Este artículo se publicó hace 7 años.
Can Masdeu, ejemplo de otro modelo de okupación

Por El Quinze
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"¿Nosotros, los padres? No. Como mucho los primos". Jony García ríe y responde con humildad cuando se le pregunta si Can Masdeu es el referente de las okupaciones con proyecto comunitario en Barcelona. Se sacude con humor la responsabilidad y cita enseguida otros espacios con una trayectoria parecida en la capital catalana: Can Vies, en Sants; la Kasa de la Muntanya, en Gràcia; o la Casa Buenos Aires, en Vallvidrera, la más reciente de todas.
De lo que pocos dudan es de que Can Masdeu es una de las okupaciones más arraigadas en el territorio, y también de las más excepcionales: se encuentra casi en la misma urbe, pero en un entorno natural. En la sala social del inmueble, el cantar de los pájaros se entremezcla con el de un tractor que remueve la tierra en la entrada de esta finca de Collserola. Los integrantes del proyecto de Can Masdeu, 22 adultos –con una media de 40 años de edad– y seis niños nacidos en la casa, reparan el lugar, poco a poco y recurriendo a técnicas de autoconstrucción.
Jony, así prefiere que se le cite, estudió Pedagogía en el campus de Mundet y ha visto crecer la okupación desde prácticamente sus inicios. La estructura de la antigua masía de Can Masdeu –que también fue una leprosería– estuvo en desuso durante años. El movimiento autónomo, que en los años 90 ganó músculo en Barcelona, recuperó el inmueble a finales de 2001 y, desde entonces, se ha encargado de apuntalar el recinto. Las 35 hectáreas del terreno circundante se han ido modelando para responder a una doble función: ser una vivienda social y, a la vez, un equipamiento para el distrito de Nou Barris.
Tienen una sala habilitada como dormitorio, con camas de madera, para personas que desean quedarse un tiempo para conocer el proyecto. Pero las plazas en la casa son las que son, así que es preciso seguir reconstruyendo espacios para poder incorporar a más gente, a los que suman por consenso.
"Siempre ha habido buena sintonía con los vecinos del barrio", asegura Jony, mientras dirige la vista hacia las vastas plantaciones que motean este terreno dentro del Parc Natural de Collserola. A lo lejos despunta la torre Agbar, que recuerda que el lugar no deja de formar parte de la ciudad de Barcelona.
Un espacio comunitario
El sol pega fuerte esta mañana de junio. Es mediodía y ninguno de los habituales vecinos de Nou Barris –acuden, sobre todo, personas mayores– trabaja su parcela. A última hora de la tarde, ya es otro cantar. Es entonces cuando vienen a cuidar sus hortalizas. "Una de las claves, sin duda, han sido los huertos", dice Jony. Los miembros de Can Masdeu echan una mano a los usuarios de las parcelas. Son muchas, pero la lista de espera para acceder a ellas supera las posibilidades del terreno. Los jueves por la tarde, el huerto se abre a todo el mundo que quiera echar una mano y disfrutar después de una cena con los integrantes del proyecto, que organizan una comilona en las tripas de la okupación: el comedor.
El comedor es otro de los ejes de la vida en la casa. Allí se sirven los menús. Los residentes de Can Masdeu se dividen la preparación de las comidas por turnos; la mayoría compaginan sus labores en la casa con su vida laboral en la ciudad, y este sistema les permite tener un plato en la mesa a diario, teniéndose que responsabilizar solo de un par de comidas al mes. Adiós táperes. Todo lo que se come es de kilómetro cero: producen el 70% de los vegetales que consumen. También tienen un horno de leña donde elaboran su pan.
Los huertos comunitarios no son la única propuesta social de Can Masdeu: una vez al año organizan una gran fiesta y los domingos proponen talleres y actividades de temáticas diversas, como la formación agroecológica, pasando por la actividad estrella: las clases de yoga en la sala polivalente. También ceden el espacio a iniciativas de movimientos sociales. Los residentes se involucran en las actividades. Y organizados en comisiones aportan a la okupación tiempo y energía. Una vez a la semana realizan las tareas básicas de mantenimiento e higiene del lugar. Todo se dinamiza a través del proyecto Punt d’Interacció de Collserola, el PIC.
