Este artículo se publicó hace 7 años.
Cultivar un huerto para hacer vecindad

Por El Quinze
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La primera visión que tienen algunos turistas que visitan la Sagrada Família les descoloca. "Les han explicado que Barcelona es una ciudad tan civilizada..., ¡y llegan y se encuentran con unas tomateras!", relata Pau Hernández, que reside muy cerca de donde aparcan los autocares repletos de visitantes que acuden a la basílica. "Les resulta gracioso", comenta ante el huerto urbano de la calle Padilla. El cemento y el asfalto terminaron en su día con casi todos los campos que se extendían por el llano de la capital catalana, pero el interés por cultivar hortalizas ha revivido de nuevo en los últimos años.
"Esto es una isla dentro de Barcelona", sostiene Hernández, que considera que este huerto del barrio de la Sagrada Família –de gestión municipal y dividido en parcelas que cultivan mayores de 65 años– tiene funciones que van mucho más allá de sorprender a los turistas. "Hay niños que no han visto una tomatera en su vida", advierte. De vez en cuando ve como los alumnos de las escuelas de la ciudad descubren un mundo que aún les es ajeno. El Ayuntamiento calcula que hay 464 huertos urbanos. El grueso (355) son escolares, mientras que entre el resto figuran los 15 de la red municipal y 85 comunitarios. De estos, 72 fueron impulsados por la ciudadanía, algunos en parcelas ocupadas y a veces bajo la amenaza de un desalojo. Deberían añadirse también los que tienen los vecinos en casa, en ocasiones en una escueta jardinera, porque el espacio no da para más.
Las habas también dan clase
Los beneficios son múltiples, no se limitan al de tener una ciudad más verde. En la escuela Montseny, ubicada entre los barrios del Coll y Vallcarca, trabajan el huerto desde P3 hasta sexto de Primaria. Cada grupo tiene su parcela en el cercano bosque de Turull, donde desde hace seis cursos acuden semanalmente. Asumen tareas en función de la edad. La jefa de estudios, Mercè Barnés, relata que fomentan "el aprendizaje entre iguales": los de cuarto enseñan a los de P3 a sembrar y cultivar la tierra. También aprovechan para tratar de otros contenidos curriculares, como la ciencia y las matemáticas.
Los alumnos miden la parcela del huerto y trabajan en una cuadrícula, porque, para poner un ejemplo, la semilla del haba hay que plantarla cada 20 centímetros, y luego ven todo el proceso de crecimiento hasta la cosecha. "Es una parte vivencial que con un libro de texto no se aprende", recuerda Barnés, que también lo entiende como una mejora en la salud y el bienestar. "Tiene mucho que ver con devolver al niño a aquel entorno más natural y sacarlo del enclaustramiento del aula y de los pisos de la urbe", afirma.
Las hortalizas son de temporada, con lo que, por mucho que las tiendas estén repletas de tomates, ahora, en el huerto, no se ve ninguno. Es tiempo de guisantes, acelgas y habas, como muestran Javi, Sergio, Raquel y Manel. Forman parte de un grupo de adultos con diversidad funcional intelectual que cultivan en la azotea del Institut Municipal de Persones amb Discapacitat (IMPD), en el distrito del Eixample. El huerto es hidropónico –el sustrato es perlita dispuesta en sacos y la planta se alimenta de nutrientes mezclados con el agua– y tampoco son usuales las atenciones que recibe: los cuidadores lo mantienen como si de una delicada flor se tratara, retiran todas las hojas feas y comprueban que el riego gota a gota no esté obstruido. "Trabajamos en equipo", insiste Sergio, mientras que Raquel probó un día y quiso repetir. "Veo que es interesante", apunta.
Es una de las actividades voluntarias que ofrecen en el centro ocupacional Taller Escuela Sant Camil, que dirige Sergi Gil. "Las personas con discapacidad están acostumbradas a ser ellas las que reciben de la sociedad. Con este taller, hemos logrado darle la vuelta; que sea terapéutico para ellos, pero que el producto se reinvierta en la sociedad", defiende Gil, porque la cosecha se destina a comedores sociales. Las tareas de cultivo de esta azotea se reparten también entre los usuarios del taller Ariadna y el de Sant Jordi. En Barcelona hay tres azoteas más de horticultores con diversidad funcional intelectual, pero solo uno tiene ascensor.
