Este artículo se publicó hace 7 años.
Crecen las cooperativas de consumo

Por El Quinze
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Los productos ecológicos son cada vez más accesibles para la población. Hace solo diez años, comprar frutas o verduras que no hubieran pasado por algún proceso químico no era tarea fácil. Ahora, sin embargo, la voluntad de consumir productos sanos, de producción ecológica y a través de un trato directo con el payés, sumada a la influencia de movimientos políticos como el del 15M o de crisis alimentarias como la de las vacas locas, ha tenido como consecuencia un aumento considerable de los grupos de consumo agroecológico en el área metropolitana de Barcelona.
Solo en la capital catalana las cooperativas de este tipo han pasado de las 36 del año 2009 a las 57 que existen en la actualidad. Un incremento del 58,3% que se traduce en unas 4.500 personas que consumen productos ecológicos en Barcelona de forma habitual. Así lo constata un estudio sobre la transformación de las cooperativas de consumo agroecológico fruto del impacto de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), elaborado por Ricard Espelt, miembro del grupo de investigación Dimmons, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
“Las cooperativas favorecen la creación de una red de productores locales y despiertan el interés por el consumo de productos de proximidad con relación directa con las personas que los producen”, afirma Ricard Espelt. En Barcelona, algunos barrios ya cuentan con una larga tradición de cooperativas de consumo agroecológico. "De hecho, son barrios en los que el movimiento cooperativista ya era muy fuerte en la segunda década del siglo XIX, como Sants, Gràcia y el Poblenou", detalla el investigador.
Cestas para todos los gustos
Según el estudio, cada una de estas cooperativas da servicio a unas 25 unidades familiares, habiendo en la capital catalana un total de 1.420 familias que adquieren productos mediante este modelo de forma habitual, sobre todo frutas y verduras. El funcionamiento es sencillo y existen dos posibilidades para pedidos. Por un lado, la cesta abierta, que es cuando la unidad familiar puede escoger entre una lista de varios productos. Y, por otro, la cesta cerrada, cuando se provee de aquello que el productor puede ofrecer en ese momento. Este último caso es el que predomina, sobre todo cuando se ofrecen productos frescos, como las frutas y las verduras.
Esta tradición no se limita a Barcelona. La cooperativa de consumo El Garrofer nació hace 12 años en Badalona con la idea de "compartir esfuerzos para poder tener acceso a un consumo ecológico y justo y consumir con criterios de proximidad, precio, conocimiento y apoyo al pequeño proyecto", afirma Anna Riera, su fundadora. Actualmente tienen entre 15 y 20 familias usuarias, que se encuentran semanalmente en un local del barrio del Gorg, en el que se recogen los pedidos. "En estos 10 años hemos pasado de ser una anécdota curiosa de consumidores extraños a poder vivir cada vez más en un consumo más consciente a nivel social", se congratula Riera, quien, sin embargo, también tiene de qué lamentarse: "En Badalona no crecemos, nos mantenemos gracias a los consumidores de otros lugares que vienen a vivir a la ciudad", reconoce.
El Garrofer no ofrece solo productos agroecológicos: también de higiene doméstica, como detergente, jabón o champú, pero siguiendo siempre los mismos criterios. "Intentamos que este consumo consciente minimice los residuos y los intercambios injustos, y también que favorezca los productos catalanes y de proximidad", explica Riera. "En el local tenemos los pedidos que cada unidad familiar gestiona. Hacemos turnos para repartir la verdura ecológica, que llega cada miércoles de Sant Jeroni –donde se encuentra el huerto, gestionado por un grupo de agricultores–, y todos disponen de una llave para organizar las recogidas en función de su horario", añade la fundadora del espacio. Este es, en realidad, el modus operandi de la mayoría de cooperativas de este tipo. Un consumo familiar y muy cercano.
Sin embargo, el uso de las nuevas tecnologías para el consumo está creciendo. "Las estadísticas muestran que cada vez hay más personas que consumen a través de las plataformas digitales", afirma Espelt, que añade que “las cooperativas de consumo también están dando respuesta en este aspecto".
