Este artículo se publicó hace 7 años.
El amianto reaviva la alarma sanitaria

Por El Quinze
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Está a nuestro alrededor, con frecuencia camuflado entre otros materiales, y puede que nunca le hayamos prestado demasiada atención. Al menos, la que merecería. El amianto ha sido muy utilizado en la construcción y también para fabricar una gran variedad de productos en España. Es probable que todos los edificios construidos entre las décadas de 1960 y 1990 lo contengan en cierta medida. Se hizo muy popular en la segunda mitad del siglo XX por ser un producto mineral de bajo coste y con múltiples propiedades: resistente, aislante e incombustible. Pese a sus efectos perjudiciales para la salud, derivados de la inhalación de las fibras que desprende cuando se deteriora, y que pueden llegar a derivar en un cáncer, su fabricación no se prohibió en España hasta el año 2000. Y su venta estuvo permitida hasta 2002.
Ahora, su hallazgo en trenes e instalaciones del metro, primero en Madrid y luego en Barcelona –ciudades donde es el transporte más utilizado–, ha reactivado las voces que urgen a desamiantar con procedimientos seguros. En el metro de la capital catalana se ha hallado amianto en al menos 42 trenes, y Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) reconoce que, por ahora, 22 trabajadores de mantenimiento sufren alteraciones pleurales. Otros dos están en estudio.
El temor a la exposición al amianto
Descubrir que se ha estado expuesto al amianto genera angustia por la incertidumbre ante las posibles consecuencias negativas que ello puede acarrear, que además pueden ser silentes: las enfermedades más graves, como padecer un mesotelioma –un cáncer específico–, pueden tardar hasta 40 años en manifestarse.
Uno de los trabajadores del metro de Barcelona afectado por el amianto, que prefiere mantener el anonimato tras las iniciales P. C., lleva trabajando en los talleres de la empresa desde el año 2003. Se le ha detectado un engrosamiento de la pleura, un signo de que se ha estado expuesto a este material nocivo. P. C. admite que siempre está "con la mosca tras la oreja", pendiente de cómo evoluciona su afectación. "Me han dicho que esto puede ir a más o, con suerte, puede quedarse ahí", explica.
"Durante años hemos trabajado ahí, taladrando y rascando, sin ninguna advertencia de que hubiera pintura bituminosa con amianto", relata P. C. "Al taladrar, todo ese polvo te lo tragabas. Este tipo de trabajo lo hemos estado haciendo todos, ignorando que manejábamos componentes malos", insiste. Para Jaume Cortés, abogado del Col·lectiu Ronda, que asesora a empleados afectados del metro de Barcelona, la cuestión principal es que "se ha ocultado la exposición al amianto a los trabajadores" y, por extensión, tampoco se ha informado a los usuarios. TMB afirma que la empresa es consciente de la presencia de amianto en sus instalaciones y vehículos desde hace más de 30 años, y que en 1987 entró en el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto, actuándose "según la normativa y de acuerdo con los conocimientos de cada momento". Cortés remarca que la compañía habrá cumplido con la Administración, pero no con los trabajadores. "La primera protección básica era informarles de que ese material era cancerígeno", asevera Cortés, y no se ha procedido así, pese a que, según avisa Toni Edo, delegado sindical de CGT, "mucha gente seguro que ha estado expuesta a niveles de amianto más que suficientes como para estar enferma". P. C., que ha pedido a TMB que lo cambie de puesto de trabajo, sigue esperando una respuesta de la empresa.
La compañía, que ha señalizado los elementos con amianto e impide tocarlos, adoptará nuevas medidas de prevención en función de si determina que empleados como P. C. sufren exposición indirecta. Por el momento, la empresa sigue realizando pruebas de salud con TAC y prevé finalizar en mayo un inventario de los lugares donde hay amianto. También hará un muestreo adicional en túneles y 26 estaciones, y calcula que en cuatro años habrá desamiantado todos los elementos donde se halle, o los habrá encapsulado –es decir, los habrá cubierto para evitar el esparcimiento de fibras.
La tensión habitual entre la empresa y los trabajadores ha escalado un nuevo peldaño por culpa del amianto. Prueba del divorcio es el caso de Rafael Rubio, trabajador que asegura que padece asbestosis, una patología pulmonar causada por la inhalación de fibras de este material, aunque la empresa lo niega. TMB se limita a admitir que Rubio está entre los 22 afectados que reconoce.
Falta tomar conciencia
El problema del amianto ya ha derivado en movilizaciones en el metro, primero con los paros durante el Mobile World Congress, hace poco más de un mes, y ahora con la convocatoria de otras dos jornadas de huelga de cuatro horas por turno: una para el lunes 8 de abril y otra para el 29. El comité de empresa ve esencial que la compañía reconozca a todos los trabajadores expuestos de forma directa e indirecta y advierte que esta cuestión podría convertirse en un problema de salud pública si la empresa admite que hay empleados de atención al cliente afectados, como aseguran los sindicatos.
Más allá del caso mediático del metro, el amianto acumula centenares de afectados anuales en toda España. El Col·lectiu Ronda recuerda que, según los cálculos del doctor Gonzalo López Abente, entre 2011 y 2015 se han producido cada año en España entre 950 y 1.900 casos de enfermedades causadas por el amianto, y los mesoteliomas han causado 257 defunciones anuales de media. Pese a ello, las entidades movilizadas consideran que todavía falta tomar conciencia del problema. "Hemos detectado que a la gente le falta mucha información", recalca Fernando Saavedra, portavoz de la Asociación de Víctimas Afectadas por el Amianto en Catalunya (AVAAC), que representa sobre todo a las de la fábrica de Honeywell del Prat de Llobregat. "El problema no se conoce bien. Se ha ocultado. Y hay muchos intereses y dinero detrás", sostiene, refiriéndose a eventuales indemnizaciones. Miguel Moreno, de Jubilados de Macosa Alstom, una compañía con mucho peso en el sector ferroviario y con trabajadores afectados, opina que sólo existe una salida: "O se quita el amianto o es un riesgo de futuro".
Las entidades exigen que se cumplan las resoluciones europeas que prevén la erradicación de este material en espacios públicos y de afluencia pública en el año 2028. La Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona ha enviado cartas al Ayuntamiento y a la Generalitat, y el grupo de Jubilados de Macosa Alstom encabezó una campaña hace unos meses con la que recogieron más de 10.000 firmas. Las entregaron a la alcaldesa, Ada Colau (BC), y al presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), pero no han podido hacérselas llegar al presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxC) –a pesar de haber solicitado la reunión con Carles Puigdemont todavía en la presidencia–. Torra, precisamente, ha tenido que desamiantar su despacho de presidente, donde se halló el producto durante unas obras de remodelación que han costado 118.000 euros, 31.000 de los cuales destinados a retirar el amianto. "A él ya lo tenemos convencido", ironiza Moreno. Aún siguen esperando la reunión.
PRESIÓN PARA DESAMIANTAR BADIA
Badia del Vallès se edificó a principios de los años setenta para acoger a los migrantes procedentes de otros puntos de España. "Es de los municipios del Estado con una cantidad de amianto per capita más elevada", sostiene el higienista industrial Lluís Mallart, que lidera un exhaustivo estudio financiado por los vecinos y el Ayuntamiento con el objetivo de "concienciar a las instituciones para que ayuden a desamiantar, lo antes posible", no una barriada, sino un municipio de unos 13.000 habitantes, donde los edificios se degradan a la vez. "Queremos que se desamiante todo Badia", reclama el presidente de la Asociación de Vecinos, Juan José Díaz. "Lo que queremos es que nuestros hijos tengan una vivienda digna", añade Mallart.
PREOCUPACIÓN EN LA ABACERIA
El mercado de la Abaceria Central de Gràcia, en Barcelona, se está rehabilitando, pero, según los vecinos, el inventario de elementos con amianto está incompleto. "Si está mal hecho, todos los trabajos están en entredicho", advierte un miembro de la plataforma de afectados. Reclaman evitar que las fibras que puedan desprenderse durante la retirada lleguen hasta los pisos, que están a sólo cinco o seis metros del mercado. "Queremos que se amplíen las medidas preventivas para sentirnos protegidos", insisten. El Ayuntamiento está a la espera de la actualización del plan de retirada, e indica que nada se puede sacar sin la aprobación de la Generalitat ni sin informar a los vecinos. "La seguridad es la prioridad", asegura el Consistorio.