Tener un huerto urbano en la terraza es la aspiración de Samuel Barton. Está convencido de que "hay demasiado hormigón y no suficiente verde", y quiere tener plantas aromáticas. Lo cuenta en El Temps és Hort, una tienda de Gràcia donde confeccionan jardineras a demanda. Su propietario, Juli de la Cámara, acredita que los cultivos "están en auge y deberían estarlo mucho más" por su efecto pedagógico y terapéutico. "Si le damos verde a la ciudad, aparte de que queda más bonito, se reduce la contaminación", sostiene, y no lo ve algo baladí. "El cambio climático se ha visto durante este año: no ha hecho frío", añade.
Conectar con la tierra... y con el vecino
Al principio tenía clientes mayores de 50 años, pero con el tiempo han aumentado los de menos de 40, como Barton. "Ha habido gente que se ha cansado y que ha puesto un geranio", admite De la Cámara, pero a veces vuelven a las verduras. "Fluctúa en función de la estación del año", detalla, y es que en verano a todo el mundo le gusta salir a la terraza y recoger tomates y berenjenas.
En L’Horta Alliberada de Sants, que está en un terreno ocupado de la calle Càceres, destaca especialmente la dimensión comunitaria de este tipo de espacios. Es un punto de encuentro para ancianos que viven solos, familias, jóvenes y niños que juegan. Acuden estudiantes de geografía o de sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) para conocer el proyecto; los dinamizadores de calle acompañados de jóvenes a quienes no les van muy bien las cosas, y escolares del colegio Cal Maiol, que aprenden en qué consiste cultivar un huerto.
En otro solar ocupado, el Àgora Juan Andrés del Raval, también tienen su propio huerto. Mercedes Orozco explica que no es su medio de vida, pero que les sirve como abastecimiento para las actividades que organizan, y ahora quieren ampliarlo. Todo el trabajo que llevan a cabo es desinteresado. Orozco opina que "la gente tiene mucho miedo a mancharse las manos", pero considera que cultivar "permite estar más en la tierra" en lugar de tener la cabeza en cualquier otra parte. "Me encantaría que vinieran a ayudar más personas, a romper la dinámica de paredes de cemento y ya está", resalta Orozco, que también está planeando impulsar un huerto vertical.
Entre Ayuntamiento y entidades han elaborado la Estrategia de Agricultura Urbana 2019-2030. El comisionado municipal de Ecología, Frederic Ximeno, explica que busca incrementar la superficie cultivada y, a poder ser, en ecológico. Según Ximeno, es un cambio de actitud del Consistorio, ya que los huertos urbanos sobre todo "han sido conquistas comunitarias y sociales": el primero fue L’Hort de l’Avi, al lado de la escuela Montseny, que nació en 1986 a iniciativa vecinal, y hasta 1994 no pasó a estar gestionado por el Consistorio. "Es una actividad interesante para la ciudad y debemos apoyarla", defiende. Por ahora se prevén una quincena de nuevos huertos, entre ellos en los jardines de Pla i Armengol, el entorno de Can Soler, el parque Canòpia de Glòries y la plaza Dolors Piera. Otra de las apuestas es trabajar en red y potenciar los huertos privados.
CAN CADENA SIGUE SIN SU HUERTO
Uno de los huertos urbanos más emblemáticos de Barcelona es Can Cadena, en Sant Martí de Provençals, donde incluso hay una granja con animales para las visitas escolares. No obstante, el Ayuntamiento lo mantiene clausurado desde junio de 2018 por contaminación. También se han visto afectados el parque infantil y el área de perros adyacentes. Se detectó acumulación de plomo por encima de los límites de referencia establecidos por la Comisión Europea en ajos, lechugas y acelgas. Pese a que se determinó, según el Consistorio, que no son concentraciones que pongan en riesgo la salud, se propuso sustituir la tierra hasta 50 centímetros de profundidad como mínimo. En su momento se estimó que al cabo de un año las hortalizas volverían a Can Cadena. El año se cumple en junio, pero todavía no hay fecha de reapertura.