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"Las subvenciones a los partidos se deben condicionar a su actividad"

La dirigente ecosocialista que acaba de ser reelegida como coportavoz de Equo Madrid cree que la única posibilidad para construir una alternativa a la derecha pasa por "una verdadera alianza social" entre los grupos de base de parti

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Es una de las personas más queridas dentro de Equo, la formación ecosocialista creada hace apenas un año y que lucha por sobrevivir sin representantes públicos ni créditos bancarios. El pasado fin de semana, el Congreso madrileño de la formación reafirmó su confianza en ella al nombrarla de nuevo coportavoz del partido ecologista junto a Ramón Linaza. Inés Sabanés (Cubells, Lleida, 1953) no se arrepiente de haber abandonado Izquierda Unida en junio de 2011 para embarcarse en un proyecto incierto que, reconoce, le ilusiona y le divierte. Por el momento, asegura que no está entre sus aspiraciones optar a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Su prioridad, dice, es tejer las 'redes' que permitan poner fin a la hegemonía de la derecha en la región.

Uno de los lemas del Congreso que Equo Madrid ha celebrado este fin de semana ha sido #reiniciaMadrid. ¿Qué han querido reclamar exactamente?

Un cambio radical y total en la política madrileña y en el modelo de desarrollo económico. Madrid está en un punto crucial en el que es más visible que en otro lugar la necesidad de un cambio. En el Congreso hemos profundizado de qué manera y cómo. 

Por tanto, ¿de qué manera y cómo?

Nosotros hablamos de redes de cambio. Si quieres que las cosas cambien no se puede hacer siempre lo mismo y, además, de la misma manera. Y Madrid tiene hoy la capacidad de establecer redes de entendimiento y de cambio en torno a múltiples causas. Porque mucha gente distinta comparte los deseos de transformación y de superación de la crisis política, económica y democrática. Así que no hay que teorizar a largo plazo porque ya se puede empezar a trabajar. Ahora mismo no se puede afrontar el cambio y confrontar la hegemonía que tienen las políticas de derechas en Madrid con planteamientos cortos, atropellados y cortoplacistas. Tenemos que empezar a construir cambios con redes, con cooperación y colaboración de mucha gente y colectivos que trabajamos en distintas causas pero que podemos sumar. Es un planteamiento ciudadano frente a un planteamiento táctico de partidos y de sumas de siglas.

¿Qué está detrás de la privatización de los servicios públicos en la Comunidad de Madrid?

Hay una profunda presión de bloques económicos con intereses privados para entrar tanto en la gestion de la sanidad como de la educación. El problema es que ese bloque económico, que es financiero, inmobiliario y energético, se une a un bloque político y a algunos bloques mediáticos que tienen mucha relación y fuerza. Son un grupo de intereses muy potente que no pueden eludir el debate de las consecuencias y los efectos que tienen sobre la ciudadanía. Porque la sanidad, la educación, la universidad o los servicios públicos los hemos construido entre todos y con el esfuerzo de todos.

Las movilizaciones y protestas se multiplican, pero las elecciones autonómicas y municipales no son hasta dentro de tres años. ¿Esperan que las administraciones madrileñas reaccionen y cambien ya sus políticas?

El cambio no se puede afrontar con un mero cálculo electoral. Se debe tejer una verdadera alianza social que pueda generar impulsos de cambio. Ahora hay muchas movilizaciones y debemos sumar todas esas causas para colaborar y cooperar. El objetivo de la política no son unos acuerdos electorales tácticos de siglas políticas. El futuro de los cambios está en la colaboración en redes y en poner en el centro de ese debate al ciudadano, a su participación y a su control.

¿Y eso qué significa?

Hablamos de primarias abiertas a la ciudadanía, de regeneración democrática hasta sus últimas consecuencias, de transparencia total y de apostar realmente por un cambio real. Si algo han enseñado los movimientos en la calle es que la ciudadanía ya no acepta la representación como un monopolio de los partidos políticos en la democracia representativa. Hay otros agentes políticos en la calle. Y si se quiere construir algo a futuro que pueda tener una perspectiva electoral, tiene que tener esas dos condiciones: estar en mestizaje con la ciudadanía y establecerse bajo condiciones de absoluta regeneración democrática y de cambio. Eso se puede hacer desde ya, porque desde ya se pueden sumar esfuerzos en las calles.

A raíz de lo ocurrido tras las dimisiones de Esperanza Aguirre y de Alberto Ruiz Gallardón al frente del Gobierno de la Comunidad y de la Alcaldía, respectivamente, ustedes han solicitado las dimisiones de sus sucesores, por entender que no habían sido elegidos por los ciudadanos. Pero lo cierto es que el PP logró una holgada mayoría absoluta en ambas instituciones.