EN RECUERDO DE LAS VÍCTIMAS DE URALITA
La zona cero del amianto se sitúa alrededor de la antigua fábrica de Uralita de Cerdanyola del Vallès, que cerró en 1997 tras 90 años de actividad. La semana pasada se colocó un monolito en recuerdo de las 353 vidas que, según un estudio, se ha cobrado el amianto en la comarca del Vallès Occidental. Se ubica en el cruce entre la carretera N-150 y la avenida Catalunya, entre Cerdanyola y Ripollet. "No queremos quedar como cómplices de otras generaciones que no hicieron nada·, afirma Fernando Saavedra, portavoz de la Asociación de Víctimas Afectadas por el Amianto en Catalunya (AVAAC). Aún hay ·mucho silencio" sobre este capítulo de la historia local. "La empresa nos ha dado la vida y nos la ha quitado", zanja.
UNA MONTAÑA QUE 'ESCUPE' RESTOS DE URALITA
Adentrarse cuesta arriba en el Turó de la Rovira de Barcelona puede resultar pesado, pero el aire fresco que se respira y las imponentes vistas sobre la ciudad compensan. Estuvo poblado por barracas hasta los Juegos Olímpicos de 1992. El entonces alcalde, Pasqual Maragall, se fotografió contribuyendo a poner fin a unas infraviviendas que, sin embargo, no han desaparecido del todo. Si uno se fija bien por donde pisa, puede ver que, donde había barracas, la montaña escupe restos de uralita y otros materiales con amianto, como ha constatado El Quinze de Público en una ruta con entidades y vecinos. Los hay incluso en la cima, donde estaban las baterías antiaéreas de la República, y cuyo mirador, desde hace unos años, se ha convertido en un reclamo turístico muy frecuentado.
Cuando era pequeño, César Robles vivía en una de esas barracas. Fue entre 1966 y 1971. "Todos los techos eran de uralita", rememora justo donde estaba la suya, en la subida desde la calle Francesc Alegre. Hay quien utilizó las placas de uralita que encontraba desperdigadas para hacerse su casa, como Pastora, que llegó en los años sesenta desde Galicia y todavía vive en la calle Gran Vista. "La tengo puesta en el tejado y en la entrada de la cocina. Lo hice yo misma", explica. Según Josep Ramon Carme, de la plataforma vecinal de Can Baró, hay que informar a los vecinos sobre los riesgos y a la comunidad médica de los centros de atención primaria cercanos para que haga un seguimiento.
Miguel Moreno, de Jubilados de Macosa Alstom, sostiene que la montaña está "enferma" y que hay que actuar. La primera denuncia, en 2017, fue a raíz de una de las excursiones mensuales de los jubilados. Subiendo desde Francesc Alegre hallaron trozos de uralita. Carme y Moreno cuentan que al principio el Ayuntamiento quitó hierro al asunto, pero ha acabado interviniendo. Fuentes municipales admiten que se han retirado cuatro toneladas de fibrocemento –sobre todo uralita troceada–, aunque las entidades elevan la cifra a cinco, y 42,7 toneladas de materiales que contienen fibras de amianto. Las entidades lo ven insuficiente. los vecinos discrepan sobre cómo proceder.
La plataforma Salvem els Tres Turons es partidaria de mantener la montaña lo más verde posible, pero la de Can Baró y Jubilados de Macosa Alstom opinan que antes hay que eliminar el amianto. Para alguien como Pedro Duarte, de 71 años y que trabajó en Macosa, ese es el camino. "Tengo una pequeña inflamación de la pleura", confiesa. Del grupo que sube por la montaña, es de los más activos a la hora de mostrar cada resto de uralita desperdigado. Si se pisa, hay riesgo de acelerar su degradación, facilitar que se desprendan fibras. Asegura que no tiene miedo, pero no oculta el malestar "por los compañeros que se van" por el amianto.
Censo y plan municipal de actuación
Jubilados de Macosa no quiere que nadie más pase por lo mismo que ellos. Una de sus mayores preocupaciones es que la retirada de amianto se haga con todas las garantías de seguridad. En la zona del Besòs i el Maresme, los vecinos se quejan de que, si no fuera porque están atentos, la retirada se haría de cualquier manera en recintos abandonados. El Ayuntamiento ha empezado un censo del amianto a partir de bases cartográficas antiguas, fotografías aéreas y la visualización desde la calle, según el comisionado de Ecología, Frederic Ximeno. La intención es acabarlo entre primavera y verano, para que en otoño se pueda presentar junto con un plan de desamiantado sistemático y trasladarlo a la Generalitat. "Es un problema que no es sólo de la ciudad, sino del conjunto del país", defiende Ximeno.