Implementar la digitalización
Habitualmente, las personas que forman parte de una cooperativa formalizan su pedido a través de una plataforma digital. Dependiendo de la metodología de cada grupo, el pedido se procesa de manera automática o hay una persona o comisión responsable de hacerlo llegar a los consumidores. Algunos grupos hacen los pedidos directamente a través de la web del productor –es el caso de La Sardineta, en la Barceloneta–. En otros casos, el pedido se produce por defecto y, si la unidad familiar asociada no lo quiere, tiene que avisar antes –así funciona la Cooperativa L’Ateneu Layret, de Sant Antoni.
Los grupos de consumo pueden gestionarse de manera muy diversa. Incluso hay asociaciones que han sido creadas para abastecer a las propias cooperativas de consumo. Es el caso de Roger y Gilad, que en el año 2010 crearon Aurora del Camp, en el Masnou. Formaban parte del grupo de consumo Aixada, que ahora son clientes suyos. Aurora del Camp sirve a 200 familias y el 80% de ellas están organizadas en grupos de consumo. Por ejemplo, el grupo del AMPA de la escuela Artur Martorell, en Badalona. Cada familia hace su pedido a través de la web, y después Roger y Gilad les sirven los productos, "entregando una hoja de reparto que ellos mismos se distribuyen", explican los creadores de Aurora del Camp. "La gran ventaja es que servimos un producto fresco, local y ecológico", añaden.
Susana y Núria forman parte del AMPA de la escuela Artur Martorell y hace tres años que consumen estas frutas y verduras. "Hay mucha diferencia en el sabor, se trata de productos muy sabrosos que, al fin y al cabo, no tienen demasiada diferencia de precio con lo que encontramos en el supermercado", asegura Susana. Los padres y madres se encargan de repartir todos los jueves los pedidos de cada familia, una tarea que se reparten durante el curso. "Además de bueno, es muy cómodo, porque vas a buscar a tu hijo con el carro de la compra y te llevas la fruta y la verdura a casa, después de haberlo pedido por Internet", explica Núria.
El investigador Ricard Espelt explica que algunas organizaciones han generado programas de código libre que utilizan para su gestión. Otras lo comparten con otras cooperativas y, finalmente, "existe Katuma, una plataforma digital basada en los principios del cooperativismo y el consumo digitales", apunta el investigador. Katuma empezó a tener los primeros usuarios en 2017 y, un año más tarde, se constituyó como cooperativa de servicios, con cinco socias fundadoras.
"La plataforma se ofrece como servicio online: solo necesitas un navegador y registrar el perfil de una organización", explica Anna Angli, de Katuma. "Tanto productores como organizaciones de consumo se registran en la plataforma y se dan permisos mutuos para operar a través de la aplicación", añade. En la actualidad, alrededor de 300 personas usan la plataforma digital y hay 11 organizaciones colaboradoras. "Es uno de los grandes retos del cooperativismo agroecológico: adaptarse a los nuevos modelos de consumo, y las tecnologías también son una oportunidad", mantiene Espelt.
MÁS ASOCIACIONES QUE COOPERATIVAS
La mayoría de los grupos de consumo están constituidos como asociaciones sin ánimo de lucro –el 70% en Barcelona, según el análisis de la UOC–. Las creadas como forma jurídica de cooperativas suman el 14%, y los grupos sin entidad jurídica son el 16% restante. Una cifra que coincide con la poca representatividad que las cooperativas de consumo agroecológico tienen en la Federación de Cooperativas de Consumidores y Usuarios de Catalunya: en la actualidad solo hay ocho de este tipo entre las 86 cooperativas catalanas federadas. "Pero las que están en la federación llevan muchos años", apunta Maria Antònia Esteban, directora de la entidad. Y pone como ejemplo El Germinal, una de las primeras cooperativas de consumo agroecológico de Barcelona, nacida en 1993. "Hace 12 años era inexistente la voluntad de formarse como cooperativa", dice Esteban, que vaticina que "la necesidad de plataformas conjuntas y de compartir logística hará que sigan aumentando y puedan articularse de una manera más potente".