Una fuente de riqueza comprometida con el medio ambiente

Por El Quinze
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En muchas ciudades se contempla con admiración el liderazgo de Barcelona como primer puerto de cruceros. Son muchas las razones que nos han traído hasta aquí. Quizá hoy conviene detenerse a recordarlas. Los nuevos retos que plantea el indudable éxito de nuestra ciudad –movilidad, infraestructuras, desestacionalización, gestión del modelo hotelero/vacacional, etc.– han sido aprovechados por sectores muy radicales para poner en duda una fuente de riqueza económica y cultural como es el turismo, especialmente el de cruceros, atribuyéndole una falsa responsabilidad en la contaminación y una actitud casi vandálica, calificándole desde un cargo del Ayuntamiento de "plaga de la langosta", lo que da idea del desproporcionado e injusto ataque al que se le somete.
Concordaremos que lo que define la bondad del turista no es el medio de transporte que utiliza para llegar, sino cómo se comporta cuando está entre nosotros: el respeto con el que vive el destino o la huella económica y medioambiental que deja. Según estos criterios, el crucerista es un turista de alta calidad, tranquilo, respetuoso con el entorno, que apenas consume recursos ya que gestiona sus propios residuos a bordo y que supone interesantes beneficios económicos.
Según el estudio de Impacto Económico de la Actividad de Cruceros de la Universitat de Barcelona del año 2016, los cruceristas representan el 8% de los visitantes, pero generan el 20% del total del gasto turístico en la ciudad. Cada crucerista dejó una facturación de 518 euros. Más aún, su contribución económica generó miles de puestos de trabajo.
En lo referente a la protección medioambiental, los estudios más rigurosos, a cargo de Barcelona Regional, subrayan el problema que nuestra ciudad tiene con dos sustancias: los óxidos de nitrógeno y las partículas en suspensión. Las cifras revelan que la contribución de la actividad de los cruceros a la contaminación del aire es pequeña, pero, a pesar de ello, el sector no se da por satisfecho. Los 280 cruceros en operación representan menos del 1% de la flota mundial y apenas el 8,5% de los buques que atracan en el Port, pero son, con mucha diferencia, los más modernos y ecológicos que navegan en la actualidad.
El sector lleva años invirtiendo en barcos propulsados por gas natural licuado (GNL) –el 35% de los barcos en construcción–, sistemas de lavados de gases de escape –el 60% de los operativos y el 50% de la cartera– o la conexión eléctrica a tierra para apagar los motores en el puerto. Esto ha abierto nuevos caminos para hacer más sostenible el transporte marítimo. El sector trabaja duro en la lucha contra el cambio climático, habiéndonos comprometido recientemente a reducir el índice de emisiones de carbono en un 40% para el año 2030.
Este liderazgo del sector no es solamente un motivo de orgullo, sino que supone una gran fuente de riqueza económica. Somos una industria que ama la ciudad de Barcelona y que está comprometida con la sostenibilidad medioambiental, social y económica, y siempre abierta al dialogo.
*CLIA es la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros.