El Estado exige a los españoles emigrantes que tributen por las pensiones que reciben del extranjero

El álbum de fotos de Javier Cid y desu mujer está cargado de recuerdos. Emigraron a Alemania a principiosde los 60 obligados por la pobreza en la que estaba sumida España. Hicieron las maletas sin tenercontrato de trabajo y sin apenas saber leer y escribir. Consiguieron un empleoen una fábrica de zapatos y por la tarde Javier también trabajaba como albañil. Pasaron mucho hambre y frío perolo peor fue separarse de su hija. No es el único caso. Amador también fue uno de los dosmillones de españoles que hace medio siglo salieron de España para mandardinero a sus familias. En Francia consiguió que lediesen trabajo en una mina. Su sueldo, 230 francos al mes, apenas le permitíapagarse una habitación que compartía con otros españoles. Volvió a Galicia en el año 74 ycon lo que pudo ahorrar en París, montó un taller de coches y dar trabajo amucha gente. Ahora el Estadole exige a él y al resto de los españoles que emigraron, que tributen por laspensiones que reciben del extranjero. Y además, con carácter retroactivo. El dinero que mandaron a susfamilias fue fundamental en el desarrollo económico de España. Y no entiendenque ahora su país les castigue por ello.