Aunque Jony formaba parte del movimiento estudiantil, jamás había okupado antes de llegar a Can Masdeu. Se incorporó el mes de abril del año 2002, poco después del intento de desalojo que dejó una de las imágenes más icónicas del movimiento por el derecho a la vivienda y la resistencia en Barcelona: un puñado de miembros de Can Masdeu colgados de la fachada para preservar la okupación. Una vistosa acción que surtió efecto: hoy Can Masdeu sigue bien viva.
"Vivimos en la alegalidad. Aunque nosotros manejamos el concepto de legitimidad construida: hemos demostrado que somos importantes para el barrio", mantiene Jony. El intento de desalojo de 2001 dio paso a un periodo de calma que, en cualquier momento, podría tornarse marejada. Algo que, de momento, nadie desea. La titularidad de Can Masdeu es de la Fundació Hospital de Sant Pau, y la gestión depende de la Molt Il·lustre Administració (MIA), integrada –a partes iguales– por el Arzobispado, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. Los dos entes públicos ven con buenos ojos la labor de Can Masdeu. La tarea de preservación que supone para el valle que la acoge ha sido alabada por la Administración en varias ocasiones.
Este efecto comunitario y medioambiental que ejerce la casa en la Vall –una de las puertas de Collserola– interesa especialmente al Consistorio, que defiende sin cortapisas su “intención de dar continuidad” al proyecto, siempre "respetando los tiempos de su asamblea". Lo explica Carlos Izquierdo, consejero técnico del distrito de Nou Barris. Por supuesto, los habitantes quieren también que el proyecto tenga continuidad, si bien no han iniciado todavía el debate interno sobre la titularidad del inmueble. Izquierdo reconoce que, a pesar de la voluntad de la institución local de preservar el proyecto, Consistorio y okupación no han definido aún una hoja de ruta.
Carlos Izquierdo entiende Can Masdeu como un "equipamiento más del barrio", un espacio que ha dejado en desuso “el debate de si okupación se escribe con k o con c". Y añade: "Can Masdeu fue un nuevo modelo de okupación, el de revisión territorial, de recuperación". Jõao França, autor del libro Habitar la trinxera (Octaedro, 2018), resume la evolución de los primeros años del movimiento: "Al principio, se hacía llamar Col·lectiu Squat de Barcelona, que venía del inglés (squatter, aquella persona que se instala en un lugar deshabitado, sin tener derecho a ello según la ley). La prensa en la época los llamó los ocupa-pisos. El uso de la k tiene que ver con la vinculación al movimiento punk, y se utiliza en los casos que tienen este vínculo identitario, articulado durante algunos años a través de la Asamblea de Okupas de Barcelona". "Can Masdeu se ocupa en este marco de movimiento okupa, pero también es verdad que entran en unas lógicas más abiertas y con identidades algo diferentes de la tradicional okupa", reconoce França.
Can Masdeu entiende que el futuro pasa no sólo por proteger el edificio y su entorno más inmediato, sino todo el espacio natural que lo rodea. Por este motivo ya han pedido que el antiguo Hospital de Sant Llàtzer, ubicado a escasos metros de la masía, tenga también un uso social. En 2016 se fundó la plataforma Ressuscitem Sant Llàtzer?, que elabora un plan para que el antiguo hospital se convierta en un centro de promoción de la agroecología urbana. El proyecto, que podría tener salida con el consentimiento de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, se encuentra actualmente paralizado.
UN CASO SIMILAR: CASA BUENOS AIRES
Can Masdeu no es un caso aislado en Barcelona. En Vallvidrera, por ejemplo, una veintena de jóvenes viven desde hace tres meses en Casa Buenos Aires. La emergencia habitacional y la recuperación patrimonial son los argumentos que esgrimieron para la okupación. "Casa Buenos Aires es un espacio social y de vivienda que busca la recuperación de este edificio histórico del pueblo ante la falta de equipamientos para las vecinas y la amenaza de construcción de un hotel de lujo", destacan los habitantes, que abren las puertas al barrio con todo tipo de actividades, siguiendo la estela de Can Masdeu. El debate sobre el uso de este vistoso inmueble, con más de 130 años de vida, viene de lejos, y varios vecinos, que ahora apoyan la okupación, ya intentaron comprarlo hace años. Está por ver si el proyecto logrará perpetuarse como su homólogo de Nou Barris.