. 

La sombra larga de Urdangarin, ausente ayer y presente en este acto en 2000 y 2004, recorrió los pasillos de la Cámara convertida en mil eufemismos. De ellos se sirvió el presidente del Congreso para interpretar el aplauso de diputados y senadores –los del PP, los más entusiastas– en forma de respaldo al rey “en los momentos que está pasando, más fáciles... o más difíciles”.

Al margen de la atención centrada en el monarca, el Congreso estrenó otra imagen nueva. Azul sobre azul, el Gobierno del PP ocupó los escaños de este color reservados al Ejecutivo en el hemiciclo. Mariano Rajoy se sentó el primer banco situado a la derecha de la presidencia de la Cámara –donde se acomodó en su día José María Aznar– sentando a su derecha a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y al resto de su Gabinete.

Mientras el PP se expande en la Cámara ganando espacio, el PSOE se contrajo ayer un poco más, al ocupar los exministros de José Luis Rodríguez Zapatero los butacones rojos que los devuelven a su condición de simples parlamentarios, una vez perdidas sus carteras.

-Discurso de Navidad del rey (24/12/2011)

-Discurso del monarca en la solemne apertura de la X Legislatura (27/12/2011)

ERC presentó ayer en Barcelona 100 preguntas parlamentarias sobre Urdangarin y el funcionamiento de la Corona, para acabar con la “opacidad” de la Casa Real y “cuestionar la transparencia y la responsabilidad democrática” de la institución. Su portavoz, Alfred Bosch, recalcó ayer que ERC optó por “quedarse en Catalunya, trabajando, en lugar de ir a rendir homenaje al rey español”.

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