Nuestras peticiones son más del concepto que tenemos de la democracia que del sentido estricto de la legalidad electoral, que por otro lado es injusta. Porque una cosa puede ser perfectamente legal pero profundamente injusta. Y si hay algo que es injusto, alejado de la ciudadanía y con nulo margen de libertad del ciudadano es el régimen electoral. El ciudadano tiene el paquete completo bloqueado y cerrado. O acepta eso o no tiene ningun margen de libertad para poder valorar. Pero eso no quiere decir que un partido en condiciones serias no debería tener en cuenta que ha presentado cabezas de lista que está modificando sin decir nada a una parte del electorado. 

Equo no tiene representación y tampoco tiene apenas recursos económicos. ¿Cómo piensan mantener viva la mecha que encendió su partido hace ahora un año?

Es complicado porque el modelo político e institucional está muy pensado para la permanencia y para la retroalimentación desde el propio sistema político institucional. Es cierto que la ley electoral es mala, pero se podían haber hecho cosas ya. Los partidos podían haber hecho primarias abiertas, o tener una transparencia total en sus webs, o hacer consultas a la ciudadanía y audiencias públicas. En todo caso, no se trata de que no tengamos representación. Cuando la tengamos tampoco vamos a entrar en la rueda del crédito y de la subvención por escaño. Las subvenciones tienen que ser absolutamente austeras y condicionadas a su actividad. 

Explíquese.

No puede ser que un partido político tenga un presupuesto en el que su propia participación, cuotas, esfuerzo y pequeñas donaciones constituyan tan sólo el 10%  y el resto sean recursos públicos. De cualquier manera, sea cual sea el dinero público que se obtenga debería estar condicionado. No se puede utilizar para retroalimentar la propia estructura de un partido eternamente. Tiene que haber audiencias públicas de manera que no se den cuentas únicamente al Parlamento, sino también a los ciudadanos que han votado.

¿Considera posible hacer de Madrid una ciudad verde?

Le queda mucho, pero lo más urgente es contener la deriva que hace de Madrid una ciudad y una comunidad profundamente insostenibles. Hay que plantearse la utilización del vehículo privado, pero también los consumos que realizamos globalmente. Hay una situación de paro muy preocupante y hay que cambiar de tercio. No se puede seguir esperando a los proyectos especulativos de construcción. Hay que caminar hacia una rehabilitación sostenible de viviendas para lograr ahorro energético, lo que daría también una opción de empleo a la vez que hace de Madrid una ciudad más sostenible. La ciudad necesita cambios estructurales y las claves están en la ecología política. Y esto no es ni un sacrificio ni una penalización. Es la única forma solvente de crear empleo.

Usted compagina su trabajo con la política. ¿Cree que todos los políticos deberían seguir ese mismo ejemplo?

No. Yo necesitaba tomar esa decisión y la tomé para hacer un cambio en mi vida. Pero no tiene por qué ser algo generalizado. Yo no lo he hecho así en otra época y he tratado de cumplir las obligaciones que representaba mi cargo público. Lo que hay que que hacer es convertir a los partidos y a los cargos públicos en absolutamente transparentes. La presidenta castellano manchega, María Dolores de Cospedal, [que ha retirado los sueldos de los diputados de Castilla-La Mancha] debería poner en conocimiento de todo el mundo sus influencias y sus salarios. Debemos redimensionar los distintos niveles de cargos públicos y de representación y sobre todo hay que controlar los asesores. Pero cargar a la representación de esa responsabilidad y acabar con sus sueldos, dicho en boca de Cospedal, es un ejercicio de cinismo de una enorme magnitud.

En la fase regional hacia la X Asamblea federal que celebró IU Madrid este fin de semana ha empezado a cobrar fuerza una corriente que aboga por cambiar IU. ¿Se sentiría ahora más a gusto dentro de la federación que de la que se marchó?

El momento de crecimiento que parece que tiene IU puede y debe ser aprovechado para lanzar esas señales de cambio. Sería bueno para la izquierda en general. Si triunfan todos esos movimientos transversales falcilitarían los entendimientos de todos. Ante la hegemonía de la derecha en Madrid hay exigencias de cambio en todos los partidos convencionales que se están desarrollando de manera transversal, y eso es bueno. 

Ya es líder de Equo Madrid. ¿El próximo paso es optar a la Presidencia de la Comunidad?

Nadie sabe la potencialidad que hay en un partido hasta que se da la oportunidad de que se exprese. Y en Equo hay un montón de gente joven y con una enorme potencialidad. La función que más me apetece a mí es la de relojero. Poner cada pieza en su sitio para que funcione.

¿Le gustaría o no?

No es mi aspiración en este momento. Me interesa mucho más construir un espacio para la ecología política vinculado a la regeneración democrática y al cambio.

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